Al este de Lima: Dheepan

“Dheepan”, de Jacques Audiard, ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, decepciona. Es, sin duda, una película solida, narrada con soltura, potente en su descripción de las condiciones de vida de muchos migrantes en Francia, pero limitada por la formula genérica a la que recurre en un giro final sorprendente.

 El arranque tiene la urgencia de la denuncia. Pocas escenas le bastan a Audiard para exponer las razones del exilio que, desde Sri Lanka, emprende el protagonista, acompañado de una mujer y una niña con los que formará una “familia”. Escapan de la guerra civil en su país.
Luego, se mantienen en estado de necesidad en un país desconocido y hostil. En esa larga introducción, la textura documental de las imágenes del protagonista, hombre fuerte y antiguo combatiente político, reducido al subempleo y a la venta callejera de chucherías, golpean con contundencia testimonial.
Pero luego, el personaje de Dheepan inicia un extraño proceso de asimilación. Ubicado en una vivienda del suburbio parisino que está dominado por traficantes de drogas, adopta el gesto del subalterno. Conserje de un inmueble, trabaja de modo incesante, mira la violencia sin ver el entorno, se invisibiliza, mientras que las convenciones del thriller se tensan.
El personaje positivo, luciendo la integridad propia de un guión de hierro, se prepara para el golpe de mano contra los narcotraficantes sin alma que han logrado disolver el orden en esa “tierra de nadie”. La música tonante se impone; una atractiva relación erótica y de soporte mutuo se esboza entre el protagonista y su “esposa”; aparece un personaje que conecta a la “familia” con el mundo del hampa; se juegan las cartas del suspenso. Los poderes de la ficción se imponen y tuercen el rumbo inicial del relato.
Y lo conducen al estallido final. Golpes de efecto espectaculares -pirotecnia propia del filme de acción de buenos enfrentados con malvados- transforman la indignación del drama social en el agitado paroxismo de un “Taxi Driver” suburbano.
Ricardo Bedoya
Versión ligeramente corregida del post publicado en febrero de este año.

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