Batman v Superman: el amanecer de la justicia

“La resurrección de Cristo” no es la película de esta Semana Santa. No, nada que ver.  “Batman v Superman: el amanecer de la justicia” la derrota en toda la línea.

En esta sucesión de cromos piadosos, la muerte y resurrección de un personaje mesiánico es uno de los conceptos que se trajinan desde la primera hasta la última imagen.

Caída y redención del niño Bruce; sacrificio y renacimiento del hombre de Metrópolis.

En el camino, la exaltación del héroe luminoso que desciende de las alturas para dar el toque de gracia y seguridad a sus fieles (como en la apoteosis de la imaginería mormona) y, luego, la ruta del Calvario, con un pueblo enardecido que prefiere a cualquier Barrabás. Después de todo, como dice Laurence Fishburne, la “conciencia de los americanos se acabó con John, Martin y Bob”.

Y Lex Luthor (nunca Jesse Eisenberg se mostró más amanerado y lleno de tics) postula su propia cosmogonía, con demonios asaltando también desde el firmamento.

Para no mencionar la retumbante y grandilocuente música que acompaña los litúrgicos momentos de epifanía, revelación, transformación y apoteosis.

Y no es para menos. La invocación a los Salvadores se da en medio del caos, con Ciudad Gótica golpeada, y con el presentimiento de que nuevos asaltos de los Fundamentalistas del Mal están en plena cocción.

Zack Snyder y sus guionistas se las agencian para recordarnos que este aparatoso “Batman v Superman” es una ficción más de la era posterior al 11 de septiembre de 2001 y, por eso, está hablando del mundo de hoy. De paso,  nos informan que leen con atención las informaciones internacionales de The New York Times.

Por lo demás, todo resulta tocado por el altisonante, recargado y serísimo síndrome Nolan.   

El Batman de Ben Affleck resulta más potente que el Superman de Cavill -un verdadero adorno de torta de cumpleaños-, al que le cae muy bien la comparación con la Dorothy de “El mago de Oz” que lanza Fishburne: da tres taconazos y regresa a Kansas. La providencial Wonder Woman (Gal Gadot) se entrena para su próxima película, y Amy Adams le permite a Clark Kent compartir la tina de baño.

Una observación final: el monstruo creado por Lex es una fusión de “King Kong”, pero sin su dignidad ni nobleza, y de “The Amazing Colossal Man”, pero sin su taparrabos.

 

Ricardo Bedoya

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