Festival de Lima: Las historias que contamos, de Sarah Polley

                                    

Notable la película de Sarah Polley. Una autobiografía de la directora contada a muchas voces, con actores que interpretan a personajes reales de su familia y se mezclan con parientes de sangre y amigos de su madre. Todo trascurre entre la autenticidad del registro y la representación. Vemos “home movies” que no son tales, sino recreaciones y simulacros. Pero ese artificio sirve para revelar la verdad. “Falso” o no, todo tiene el mismo valor testimonial.

No diremos cuál es el secreto familiar que la película descubre, pero la pesquisa de Sarah Polley sobre su origen resulta tan apasionante como un thriller.  Pero más allá de su complejo -pero fluido y casi transparente- método de no ficción (es un falso documental y en algo recuerda al procedimiento empleado en “Los rubios”, de Albertina Carri), la película es un retrato entrañable de tres personajes: la madre, una mujer libre (interpretada por Rebecca Jenkins); el padre biológico (encarnado por un actor) y, sobre todo, el “otro” padre, Michael Polley. Entre todos cuentan una historia familiar que no existe como memoria compartida. No se narra una anécdota conocida por los testigos. El gran secreto de la familia se construye en el momento de su enunciación ante la cámara de Polley.

Ricardo Bedoya

One thought on “Festival de Lima: Las historias que contamos, de Sarah Polley

  1. Polley roza la maestría en esta película y hace prácticamente un acto de magia con la edición, el montaje, el guión y la dirección. La primera vez que vi en pantalla a Sarah Polley fue hace unos 10 años en “La vida sin mí” de Isabel Coixet donde componía un personaje condenado a muerte por un cáncer terminal que planificaba sus últimos días y la vida futura de la gente que amaba, en una actuación tan convincente como conmovedora. Ahora cuando le toca estar, no detrás de cámaras sino en medio de ellas, algo fuera de lo común, filma la precuela de su propia vida, no como pretensión egoista sino con el único propósito de ponerse como ejemplo en la mezcla de la ficción con la realidad. Para batir palmas aún a sabiendas que en los tramos finales se agrega innecesariamente melodrama al melodrama, una cuestión de gustos más que un error que afecte al conjunto.

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