Francotirador

 

Apasionante, polémica y compleja es “Francotirador”, de Clint Eastwood.

El final de la cinta muestra fotos y grabaciones del sepelio de Chris Kyle, referente de la historia narrada. Las vemos mientras se suceden los créditos de cola y aportan una significación central  a la película. La celebración del patriotismo por ciudadanos conmovidos al paso del cortejo, da cuenta de un acto solemne. Se entierra a un héroe al que los estadounidenses deben gratitud.

En otras palabras, se imprime una leyenda.

Pero en las dos horas previas de proyección vemos el retrato de un hombre modelado por su medio y circunstancias. Es un texano agresivo, elemental, macizo, que tiene como dogma personal la fe en la Nación y en ese Destino Manifiesto que proclamaron los personajes que fundaron y condujeron el país. Este ciudadano de la América profunda ve el mundo y sus conflictos a través de una pantalla de televisión, mediadora de su relación con la realidad.

Y esa pantalla es la que impulsa el inicio de la tragedia. Una tragedia americana.

Antes de ver impresa la leyenda, asistimos a la escueta exposición de los “hechos”. El texano que se convierte en Navy Seal; francotirador de élite; protector de su manada en Irak; guerrero por convicción que sataniza a los enemigos en el teatro de operaciones; defensor de sus ideales patrióticos; homicida serial; héroe de guerra.

Pero vemos también a ese mismo hombre descomponiéndose; desconcertado ante la caída de sus compañeros más cercanos; encarando la sinrazón; comprometiendo su salud y vida familiar a causa de su apego a la guerra; enfrentando la lucidez y depresión del hermano pequeño –la oveja frágil que siempre protegió-, de regreso del horror del combate; conociendo el descontrol en pleno campo de batalla; sufriendo la confusión de los espacios y la incertidumbre en la ubicación de los “targets” luego de haberse especializado en el certero tiro a distancia; enfrentando a Mustafá, un “alter ego” perverso, el francotirador sirio, campeón olímpico que ha traicionado el espíritu deportivo, sombra o silueta vista desde la distancia, encarnación de ese imperio de mal que proclamó Bush; ese mal que su nación quiere extirpar de Irak.

En la obra de Eastwood, “Francotirador” cumple el papel que “Un tiro en la noche” tiene en la obra de Ford. La que se pregunta por lo que hay detrás de la leyenda impresa. Detrás del hombre que “mató” a Liberty Balance, y del interior de Chris Kyle.

Es un asunto que ya trataba “La conquista del honor”, pero que tiene más contundencia aquí.

La película sigue un itinerario trágico. Y lo hace ajustándose a un esquema narrativo canónico. El protagonista se enfrenta a la perturbación de un “orden” –el atentado contra la embajada de los Estados Unidos en Nigeria y el derribo de las Torres Gemelas- que su formación cultural e ideológica le hace concebir como “natural”. Como reacción, él mismo quiebra una norma de humanidad al disparar contra el niño y la mujer. Hecho de guerra, justificado por las reglas del combate, pero también producto de un odio institucional o un orgullo personal. Es el momento en que el hombre empieza a cotejarse con los dioses. No los del Olimpo, pero sí los de la celebridad y la leyenda, estimulantes contemporáneos.

Y cuanto más “legendaria” es la trayectoria de Kyle, más se desmorona el hombre  y más confusa es su visión.

El transparente y gran ojo azul de Bradley Cooper, aumentado por el lente del mirador del arma, enfrentando a la ceniza realidad de un Irak en ruinas, pero infalible en la acción, pierde progresivamente la nitidez de su visión, para acabar envuelto en la opacidad total de una tormenta de arena.

La historia de la mirada de Kyle es el centro de la puesta en escena de la película.

Con el deterioro del personaje, se descomponen también los espacios fílmicos.

De la nítida disposición de los espacios de las secuencias iniciales en Irak, gracias a los encuadres de altura y del dominio casi panóptico del teatro de operaciones, se pasa a la confusión de la intervención a pie durante el encuentro con los “colaboradores” iraquíes. La visión acotada por el visor del arma –que corresponde al ojo de Kyle- es reemplazado por una cámara dinámica que se aleja del encuadre subjetivo sin abandonar el punto de vista del protagonista.  Cada misión del guerrero en Irak es un tramo de su peripecia trágica y, por eso, el desorden y la confusión se instalan de modo progresivo. Hasta que llega la ceguera total, el tiroteo, la pérdida de referentes físicos, el caos de la guerra, la derrota moral, el reconocimiento de la falta íntima, la tormenta de arena. El empañado ojo azul de Bradley Cooper.

Pero lo que resulta más fascinante son las contradicciones que recorren la película. Eastwood es un cineasta de verdad y no un predicador. Su mirada antibélica no está formulada en proclamas, alegorías ni discursos. No es Lewis Milestone ni Peter Collinson. Tampoco es un halcón que celebra una intervención. No es Ray Kellog ni el director John Wayne. Eastwood es un conservador que cree en la defensa de los valores patrióticos, pero que no está dispuesto a entonarles cánticos ni loas.  

Por eso, toma a un héroe nacional y lo desmonta. Elige a un actor que encarna un tipo físico particular y que lleva consigo la mitología del gringo juerguero y hasta despreocupado. Y lo emplea a la manera de los clásicos. Le lima los bordes; le exige contención; le altera el peso y la apariencia física; apela a su presencia contundente;  lo aleja del juego histérico o exhibicionista.  

Y lo integra a su galería de personajes preferidos: aquellos que, al decir de Michael Henry, padecen de “atrofia emocional”, desde “El jinete pálido” hasta J. Edgar Hoover, pasando, claro, por Bird. Lo que se hace aún más nítido en el personaje de Kyle que suele mostrarse ensimismado, que responde con frases cortas y poco inspiradas y tiene reacciones pasionales antes que racionales. Que rehúye de las explicaciones o lamentos, porque nunca matiza. Su mundo es el maniqueo que pregona Fox News.

Kyle es producto de un medio rígido y de una formación rigorista y tradicional. Es el “héroe” modelado por la cultura de las armas de fuego. Esa que recibió de su padre y transmite a su hijo. La de Alan Ladd entrenando a Brandon De Wilde en la autodefensa. O la que grafica la historia de aprendizaje de “The Tin Star”, de Anthony Mann. 

 Pero a diferencia de “Shane, el desconocido” aquí  no hay lirismo ni la memoria de un paraíso perdido o amenazado. Para Eastwood la guerra tal vez sea inevitable, pero siempre es sucia. Es cruel y espectacular a la vez. A un cineasta como él, le causa repugnancia y fascinación al mismo tiempo.

Y termina impregnando o envileciendo a todos, por más idealistas o patrióticas que sean las intenciones del guerrero. Hasta a los veteranos de guerra, perturbados para siempre, como el asesino de Kyle. 

El hombre que mató a 160 iraquíes solo cumple con el destino trágico que forma parte de una cultura: la de las armas, que se gestó en tiempos de William Munny, el protagonista de “Los imperdonables”, ese relato fundacional que se torna, de modo paradójico, crepuscular.  

Tampoco hay actos de coraje. O, en todo caso, sus raíces y meritos son complejos y se ponen en tela de juicio.  Un insufrible “figureti” como Michael Moore, tratando de criticar de modo sibilino –su estilo de siempre- a la película, ha dicho que un francotirador es un cobarde. Acertó, acaso por primera vez. Pero lo que dijo con ánimo de descalificación, es lo mismo que se pregunta Eastwood a lo largo de toda la película. Pero lo hace en voz baja, sin los pitos y matracas ideológicos que suelen adornar el marketing de Moore.

 ¿Valentía del que dispara encaramado, desde la altura y a lo lejos? ¿Coraje de tirar sobre un niño? ¿Gloria del guerrero que se incomoda al oír su apelativo de “Leyenda”? ¿Satisfacción del héroe por recibir el homenaje de un soldado – que parece sacado de “Los mejores años de nuestras vidas”- que tuvo suerte en el combate salvando la vida pero quedando mutilado para siempre? ¿Orgullo del valiente al ver su vida hecha jirones, a su hermano destruido y traicionada su confianza final en los veteranos de guerra capaces de matar a sus colegas?

Pocas películas bélicas han confrontado con tanta madurez -y tan pocos artificios retóricos- los desgarramientos éticos del combatiente como esta, de Eastwood. Ahora recuerdo otra que tendré que revisar pronto: “Sangre en la nieve” (“Battleground”), de Wellman.

Leo en las redes sociales una pregunta: “¿Estilo en American Sniper?”

Es posible que “Francotirador” disguste, pero que una persona dedicada a la crítica de cine formule una pregunta de ese calibre para descalificar a la película es casi tan grueso como dar importancia al bebe falso que desvela las preocupaciones de tuiteros siempre deseosos de estar en la “pepa”.

Sí, la película tiene estilo. Y un gran estilo. El de la continuidad clásica. El del montaje que se articula sobre la figura expresiva del “shot /reverse shot” potenciada aquí por la composición centrada en el eje de la mirada del protagonista. El de la puesta en escena ceñida a la exposición de un filme de género y a las turbulencias de una biografía compleja que revela la otra cara del “héroe”.      

 

Ricardo Bedoya

   

25 thoughts on “Francotirador

  1. Hola, Ricardo: Mi tuit completo fue este:
    “Mónica Delgado @criticademonica · 21 de ene.
    Estilo en American Sniper? Plano, contraplano, algo de tormenta de arena, panorámicas barriales y una bandera de EEUU flameando en ralenti”.

    Claro, que Américan Sniper tiene estilo, y hablo irónicamente de lo que ese estilo me significa. No dejo la pregunta en el aire, ironizo, agrego un poco de chiste a algo que discuten en redes sociales. No se puede descontextualizar un tuit, en un espacio de redes sociales, que si sigues todo mi timeline, podrías asegurar que el sarcasmo, la burla, el comentario exacerbado es mi manera usual de comentar cualquier película de cartelera o fuera de ella. mencionarme no estaría nada mal si la idea es polemizar precisamente.

  2. Hola Mónica

    No quería polemizar contigo pero tampoco rehúyo la discusión. Simplemente me llamó la atención leer algo así. Por otro lado, es un tipo de comentario que abunda en los tuits, sobre todo cuando algunas películas se afilian con cierta complejidad a un estilo de cine narrativo y de género, sin hacer diferencias entre ellas ni separar el trigo de la paja.

    Ricardo

  3. Si se le pone en un tubo de ensayo, todo va bien con el perfil, carácter y destino del francotirador y con él se podría reconocer al mejor Eastwood. Tal como podríamos hacerlo con Willian Munny o los héroes de “La conquista del honor”. Pero no estamos en el lejano oeste ni en la segunda Guerra Mundial, ni siquiera en Vietnam. Estamos en Irak, el país invadido con pruebas falsas en la guerra más trucha y artificial de cuantas ha librado EEUU. Y Eastwood por convicción política primero tiene que justificarla como buen militante republicano que es o abstenerse de decir algo en forma cómplice y para mí ese hecho lastra una película que además es un encargo comercial con la conocida estrategia de la publicación paralela del libro y presentación a fines de año para obtener fácilmente nominaciones al Oscar. Si Bedoya acusa de figuretti a Michael Moore, un notable documentalista claramente opositor a muchas políticas y acciones del status quo gringo, entre ellas la guerra de Irak, debería tener en cuenta el previo maniqueísmo y manipulación que exhibe Eastwood antes de darle el giro que esperábamos a su personaje.

  4. Sinceramente a mi no me interesa si con esta película justifica la invasión de Irak, o no hace una critica a dicha invasión, lo que a mi interesa es Eastwood, no se arriesga al momento de contarnos la historia del francotirador, este se dedica a poner el piloto automático y conduce una película sin sobresaltos, no se moja, va por el camino seguro. El critico (Bedoya) dice que se desmitifica al héroe, lo cual es falso, al contrario lo glorifica, le da una motivación simplona como el personaje pero le da, en donde sacrifica a su familia por un bien mayor que es la seguridad de su país, lo cual acepta no con resignación sino con orgullo.
    En su ¨critica´ Sr. Bedoya no veo ningún tipo de comentario sobre la calidad narrativa de la película, como el director nos acerca en el interior de la mente del protagonista, que las escenas bélicas le imprima nervio y tensión, y las escenas dramáticas desbordan sensibilidad, no lo dice, porque simplemente no existen en la película, ya que el film es totalmente plano, sin ningún tipo de virtud narrativa, en donde nos cuenta una historia sin decirnos absolutamente nada, quitando cualquier tipo de intereses en el destino del protagonista, contándonos sus cuatros misiones, en donde cada una tiene una particularidad, el director sólo se queda en lo anecdotico sin profundizar en lo mas mínimo.
    En su critica Ud. tan sólo se dedica hablar que cuestiones superfluas que no tienen que ver un análisis cinematográfico del film, lo cual es grave para una persona dedicada a la critica, sus referencias cinematográficas en su critica vacuas y vacías, sin ningún tipo de sustento.

  5. Sinceramente a mi no me interesa si con esta película justifica la invasión de Irak, o no hace una critica a dicha invasión, lo que a mi interesa es Eastwood, no se arriesga al momento de contarnos la historia del francotirador, este se dedica a poner el piloto automático y conduce una película sin sobresaltos, no se moja, va por el camino seguro. El critico (Bedoya) dice que se desmitifica al héroe, lo cual es falso, al contrario lo glorifica, le da una motivación simplona como el personaje pero le da, en donde sacrifica a su familia por un bien mayor que es la seguridad de su país, lo cual acepta no con resignación sino con orgullo.
    En su ¨critica´ Sr. Bedoya no veo ningún tipo de comentario sobre la calidad narrativa de la película, como el director nos acerca en el interior de la mente del protagonista, que las escenas bélicas le imprima nervio y tensión, y las escenas dramáticas desbordan sensibilidad, no lo dice, porque simplemente no existen en la película, ya que el film es totalmente plano, sin ningún tipo de virtud narrativa, en donde nos cuenta una historia sin decirnos absolutamente nada, quitando cualquier tipo de intereses en el destino del protagonista, contándonos sus cuatros misiones, en donde cada una tiene una particularidad, el director sólo se queda en lo anecdotico sin profundizar en lo mas mínimo.
    En su critica Ud. tan sólo se dedica hablar que cuestiones superfluas que no tienen que ver un análisis cinematográfico del film, lo cual es grave para una persona dedicada a la critica, sus referencias cinematográficas en su critica vacuas y vacías, sin ningún tipo de sustento.

  6. Estoy de acuerdo con Alberto. Creo que el análisis de la película es bueno en cuanto a la película en si, pero mas no en el contexto y en el poderoso mensaje que transmite.
    En la película hay un claro enemigo: El musulmán. Es lo que ha venido trabajando el gobierno de los ee.uu desde las torres gemelas hasta lo de Charlie Hebdo para justificar una INVASION y MATANZA hacia un pueblo ajeno a los problemas gringos.
    Que no se nos olvide el poder que tiene el cine sobre la mente de las personas. El continuo flujo de imágenes y de mensajes repetitivos de “odio” hacia el “enemigo” pueblo musulmán es clarísimo.
    Personalmente desde que vi el trailer con la imagen de la madre dandole la bomba al niño me imaginé lo que vería a continuación y no me equivoqué. Una película 100% yankee con una mirada 100% yankee, una lavadora de cerebros total: “Tengo que servir a mi patria”, “Los enemigos están fuera”, “Tengo que proteger a mis seres queridos del enemigo”. Me parece que este tipo de cine debería ser condenado al olvido por lo venenoso que es con los débiles de mente, como es el protagonista de la pela.
    Qué dirá el poblador de Irak que ve esta película ? Desde el 2006 van 9 años de invasión norteamericana a los países árabes por justificaciones como la de las torres gemelas, charlie hebdo, el atentado de londres o cosas por el estilo, apoyadas y aclamadas por películas como esta.
    No olvidemos el poder del cine sobre la mente del espectador. El cine, lo que menos debe hacer es generar este tipo de sensaciones al espectador, sólo colabora con la desunión y el odio sin causa.

  7. Estoy de acuerdo con Alberto, no puedo obviar la filiación republicana de Eastwood, parece que la Asociación Nacional del Rifle o Tea Party financiaron esta película que a todas luces es un acercamiento simplista y manipulador del director de su visión de la guerra.

  8. Una vez más, y esto tiene ya una larguísima historia, se están confundiendo las cosas. Yo me pregunto: ¿Lastra la calidad de “La diligencia” que los indios sean los ‘malos’ y que sus ‘razones’ no se expliquen? ¿Lastra la calidad de “La fuerza de la voluntad”, la identificación con el nazismo de su realizadora? ¿Lastra la calidad de ‘Largo viaje hacia la noche’ de Celine o la obra poética de Ezra Pound sus adhesiones al nazismo? ¿Lastra la calidad de cualquier obra que la posición de su realizador frente a hechos históricos del presente o del pasado no sea ‘progresista’ o políticamente correcta? Uno puede estar o no de acuerdo con la posición de un autor, pero eso no invalida en nada la solidez o el valor creativo de sus obras, cuando lo tienen. No sigamos confundiendo las cosas en una cuestión que a estas alturas debería estar superada y que impide que se analicen las películas como lo hace Bedoya, señalando contradicciones y no avalando posiciones principistas que nublan (más que la polvareda de esa escena en la parte final) la comprensión del sentido del film. No comparto la referencia de Ricardo a Moore, y no porque no crea que le guste el exhibicionismo, sino porque no me inclino a hacer referencias descalificatorias ad hominen. Creo que hay que descalificar, en todo caso, sus películas que han ido de más a menos. Yo prefiero no aludir a la persona, tal como lo he expresado en algunas controversias en torno a las acusaciones por conductas personales que se hicieron a Polanski y a Woody Allen, un asunto que no tiene por interferir en absoluto en la valoración de sus películas.

  9. Estimado Ricardo, realmente tu lectura es muy interesante porque ahonda en la problemática de la compresión de la película, que a mi me pareció fascinante. De hecho mi lectura se baso en la lectura que tuvo Eastwood de la autobiografía, donde edita la parte “amorosa” donde la esposa tiene un papel mas importante en el enamoramiento y logra, de manera muy interesante, contarnos la historia inicial del protagonista en dos escenas. La polémica generalmente se ha dado en que en la escena en que Kyle recibe a su hija en brazos mientras discute con su mujer se nota que es una muñeca la que carga, ahora esa sensación de “evidenciar” que para el Kyle “Trastornado” que regresa de la guerra y carga a su hija, ¿Qué sea de carne o de plástico es igual? Fue adrede esta presencia, para denotar el estado mental del personaje. Por lo general me alegró mucho tu análisis.

  10. Estoy de acuerdo con el comentario de Chacho León, salvo en la mención a Moore y al supuesto argumento “ad hominem” que, dice, uso para cuestionarlo.

    No se trata, en absoluto, de una argumentación de ese tipo. No juzgo a Michael Moore por sus hechos privados y ni siquiera por sus películas. Lo hago por sus opiniones, formuladas en su calidad de persona pública, a través de tuits y declaraciones de prensa. Sus afirmaciones sobre Francotirador fueron hechas en esa condición.

    Eso no tiene nada que ver con los casos de Polanski o Woody Allen. Jamás se me ocurriría juzgarlos como cineastas a partir de sus actos privados, por más cuestionables que me parezcan.

    Ricardo Bedoya

  11. Quería hacer un comentario a lo que Mónica Delgado defiende como parte de su manera de escribir sobre las películas: el sarcasmo, la burla, el comentario exacerbado. No creo que esa sea una forma de dar cuenta de las películas porque genera confusión, desorienta, no aclara, no ayuda a la comprensión ni a la valoración. Además, aunque esto es un poco a contracorriente hoy en día, no estoy de acuerdo en que el ‘yo’ del crítico se imponga sobre el objeto del comentario, y el sarcasmo, la burla o el comentario exacerbado son, justamente,
    modos en que el ‘yo’ invade, en nuestro caso, el acercamiento a las películas.

    • Hola: Chacho, creo que como Ricardo vuelves a descontextualizar. Los invito a conversar sobre mis textos en Desistfilm, no sobre mis tuits, que son comentarios sobre cine, como de TV, de políticos y demás fauna peruana en clave irónica, y que el 98% de mis seguidores toma con humor. Pero me agrada la idea del tuit como género literario, como objeto de análisis discursivo, nada mal. Y lástima que nadie mencione que Ricardo haya usado mi tuit cortado, y sin mencionarme. Eso no parece problema, no importan las citas, o un poco de rigor ya que el tuit es ahora una fuente “académica”. Aunque también revela un afan de reduccionismo que empobrece un poco del debate que se trata de generar a partir de una película como la de Clint. Si lanzo un tuit, me respondes en la lógica del tuit, en eso está la gracia de esa red social. Y mis frases están hechas a la medida de los 140 caracteres que demanda el soporte. ¡Y ni siquiera he escrito algún artículo sobre American Sniper! Y fácil que si lo hubiera hecho nadie la hubiera comentado… Si buscan algún tema para la discusión los invito a visitar el blog, la revista. Y sobre lo que mencionas Chacho, sobre la invasión del Yo, pues precisamente el Twitter está hecho para eso, para ese ejercicio pleno, lúdico. También habría que pedirle eso a medio twitter, sobre lo del humor, ( y podría aquí mencionar decenas de críticos que usan el humor y el sarcasmo para comentar sobre cine, actores, guiones, tramas, lo que sea. Quizás puedan echarle una mirada al tuiter en la ceremonia del Oscar que se viene y verán. Quizás los comentarios sobre cine en general vuelvan a recuperar un poco del sentido del humor, que algunos en el Twitter podemos gozar vía Adrian Martin, por ejemplo, a quien no me comparo ni mucho menos, pero nos da una idea de lo que implica compartir opiniones bajo esa primacía del Yo.

  12. El incomodarse por las palabras de Mónica Delgado a través de twitter, me parece descabellado. Podemos tomar en serio o no un comentario a través de las redes sociales, pero no creo que una frase de 140 caracteres pueda ser parte de una crítica, más aún cuando, los que conocemos a Mónica, sabemos que en esa red social escribe con sarcasmo, pero cuando lo hace a través de alguna plataforma virtual o escrita, es muy aguda y seria. Este tema del tweet, me hace recordar cuando Bedoya posteó sobre el veto a varios críticos que querían postular a APRECI por haber dado like a un comentario que descalificaba a la asociación aduciendo que no comentaba eso”porque resultan entre cómicas y consternantes.”

  13. Con todas las libertades que el Twitter se permite, me parece que hay que saber manejar el humor porque, precisamente, ese es el espacio que más se lee, Mónica, y no los textos de Desistfilm, que seguramente se leen en una proporción pequeñísima frente a los que leen tus tuits. De lo contrario, mal hacemos con las referencias y pequeños comentarios de películas y otros. Lo que escogió Ricardo de tu tuit es muy elocuente: un comentario así (aunque tú digas que no) suena a descalificación de la película y contribuye al malentendido sobre la supuesta ausencia de estilo propio que algunos críticos le han reprochado. En otras palabras, así el humor es improductivo. Fíjate cómo lo maneja Adrian Martin, quien nunca te va a trasmitir una impresión ambigua o confusa de lo que piensa de una película.

    • Chacho, lo que recogió Ricardo es un tuit cortado, si a eso le llamas elocuente, sinceramente no encuentro lógica a esta discusión. Nadie que lee desistfilm, va a buscar mis tuiters sobre american sniper, y el público de desistfilm, como bien dices, no es el mismo.

  14. Me pareció una película interesante, por la forma cómo trató la invasión a Irak, de lo terrible que puede ser una situación bélica. Por las anteriores producciones de Eastwood esperaba la sobriedad que lo caracteriza, sin entrar en un clima de tensión que se ve en otras producciones de este género, y el final me gustó mucho porque este Francotirador, que también puede ser un Sicario o un Asesino, -dependiendo del ángulo con el que se le mire-, nos permitió conocer sus pensamientos que se volvían turbios, conflictivos junto a todos los “veteranos de guerra” amantes de las armas, dentro de este contexto militar.

  15. Hola Mónica

    Sí, tienes razón. Debí mencionar que tú te preguntabas por la ausencia de estilo en la película. Mea culpa.

    Pero no acepto que digas que descontextualicé el comentario. Tu opinión es muy clara. Es una afirmación y una interrogante a la vez. Dices: “Estilo en American Sniper? Plano, contraplano, algo de tormenta de arena, panorámicas barriales y una bandera de EEUU flameando en ralenti”.

    Lo del plano, contraplano, etc, forma parte de una enumeración de situaciones que se supone corroboran esa ausencia de estilo que te inquieta.

    Cité, pues, tu opinión contundente. Sin descontextualizar nada. ¿O acaso consideras que la película tiene un estilo neto y riguroso?

    Tú dices que el tuiter tiene ahora valor académico. Yo no creo eso, pero, si es así, te contradices. ¿O son opiniones dichas al paso, con humor y ligereza, o tienen algo de rigor?

    Te dije antes que no quería polemizar, pero como afirmas que te descontextualizo, te invito a hacerlo con razones y argumentaciones. Si quieres, envíame un texto para postear y tendrás la respuesta. Tu sabes mi mail. Quedo a la espera.

    Ricardo Bedoya

    • Hola Ricardo: Claro que lo descontextualizas.
      1. Lo cortas.
      2. Lo pones como si lo hubiera escrito un anónimo, un ser innombrable. que como puede ser crítico de cine que lanza así nomás esas apreciaciones.
      3 Yo digo: “Estilo en American Sniper? Plano, contraplano, algo de tormenta de arena, panorámicas barriales y una bandera de EEUU flameando en ralenti”. Ya, eso no significa ausencia de estilo. Para mí, eso es su estilo, como le comente a Kiko Silva en un post, de ralea invisible, pero que no puedo pues detallar en tuiter, porque lo que me interesa allí es ironizar, como lo dije en el primer comentario que puse, así como me gusta ironizar con los diez o vente tuits más que escribí sobre American Sniper y que todos tienen el mismo tono de sarcasmo: “chichobelo en película peruana, error imperdonable, chichobelo en American sniper, descuido de un genio”. Pues si se van a tomar el trabajo de considerar mis tuits como objetos de análisis críticos “serios” pues porque nadie Desistfilm, pues… Allí sí te pido que valores “el rigor” de mis 140 caracteres.

      • Y sobre lo de enviarte mi texto sobre la película, imagino que es algo que debo asumir en el aire, como la lista de mis mejores filmes 2014 que te envié y que nunca salió, nunca supe los motivos. Así que sigo a la espera…

  16. A Renato León,

    No es que no se pueda utilizar el humor a propósito de cualquier tema, y no están excluidos el cine y las películas. Pauline Kael, la célebre crítica norteamericana, era conocida por su agudeza, pero también por su lado mordaz y sarcástico. El problema está cuando el humor o el sarcasmo terminan confundiendo acerca del punto de vista de quien lo emite, más aún cuando se trata de una película polémica. Si hubiese sido ‘Transformers’ eso probablemente se hubiese notado menos, aunque en mi opinión incluso en esos casos (sin que esté ausente el humor) hay que tener cuidado para no caer en el desprecio o la minusvaloración, tan habituales en la historia de la crítica cinematográfica.

    Lo del veto de la APRECI a un grupo de críticos se comentó en este blog como un acto bochornoso y Bedoya se refirió expresamente a él. Claro, en este caso, más aún que en otros, se puede ironizar, pues descalificar a una persona (Oscar Contreras) por haber puesto el like a un comentario crítico a la administración de APRECI, debería quedar en una antología universal de las pequeñas infamias, entre cómicas y consternantes, como escribió Bedoya en su momento.

  17. No quiero llevar más lejos el intercambio con Mónica, pero me parece que insistes en una defensa que a mí me parece insostenible, más aún cuando mencionas los diez o veinte tuits sobre Francotirador escritos con el mismo tono de sarcasmo. Yo me pregunto, qué puede significar Desistfilm, donde además no veo nada escrito sobre la película de Eastwood, y que, comparativamente, pocos leen aquí en nuestro medio, comparado con diez o veinte tuits ironizando sobre Francotirador, que muchos leen. ¿Qué aporte a la comprensión de la película puede eso significar? ¿No es acaso eso frivolización del comentario, de la nota corta o la apostilla? ¿No es eso una contribución a los malentendidos que ha generado la película? No es que se te pida análisis serio en el tuit, pero la ironía o la burla por el mero hecho de decir cosas que pueden ser (o no) graciosas, me parece por decir lo menos francamente muy desconcertante y más aún viniendo de quien como tú publica un blog bilingue y exigente como Desistfilm.

    • Chacho, de tu comentario hay una pregunta muy interesante donde te refieres a mi tuit: “¿No es eso una contribución a los malentendidos que ha generado la película?”. Yo te pregunto también: “¿malentendidos?”. ¿O sea cualquier crítica, adjetivo, comentario en contra de American Sniper es parte de un malentendido? American Sniper no ha generado malentendidos, ha generado visibilizar dos cosas: a la crítica que defiende el viejo canon del cine clásico que destila Eastwood en sus filmes por encima de los errores de la película, y a la crítica que ataca a American Sniper por ultraderechista, fascista y demás más allá de lo que dice el filme en su metraje. ¿En qué polo estoy? En ninguno. Pero eso es otro tema que escapa pues a mis “análisis” en mi tuiter y que tomas mucho a pecho, tanto que te invita a desacreditar mi labor en desistfilm, tanto que te desconciertan. Y por otro lado, no entiendo cuál es la insistencia con el tema de desistfilm. Desistfilm tiene su twitter, tiene su cuenta, donde está toda la información de la revista y de sus colaboradores. Mi tuit es mi tuit, o sugieres que coloque en mi twitter: ¿las opiniones vertidas aquí no tienen nada que ver con la línea editorial de desistfilm? ¿Editar una publicación me limita a ironizar? ¿Me castra el sentido del humor? ¿Me atrofia el sentido de ironía en torno a algunos motivos de las películas, del cine peruano, de las películas de ese semidios llamado Eastwood? ¿o solo debo ser irónica con Transformers o las películas de Michael Bay? ¡Y pensar que por ahí lancé un tuit sobre que el día del perro chusco debemos celebrar al can de la película de Godard, por dios! ¡ Cómo me arruina el lado crítico! Desistfilm es un colectivo, y no es solo mía. Y no hay nada sobre la película de Eastwood porque aún nadie se ha propuesto escribir sobre ella, nadie se ha sentido motivado a hacerlo y además es un espacio donde jamás se ha escrito sobre cartelera ni sobre los oscar, ya que no es está en su diseño, ya que no está pensada solamente para público peruano ni para escribir sobre estrenos comerciales. Pero por ejemplo Víctor Bruno tiene un buen texto sobre el espacio en el cine de Clint, escrito con bastante humor, que se publicó hace poco y que quizás gustes comentarlo. http://desistfilm.com/an-architect-called-clint-eastwood/

      • No cualquier crítica, adjetivo o comentario en contra de American Sniper contribuye a los malentendidos, Mónica; lo hacen los comentarios en el tono que tu practicas, aunque no sólo ellos, claro. Precisamente, esa manera de decir las cosas es la que contribuye al malentendido respecto al estilo clásico, que en estos tiempos se enmaraña aún más por la defensa a fortiori que algunos hacen del cine supuestamente más avanzado. En lo personal, yo no defiendo el viejo canon del cine clásico. Por lo pronto, entre lo valioso no hay nada viejo en el cine (no es viejo El acorazado Potemkin como no lo es Las uvas de la ira ni Algo para recordar). Por otro lado, ese ‘viejo canon’ mantiene vigencia, no la ha perdido, aún cuando no sea a la manera en que se hacían las películas hace 50 o 60 años. El arte cambia y se transforma y la película de Eastwood no es en absoluto una reproducción del ‘viejo canon’. Pero yo no defiendo a Francotirador porque sea una película adscrita supuestamente al clasicismo (también es un lugar común recurrir a ese argumento como quien saca una carta debajo de la manga) ni porque Eastwood sea un semidios, que no lo es (no hay semidioses en el cine y en ninguna parte) sino porque me parece una muy buena película, ciertamente muy superior a un buen porcentaje del cine que se quiere más avanzado de la actualidad. Y no veo esos errores que mencionas (¿Cuáles son?). Tampoco creo que hay que basurear a Transformers o a Michael Bay y lo he escrito en mi comentario anterior.
        Por otra parte, yo no estoy desacreditando tu labor en Desistfilm. Creo en todo caso que tú te desacreditas ante muchos escribiendo esos tuits a los que, francamente, no les encuentro la menor gracia. Pero, bueno, tu sabrás lo que haces, es cosa tuya y tienes todo el derecho de escribir como quieras. Yo no te objeto el derecho de hacerlo, lo que hago es ejercer mi derecho de ser crítico con lo que no estoy de acuerdo o no contribuye, a mi parecer, a estimular una mejor comprensión de las propuestas fílmicas. Eso es lo que he venido diciendo desde el primer comentario que hice. Y si quieres debatir sobre Clint Eastwood, clasicismo, modernidad o cualquier otra cosa, me tienes aquí o en el espacio que prefieras para hacerlo.

  18. Con Francotirador, CE regresa al género tomando como punto de partida la autobiografía de Chris Kyle, el personaje del título, que cuenta con el poco recomendable récord de haber matado en la guerra de Irak a 160 personas (incluidas mujeres y niños), aunque él se jactaba de que eran muchos más. Eastwood en más de una ocasión declaró que estaba en contra de la mencionada contienda, sin embargo, al adoptar el punto de vista excluyente del protagonista sin que surja un cuestionamiento a su conducta y presentar a los iraquíes como un bloque uniforme en que hasta a los niños se los muestra portando granadas y son un enemigo a matar, no parecen avalar esa afirmación. Por supuesto que al republicano octogenario CE nadie le va a pedir a estas alturas que haga una película “progre” contra la intervención militar en Irak, pero hubiera sido bueno que mantuviera la saludable ambigüedad de los títulos antes mencionados.

    Por otra parte, habiendo elegido la opción de punto de vista antes señalada, le cabía la posibilidad de, al menos, intentar profundizar en un personaje solitario, obsesivo y de rasgos marcadamente psicopatológicos, reivindicado como un héroe por sus compañeros de armas. Suena muy elemental su caracterización a partir de los discursos reaccionarios que recibía de su padre, un peligroso fanático religioso, o de que su conducta esté motivada por la visión en la televisión del atentado en las Torres Gemelas. Y tampoco ayudan la intercalación de las escenas familiares con su lloriqueante esposa, de la que no se logran entender las razones por las cuales sigue enamorada del protagonista. Por supuesto que el oficio narrativo del director aflora en varios momentos (hay una notable secuencia de un combate visto en medio de una tormenta de arena, en el que los contendientes aparecen como una suerte de fantasmas) o puede crear un clima inquietante, cuando, ya regresado de la guerra, Kyle sostiene una conversación con su esposa mientras juguetea con una pistola en sus manos. Hay en algún momento un tímido cuestionamiento a la presencia estadounidense en tierras extrañas en alguna frase soltada por el hermano del protagonista o un diálogo con un compañero que luego morirá en la contienda. Pero también Eastwood apela sin pudor al golpe bajo en la segunda situación en la que Kyle va a dispararle a un niño y se puede caracterizar como imperdonable el plano en que sigue la trayectoria de la bala que acabará con el francotirador iraquí. Recién en los últimos tramos de la película, con ya Kyle de regreso en su hogar, se atisba lo que pudo haber sido una mirada más atractiva sobre su conducta. Sin embargo, también en el final del film, luego de un seco y lacónico intertítulo con el que bien pudo haber acabado (permitiéndole, de paso, al espectador, algún tipo de reflexión), Eastwood opta por recurrir sobre los créditos finales a material de archivo destinado a glorificar a un asesino serial.

    Jorge García, tomado de http://ojosabiertos.otroscines.com/francotirador-american-sniper-02/

  19. Hola Mónica

    Nunca recibí tu lista de mejores. Por eso no se publicó. ¿Por qué no lo habría hecho de haberla recibido?

    Discutamos sobre la película de Eastwood, su estilo, el cine bélico, las películas sobre la guerra de Irak, sobre lo que quieras. Envía tus reparos, tus críticas al estilo invisible o al viejo cine clásico. La idea es conversar y no pelear.

    Debatir es lo que no se hace en estos tiempos en que solo priman los prejuicios en contra (se condena o se ironiza sobre las películas sin haberlas visto todavía) o a favor (ya he leído que Las mil y una noches de Miguel Gomes será la mejor película de 2015 cuando nadie la ha visto aún).

    Y la cosa se hace más notoria cuando se trata de películas peruanas.

    Creo que el debate sobre cine se ha retrotraído a los tiempos en que se consideraba que había películas populares y de élite; masivas y “cultas”; para todos, y las de “prestigio”.

    La única diferencia con esos tiempos es que ahora se busca la inefable “esencia” en lo “distinto” y lo experimental. Se ha formado una aristocracia del gusto que arbitra lo bueno y lo malo. Y desdeña aquello que se considera “tradicional” o “narrativo”, sin reparar en diferencias ni especificidades.

    Es una “neo qualité”, revestida por los prestigios de lo “diferente”, placer de los “happy few”.

    Felizmente que el cine es muy amplio y hay lugar para todo. Y que es también un espectáculo, popular y formidable.

    Te propongo debatir sobre Eastwood o sobre el cine clásico, o sobre el estilo invisible, o sobre el estilo que desees. Yendo más allá de los alcances de un tuit o de Desitfilm, que no admite Oscares ni estrenos comerciales ni el gusto del público peruano.

    Ricardo Bedoya

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