Whiplash

 

 

Whiplash es una película independiente que recoge lo mejor, pero también lo más discutible, de la herencia de Hollywood.

Es una historia de aprendizaje y de sumisión; de obsesión y de rebeldía; de búsqueda de la excelencia, como en tantas historias de triunfo personal que nos ha dado el cine de los Estados Unidos.

Desde el inicio, el director Damien Chazelle focaliza la acción en dos actores fuera de serie, Miles Teller (protagonista de The Spectacular Now, una película notable que nunca se estrenó), y J.K. Simmons. El aprendiz de músico y el feroz instructor. El joven baterista y el sádico maestro.

La oposición entre ambos, y las técnicas de enseñanza evocan las del instructor de marines de Nacido para matar, de Kubrick, pero las alusiones van más allá en el tiempo: el profesor tiene el retorcido talante del Capitán Blight en las distintas versiones de Motín a bordo (es curiosa la inversión del nombre de Fletcher para designar aquí al antagonista), o del Bogart en El motín del Caine. Y Simmons luce la auténtica expresión facial de los grandes actores secundarios que hicieron papeles de despiadados rudos: desde Lee Marvin hasta Jack Elam.

La acción es tensa, musculosa,  y su progresión está basada en el principio de la contracción y el relajamiento. Como un chorro de agua helada seguido de otro de agua tibia. A cada reconocimiento del profesor por una habilidad adquirida, le sigue una diatriba brutal. El elogio y la humillación se suceden.  Y la puesta en escena traduce ese contraste en aquello que está de moda abominar: el plano-contraplano, convertido en motor de la acción.

Contraste de los cuerpos: en el campo visual, la fálica presencia de Simmons; en el contracampo, la ovillada postura de Teller, intentando la trascendencia artística (o crística) a fuerza de martirizarse, lleno de heridas y goteando sangre. Contraste de los rostros: el rugoso semblante del instructor frente a la expresión desconcertada y a las cicatrices que muestra el muchacho en la cara.

El montaje, que no cesa de percutir, amplifica el duelo.  Y propicia la identificación del espectador con enorme capacidad para la manipulación emocional. Ni más ni menos que el profesor usando sus tácticas para triunfar a cambio de someterse al tratamiento de combate que él impone.

El final, con la apoteosis de la improvisación jazzística, culmina con un plano-contraplano de énfasis casi obsceno que muestra los rostros de los rivales, ahora convertidos en cómplices; acaso socios del futuro. El éxito está al cabo del vía crucis.

Ricardo Bedoya

One thought on “Whiplash

  1. Don Ricardo,
    gran película que junto con Birdman es mi favorita. Croe que Chazelle es un director para tomar en cuenta porque sabe imprimir personalidad a la película con recursos en teoría simples (plano-contraplano, giros de cámara, close ups). Y en especial destacar las actuaciones, JK Simmons inmenso y en el joven Miles Teller veo la sombra de un joven DeNiro de Malas Calles ¿qué opina? Aprovechando a preguntarle por sus favoritos de la nueva hornada de directores norteamericanos (a la que pertenecen Chazeele, Rian Johnson, Garet Edwars) y de actores jóvenes. Saludos.

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