Lima Independiente: Las películas de Sylvain George

 

                                   

Los documentales de Sylvain George no están acabados. Se van completando unos con otros, o se siguen haciendo. Forman un verdadero “trabajo en curso”.

Ver, casi seguidas,  “Les éclats (Ma gueule, ma révolte, mon nom)”, “Qu’ils reposent en révolte (Des figures des guerres I)” y “Vers Madrid” permite descubrir motivos compartidos, formas de ligar las imágenes y sonidos, rimas, sintaxis, formas de acercarse a la actualidad y, sobre todo, un sentido épico del propio quehacer.

A la manera del Vertov consciente de estar documentando la creación de un “mundo nuevo”, la cámara de George busca estar ahí donde el Poder se agrieta o muestra sus fisuras. Es decir, esos intersticios por donde se infiltra lo “nuevo”.

Por eso, no se ubica en los escenarios políticos mayores donde se tejen los acuerdos o se ventilan las crisis. Prefiere afincarse en los lugares excéntricos: en el puerto de Calais o en los círculos y grupos formados por los “indignados” de la Plaza del Sol de Madrid. No es casual que jamás veamos la Plaza desde un picado lejano y abarcador. La “ocupamos” al lado de los manifestantes que discuten con pasión las alternativas de un modelo económico e institucional en cuestión.

Lo mismo pasa en Calais. Vemos fragmentos, esquinas, rincones, zonas del puerto, lugares de reunión, espacios de concentración. Tierra de inmigrantes; es decir, espacios restringidos y ajenos, anónimos.

Pero a diferencia de Vertov, tan exaltado en su visión omnisciente del presente de cambio y del futuro bolchevique, George prefiere mostrar el costado más opaco y cotidiano de la gesta. Las de los inmigrantes e indignados españoles son narraciones épicas, pero contadas desde la espera, la incertidumbre, la posibilidad de derrota y la expectativa del volver a empezar.

Por eso, George apela a los repetidos y prolongados fundidos en negro. Son hiatos que recuerdan que el proceso es largo y que está amenazado por el fracaso. Y entre un “apagón” y el siguiente, vemos intertítulos que dan nombre a los segmentos. Como si fueran los capítulos de una novela extensa y abierta.  “Les éclats (Ma gueule, ma révolte, mon nom)” y “Qu’ils reposent en révolte (Des figures des guerres I)” son películas que se complementan. Una anuncia y designa a la otra; la segunda prolonga y vuelve sobre la anterior. En  “Vers Madrid ” vemos un episodio que extiende las películas previas. Y esa repetición no solo sugiere la identidad de las causas de los inmigrantes africanos y los indignados. Es también un modo de concebir el documental: como un discurso que se va reconfigurando.

Así como la inmigración y la indignación reconfigura los paisajes, las identidades, las posturas y los cuerpos. En “Les éclats”, los cuerpos de los inmigrantes, filmados en contraluz y en blanco y negro, se mueven como los de los zombis. Todos están en la misma precaria condición. No hay protagonistas. Para la administración oficial, ellos encarnan la alteridad más radical.  En “Qu’ils reposent en révolte (Des figures des guerres I”, esos seres extraños culminan su trasformación física: se queman y rayan los dedos para borrar las huellas digitales. La mutación corporal es completa.  En  “Vers Madrid”, desnudar los cuerpos para enfrentar a la policía es el gesto más exasperado de la protesta porque supone ir hacia lo esencial. El grito primario sale del cuerpo desnudo y expuesto. Como el de Pierre Clementi en “Porcile”, de Pasolini.

 

       

Las de George son películas que duran mucho (tanto Qu’ils reposent en révolte” como “Vers Madrid” bordean las dos horas y media de proyección) y eso adquiere un sentido particular. Tienen la duración de las superproducciones épicas y, de alguna manera, lo son. Épicas descentradas, grabadas en clave débil.

Las gestas se narran en presente, integrándolas a los tiempos de cambio de la naturaleza (imágenes del mar, el cielo, las nubes o el campo van apareciendo como motivos recurrentes en la calma chicha de la espera de los inmigrantes) y del reposo o la celebración: uno de los mejores momentos en “Vers Madrid” es el del baile y el jolgorio.

El presente tiene un peso específico en las películas de George. Están ancladas en un tiempo que transcurre, moroso, y que no permite adivinar lo que vendrá. El principio del “suspenso” se infiltra en la exposición. ¿Qué pasará con esas luchas?

En “Vers Madrid”, se insertan cartas intercambiadas por el director con unos amigos e informantes españoles. En ellas, el remitente de una de las comunicaciones afirma que el espíritu de los días de marzo se ha extinguido. Pero George vuelve a Madrid para grabar el rodeo al Congreso y las nuevas luchas de los indignados. Y todo parece recomenzar. Tal vez por eso los documentales de Sylvain George parecen estar haciéndose recién, o reconstruyéndose una y otra vez.

Ricardo Bedoya 

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

*
*
Website