Birdman

 

 

Los “méritos” de Birdman están subrayados con plumón fosforescente.

Todo luce virtuoso, y seguro que lo es. Todo está en vitrina, y claro que lo está.

Michael Keaton demuestra ser un magnífico actor con un personaje que se da golpes de pecho por haber encarnado a un superhéroe en el “vil” Hollywood de la era post-George Lucas. Busca su redención moral y artística dirigiendo y actuando una obra teatral ultra seria basada en Raymond Carver. La puesta en escena se ensaya en un teatro de Broadway, donde será pasto de los críticos y mandarines culturales del New York Times.

Edward Norton, que es más notable aún que Keaton, exhibe su técnica con las cuotas necesarias de narcisismo, egolatría y masoquismo proverbiales del Método, mientras Naomi Watts sube de intensidad y  Emma Stone se luce en plan de gorrión herido, siempre al borde de la cornisa.

Todos ellos recitan y posan ante la cámara -que se desliza ingrávida y flotante entre camerinos y tras el escenario- con perfecta autoconsciencia, en plan de divos supremos.

El falso plano secuencia, hecho con un impecable zurcido invisible digital, busca quitar el aliento y apantallar, duplicando la impresión de claustrofobia que lucen de por sí los laberínticos pasillos del teatro y llevando al paroxismo las expectativas, dudas y tensiones de un director teatral tan presionado como el cineasta Guido de “8 ½”, pero sin el hedonismo ni la sublime pereza que aportaba Mastroianni a cualquiera de sus papeles.

Todos esos elementos por separado lucen su ejecución brillante y se exhiben como prodigios técnicos.

Pero el conjunto es ostentoso; pomposo, a veces, sobre todo en el segmento final.

El frenesí de la acción está marcado con compás, y la neurosis de la creación es consecuencia de cálculos sobre papel milimetrado. Como esos diálogos abundantes, explicativos, sobrescritos, plagados de alusiones culturales, desde Barthes hasta Scorsese. Prestigio manda.

Al ver la película no se puede dejar de escuchar la voz de González Iñárritu, sobrepuesta a la del superhéroe que le habla al viejo actor, haciendo las veces de demiurgo y súper yo, dictando órdenes con estentórea voz de mando hasta sofocar al actor principal, al camarógrafo, al director artístico y al gran Lubezki.

 

Ricardo Bedoya

3 thoughts on “Birdman

  1. Confieso que me dejé atrapar por toda la primera parte – Norton genial, pero no estoy seguro si Keaton se queda atrás – y recién al final pude reconocer cómo los casi-sermones finales sobre el cine de acción/scifi/superhéroes se opone a la “gran cultura”. Pero más allá incluso del cuidado técnico y su apuesta narrativa, creo que es una historia que, por “ser diferente a la mayoría”, merece bastante la pena y hasta entusiasmarse porque esté en cartelera… hasta ahora…

  2. Hubiera sido bueno que nos diga si esta película significa para usted un avance o retroceso en la filmografía de Gonzales Iñarritu porque en Birdman el trabajo de cámara, así no sea novedoso, es brillante y por otro lado la pomposidad, por el lado negativo, siempre ha estado presente en sus trabajos. Pero si a ese demérito le agrega el de intuir un ego colosal parecido al de Alan ya es más discutible porque se me ocurre que la mayoría de autores renombrados, categoría a la que aspira el mexicano, lo poseen. Y me pregunto también si la sobre escritura del filme que incluye varios chistes malos no es acaso una sátira del ambiente farandulero que se refuerza con la batería musical superpuesta en todas las escenas que hace recordar al Show de David Letterman o a algún reality de la TV. Esperaba también que a propósito de la película hablara algo del cine detrás del telón. Créame que al verla, en medio de tanto artificio, recordé con añoranza “Noche de estreno” de John Cassavettes con Gena Rowland y Ben Gazzara.

  3. Sí el propósito de Irrañatu fue “cautivar” al gremio y a la industria, pues lo logró…. pero ese propósito no hace a Birdman una buena película. Es un trabajado exageradamente impostado.
    No existen los conflictos. Es una suma de egos que buscan sobreponerse uno delante de otro. El ego de keaton sobre el ego de Norton, y donde el ego de Emma Stone ingresa a la misma dinamica… incluso la película permite apreciar q hasta el propio ego de irrañatu busca imponerse.
    Y es q hay un aspecto q tal vez Irrañatu no tomó en cuenta. El ego nunca juega, no participa, no compite… la esencia del ego es imponerse a otro ego y esa “lucha” es irrelevante, patetica…
    Dudo q ese haya sido el afán de irrañatu… pero a la industria le simpatiza porq intenta “humanizarla” y les cae muy bien..

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