Lima independiente 2016: Dead Slow Ahead

Verla el día en que se anuncia la muerte de Petter Hutton, le da un sentido especial.

“Dead Slow Ahead”, de Mauro Herce, se detiene a observar paisajes marinos, cielos cargados, siluetas recortadas sobre el espacio visual. Aunque alejada de los fantasmales y silenciosos ambientes creados por las radicales películas del estadounidense, “Dead Slow Ahead” también cultiva el laconismo. Solo hacia el final oímos algunas conversaciones entrecortadas por los persistentes ruidos metálicos de máquinas en movimiento.

La influencia de Hutton es notoria aquí, como en tantos otros documentales de los últimos años, como “Vikingland”, de Xurxo Chiro, o “Costa da morte” y “Noche sin distancia” (que se verá en esta edición de Lima independiente) de Lois Patiño. Con las diferencias del caso, son películas que extreman la observación de lo mínimo, registrando los cambios casi imperceptibles de la posición de las sombras en el paisaje o atendiendo a los ritmos visuales creados por los movimientos mecánicos de una rueda o de un engranaje.

“Dead Slow Ahead” nos ubica en el vientre de una ballena mecánica, una embarcación en viaje; la distinguimos de modo fragmentario, gracias a los sonidos que proponen una repetición invariable de ruidos maquinales y a que alcanzamos a reconocer las piezas en funcionamiento de un gran aparato que se mueve y avanza. Las únicas referencias nítidas son las del océano y el horizonte contemplado por el rostro expectante de un marino. El viaje pareciera no tener fin ni derrotero, como el de un navío fantasma. El documental desprovisto de informaciones y de afanes didácticos impulsa el recorrido libre de la cámara, que centra su interés en la máquina convertida en un organismo con vida propia, capaz de enfrentarse al océano filmado al caer la tarde, siempre amenazante.

Todo ello aleja el documental del realismo y le aporta una cuota de inquietante irrealidad, si no de fantasía. Como si ese barco resumiera todas las travesías marítimas y los imaginarios de leyenda y aventuras que se asocian a ellas.  Como ocurre en los relatos de Conrad, el autor que citaba Hutton al inicio de “At Sea”.

Ricardo Bedoya  

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