Lima independiente 2016: Balikbayan #1 Memories of Overdevelopment

Resultaría apasionante ver, en sesión continua, “Alba de América”, “1492: la conquista del paraíso”, “La real conquista del sol”, “El jardín de la tía Isabel”, “El nuevo mundo”, “Aguirre, la ira de Dios” y “Balikbayan #1 Memories of Overdevelopment”. Sería una proyección desmesurada, interminable y delirante, como el proyecto del filipino Kidlat Tahimik.

“Balikbayan #1 Memories of Overdevelopment” dialoga con todas esas películas y las desmonta. Convierte a su personaje central, Enrique de Malaca, esclavo de Fernando de Magallanes, en protagonista de la histórica circunnavegación del globo terrestre, y sitúa su punto de vista, la mirada del “subalterno”, en la voz que reconstruye la historia oficial del “descubrimiento” de Filipinas y, claro, las versiones fílmicas sobre América descubierta y conquistada.

Esta lectura poscolonial de la crónica del italiano Pigafetta, testigo del viaje de Magallanes, es la empresa individual de un hombre orquesta: Tahimik filma a inicios de los años ochenta una cinta histórica sobre el tema, pero luego la abandona. Más tarde, pasadas algunas décadas, rescata la película inconclusa, ya con signos de deterioro material, y la convierte en el filme que vemos.

Por eso, “Balikbayan #1” cuenta las historias de esa cinta inacabada, de su recuperación, del personaje central, del actor que lo encarnó, de la búsqueda de ese tiempo y ese personaje perdidos, pero también es una reflexión sobre el lenguaje como elemento central en la construcción de la identidad del “subordinado”, en la línea de los escritos de Fanon.

Es decir, del lenguaje del colonizador como factor de sujeción, convertido en norma a través de los siglos. Y de la resistencia de las lenguas nativas: el tagalo, el cebuano, el bicolano, entre otras. Las que practican los esclavos en la gesta marítima de Magallanes, las del “indio” colonizado, las del trabajador migrante de hoy, ese “balikbayan” que da nombre a la película. La del “indiecito” que encarnó el propio Tahimik en “El enigma de Kaspar Hauser”, de Werner Herzog, de la que vemos un fragmento.

Rebelión lingüística que alcanza también a las formas de representación del cine tradicional. Takimik a la manera de un Manoel de Oliveira salvaje y tercermundista ironiza sobre las casualidades de la Historia, ridiculiza sus pompas, atiende a sus personajes marginales, los que se mueven en la sombra. Y filma los ritos de la corte saboteando la solemnidad y exponiendo las imperfecciones del soporte material de las imágenes, de los fallos de la emulsión, de los efectos que ha dejado en ella el paso del tiempo.

A la manera de un cronista alternativo, el narrador omnisciente salta al pasado, nos traslada al futuro, anuncia lo que pretendía mostrar la película original,  proclama soluciones formales que son desmentidas por las propias imágenes. Y el realizador Tahimik repudia la “corrección”, se lleva de encuentro todas las normas de la sintaxis fílmica, se asegura de que nadie pueda decir que su película está “bien filmada”: el montaje resulta convulsivo  y aproximativo; la cámara desencuadra y desenfoca, eligiendo el temblor y la imprecisión del encuadre como estrategias para la composición visual; el sonido es un magma; las actuaciones rehúyen el naturalismo; la luz no busca mantener continuidad entre un plano y el siguiente; los apuntes de representación dramática se rompen, de un momento a otro, por la arbitrariedad de una performance más o menos carnavalesca.

Y las texturas visuales son un catálogo de los soportes audiovisuales usados en los últimos cuarenta años: desde la imagen fotoquímica hasta la digital, pasando por el vídeo analógico. Y todas ellos luciendo su diversidad de formatos.

Dar cuenta de la travesía de las formaciones  de las identidades poscoloniales es un empeño ambicioso y fragmentario, tanto como el de Miguel Gomes y sus “mil y una noches” . En manos de Tahimik se convierte en apología de lo híbrido, en “bricolaje” que se apropia de la herencia de Magallanes para subvertirla desde el humor y el más desafiante enfrentamiento a esas reglas del “buen decir” que acuñó el cine industrial hace más de cien años.

Ricardo Bedoya

 

One thought on “Lima independiente 2016: Balikbayan #1 Memories of Overdevelopment

  1. Pensé encontrar comentarios sobre lo que ocurrió ayer en el Mali con la proyección de “Violet” pero me doy con la sorpresa de que el mío es el primero. Sucede que ayer 04.07 estaba programada la película a las 7pm pero, ante la incomodidad de todos los asistentes que hacían cola para entrar, recién la función empezó a las 7: 30 pm, previa advertencia del presentador que la película venía sin subtítulos en español. No era el único problema por cierto: la proyección era pésima, no se veía nada, apenas unas sombras por lo que el público se levantó de sus asientos y reclamó con razón. Como no había solución tuvieron que devolvernos la plata. En el ínterin la gente comentaba que se trataba del proyector defectuoso pero no faltaron los que especularon en que nos habían tratado de pasar gato por liebre con una copia pirata bajada de internet por el cintillo que se veía encima de la proyección que hacía recordar a las muestras reservadas de las películas candidatas al Oscar. Sea una u otra causa, es una vergüenza lo que ha sucedido y es necesario que se sepa. No entiendo la actitud de muchos cinéfilos que se callan ante estas fallas de los Festivales hasta tal punto de que soy la única persona que se queja de ellas. Yo por lo menos no soy ningún “pecho frío” y tampoco me la doy de flemático como es la moda actualmente entre la gente de cine, muy confiada en sus “plataformas digitales” o razones por el estilo.

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