Tres recuerdos de mi juventud

“Tres recuerdos de mi juventud”, de Arnaud  Desplechin, retoma elementos de sus películas anteriores – sobre todo de “Comment je me suis disputé (ma vie sexuelle)”-, rinde el consabido homenaje al cine de Truffaut y se lanza a realizar un ejercicio de estilo arriesgado teniendo como eje a Paul Dédalus, personaje que se proyecta como un “alter ego” del realizador.

La película se da el lujo de cambiar de paso, ritmo, tono e intención con soltura y gracia. Empieza como un clasico filme de recuerdos infantiles para girar de pronto a un relato de espionaje con prestamo de identidades en la Unión Soviética. Pasaje filmado como lo exige el canon filmico de la Guerra Fría: paleta desaturada y ambientación sombría.

El ejercicio de auto ficción se percibe con nitidez en el tercer recuerdo de juventud, que corresponde a la memoria del amor loco por Esther. Es el fragmento más logrado de la película y aquel en el que se combina el lirismo, la melancolía, el gusto por recrear los bellos gestos del cine romántico, el afán por trabajar cada escena como si fuese la página de un diario íntimo, la pasión por trabajar la acentuación poetica de las palabras y las entonaciones.

En esta crónica agridulce de un amor juvenil se impone la presencia e influencia de François Truffaut. Ahí están los momentos privilegiados de la relación amorosa vividos con ansiedad, torpeza y conciencia de lo fugaz que puede resultar una pasión; ahí están las comunicaciones epistolares intercambiadas por los protagonistas para evocar sus grandes amores; está también el relato de formación y el retrato del artista adolescente. Y encontramos, como en las películas del autor de “Besos robados”, los sentimientos mediados por la experiencia de la cultura, el amor por los libros y las palabras.

Ricardo Bedoya (desde París)

 

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