Festival de Lima: 3X3D, de Greenaway, Godard y Péra

                                                

Los 18 minutos de duración de “Los tres desastres”, el episodio de Jean-Luc Godard en esta película colectiva, son lo más libre y estimulante visto en el Festival.

Como siempre ocurre en Godard, la película es como una apostilla de otra u otras (de las “Historia(s) del cine”, que es muchas películas en una), y como un ensayo de la que vendrá, “Adiós al lenguaje”, hecha en 3D.

“Tres desastres” (3D) muestra a un Godard apocalíptico y desconcertado ante el dispositivo de la estereoscopía que tiene entre manos y, al mismo tiempo, fascinado con las posibilidades que puede hallar en él. La película es un ensayo: el cineasta prueba una tecnología y reflexiona en voz alta sobre ella. Constata que la estereoscopía impone la dictadura de lo digital y propicia la “angustia del espacio”.

El cine muta con el 3D. El aparato de registro e ilusión que inventó Lumiére se convierte en truco de feria. Las cámaras con las que se filmaron los desastres, traumas y miedos del siglo XX, se dotan ahora de trucos ópticos empleados para trivializar el horror. Las violentas imágenes de choque del cine soviético de los años veinte, pero también de “Psicosis” de Hitchcock,  que modelaron la sensibilidad del siglo pasado, se transforman en representaciones virtuales que simulan lanzar sangre de utilería ante los espectadores, como en “Destino final 5”. 

Welles y Chaplin (en una foto en la que aparece con expresión dramática), los expulsados del paraíso de Hollywood, el barroco y el clásico, son los cineastas que elige Godard como emblemas del  cine  que nos enseñó a mirar. Ambos crearon arquitecturas singulares (el espacio que sirve a la pantomima en Chaplin; la profundidad del campo visual en Welles), basados en la naturaleza bidimensional de la imagen fílmica. Y los tuertos del cine, Ford, Lang, Ray, verdaderos visionarios, son convocados para asistir al nacimiento de una técnica que ellos no hubieran podido percibir con su único ojo.  

Pero más allá del desaliento, Godard, eterno curioso, nos muestra su deseo de manipular las cámaras, de  armarlas y  construirlas a la manera artesanal. Prueba las imágenes, las refleja en un espejo,  juega con las falsas perspectivas y la profundidad del espacio virtual.  La próxima película de Godard también es en 3D. El viejo gruñón, de voz cascada, quiere seguir experimentando con esa técnica que el azar, invocado por los golpes de dados que vemos una y otra vez, ha puesto a su servicio.    

El episodio de Peter Greenaway, suerte de “arca portuguesa”, descubre lo que estaba latente en su obra: que casi todas sus películas previas (por ejemplo “The Pillow Book”) parecen haber sido concebidas para la 3D. Solo les faltó el dispositivo.

El episodio de Péra empieza con cierta gracia y termina en desastre.  

Ricardo Bedoya

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