Elle

“Elle” atrae por su afán provocador y por su “incorrección”, humor e insolencia.  También, por la presencia, a la vez inquietante y serena, de Isabelle Huppert, tan sorprendente y chabroliana como en “Gracias por el chocolate”. Como en las mejores películas de Paul Verhoeven, “Elle” es el retrato de un personaje desconcertante en su ambigüedad moral.

La trayectoria, siempre imprevisible, de la protagonista, Michèle Leblanc, revela una urdimbre más profunda: la de la “bêtise” que sustenta el mundo de la burguesía parisina. Ella se mueve en ese medio con la displicente frialdad de una gata. Ahí, donde la monstruosidad se ha normalizado, la empresaria pragmática e inteligente, de personalidad tan fuerte como impenetrable, decide ser ella misma. Se afirma en sus deseos, por más turbulentos que parezcan, y se mantiene consecuente con ellos.

Michèle nunca se parecerá a los “otros”, aquellos que pactaron con la estupidez y el conformismo, como su madre y el gigoló; el ex marido y su necia novia; la vecina católica que roza el colmo de la hipocresía o los automatizados “geeks” que se someten a las decisiones de su compleja directora. Ellos son parte del paisaje social de una Francia -tan similar a la Holanda complaciente con el ocupante nazi  que describió Verhoeven en “La lista negra” (“Zwartboek”, 2006)- en la que dominan los miedos, la doble moral y la sumisión laboral. Es el retrato al vitriolo del país que se apresta a llevar a la segunda vuelta electoral a Marine Le Pen en abril de 2017.

De ahí las ambivalencias del personaje, que se muestra autoritaria, seductora, oportunista, vengadora, amante interesada, despiadada, calculadora, agredida, acosada. Todo eso y más, dependiendo de las circunstancias y de las estrategias de los juegos de poder que emprende.[1] 

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Como suele ocurrir con la mayoría de los personajes de Verhoeven, el comportamiento de Michèle está impulsado por sus “instintos básicos”. Son los gestos y contraseñas que aseguran su supervivencia en un medio viciado.

Para ello necesita dominar. La escena de la agresión sexual adquiere valencias diferentes en el juego de tiempos y perspectivas que propone la película: el acto puede ser brutal, grotesco, punitivo, pero es también el acicate de una fantasía de venganza que busca sojuzgar al otro teniendo al deseo como motor esencial.

El impulso animal de la agresión y del dominio se encarna en la puesta en escena. La película avanza, con el sigilo de ese gato negro que contempla a Michèle sufriendo la violencia sexual. Verhoeven marca un territorio y lo filma con el estilo aparentemente desaprensivo del felino. Mueve la cámara con lasitud, instala su punto de vista de este lado de las ventanas, entre visillos, o en posiciones oblicuas, y parece contemplar desde fuera, acechante.

Así da cuenta de acciones y gestos que no permiten adivinar los propósitos de Michèle. Actos opacos que nunca serán juzgados desde el punto de vista de la corrección ética.[2]

Algo comparten la mujer observada y el gato que la mira: están movidos por instintos básicos, refractarios a cualquier sanción moral.         

En una película anterior de Verhoeven, “El hombre sin sombra” (“Hollow Man”, 2000), el científico Sebastian Caine (Kevin Bacon) aprovechaba del don de la invisibilidad que había descubierto para mirar de más y urdir una trama perversa. Veía sin ver visto y los espectadores, fascinados por su poder, compartíamos su voyerismo, deseando que sus fechorías tuvieran éxito. En “Elle”, Michèle imanta nuestra mirada –y la del gato- hasta el punto de identificarnos con sus propósitos, sin importar cuán perversos sean ellos. Como en Hitchcock –que Verhoeven conoce al dedillo-, la identificación con el “mal” propicia la mirada impune del espectador. [3]

Esa identificación arranca con las imágenes de Michèle recomponiéndose luego del asalto sexual. Compartimos su intimidad, nos exponemos a la fuerza de su deseo y somos conducidos por los caminos de la manipulación voyerista. En otra secuencia excepcional, la de la tormenta que fuerza puertas y ventanas, somos testigos, casi impúdicos, de las luchas íntimas de los personajes, una suma de forcejeos pulsionales, intercambios de roles y apuestas por la duplicidad, la simulación y la mentira.

Verhoeven lleva la película por caminos extremos e inesperados: la agresión sexual instala las acciones en el territorio de la fantasía criminal, con ingredientes que se radicalizan en el guiñol, el homor y lo onírico o fantasmagórico, como también ocurre en algunas cintas de Brian de Palma, como “Vestida para matar” o “Passion”. 

La presencia de Huppert es un asunto aparte: actúa con toda su mitología a cuestas. Su papel en “Elle” equivale al de Eastwood en “Gran Torino”. Es el rol en el que se sobreimprimen otras representaciones de sí mismos, a la manera del palimpsesto.

En la pantalla vemos a  Michèle, esa mujer irreductible, pero sobre su cuerpo y su temperamento se inscriben los personajes que Huppert hizo para Chabrol, Haneke, Honoré, Tavernier, entre otros. La intertextualidad convoca las representaciones de la actriz en “Una relación perversa”, “Un asunto de mujeres”, “La profesora de piano”, “Violette Nozière”, “Mi madre”, entre tantas otras historias de poder y maquinaciones. En el ejercicio de sus juegos de dominación, ninguno de esos personajes solicitó jamás compasión ni piedad.  

Ricardo Bedoya 

Este artículo amplía el que publiqué en este blog durante el Festival de Lima.


[1] Lo que la vincula con Rachel (Carice Van Houten), la protagonista de “La lista negra”

[2] Como ocurre en “Bella de día”, de Buñuel, con la que “Elle” guarda varias semejanzas.

[3] Es interesante cotejar “Elle” con “El hombre sin sombra”. En ellas, un personaje femenino y uno masculino, respectivamente, encaran ejercicios de un poder que construyen a pulso. Lo hacen confrontando sus propios deseos y talentos. Desatadas las pulsiones, se libran a las más inquietantes fantasías de seducción, estupro, manipulación y homicidio. Las dos películas se mueven en los campos de la irracionalidad y lo onírico. El componente fantástico es esencial en “El hombre sin sombra”. “Elle” se aleja del realismo de modo progresivo.

 

2 thoughts on “Elle

  1. Se ha estrenado comercialmente Elle? Porqué veo reseñas por todos lados? En qué cine la dan? !Avisa pues Bedoya!

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