Lima independiente: Mapa, de Elías León Siminiani

                                                

“Mapa”, del español Elías León Siminiani, es la bitácora de un viaje sentimental. Decepcionado de un amor perdido, el documentalista parte de Madrid  rumbo a la India. Lo hace por sugerencia de una amiga, Luna, que siguió similar trayectoria un tiempo atrás. En el camino decubre paisajes, reflexiona sobre su relación con las imágenes que va grabando, descubre su pasión por Luna, regresa a España y sufre nuevas decepciones mientras construye su película, para la que busca un clímax.

Si atendemos a la clasificación de documentales hecha por Bill Nichols diríamos que “Mapa” es un ejemplo cabal de documental performativo: el autor se exhibe, habla de sus propias experiencias, aun las más íntimas, establece una relación particular con el espectador, al que convierte en un silencioso pero activo interlocutor. También es un documental reflexivo: expone sus estrategias de construcción, debate el modo de realizar un encuadre, examina los problemas éticos de mostrar esto o aquello  Pero como las tipologías -aun la de Nichols- son camisas de fuerza, “Mapa” se desborda hacia otra vías: es también una comedia neurótica, con un protagonista que solo deja escuchar su voz -su imagen vendrá al final- pero que se va representando y proyectando en las figuras que encuentra en el viaje, como la del hombre indio que camina contra el monzón.

Figura de un hombre distante cuya silueta se inscribe sobre un paisaje barrido por una tormenta, pero que pronto volverá a la normalidad. La propuesta documental de “Mapa” está reumida en esa imagen de pura precariedad y de consciencia de lo transitorio. Las imágenes que capta la cámara de Siminiani son tan frrágiles como su estado de ánimo y sus expectativas amatorias. Nada es definitivo; todo aparece ahí como producto de la casualidad  (la filmación de la calle en la hora punta) o de una impresión (como el hallazgo de la niña que se baña en el río y que se parece a Luna) y está impregnado por la agitada afectividad del documentalista.

El mejor momento de esta película cálida y disfrutable es un tributo al Truffaut de “Jules et Jim”. Una de las melodías más entrañables de Georges Delerue para esa película acompaña las imégenes de una excursión campestre y de grabación con la ex-novia. Y ya que hablamos de Truffaut: el personaje que construye Siminiani para representarse a sí mismo evoca a un Antoine Doinel ansioso por amar.       

Ricardo Bedoya 

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