Mujer maravilla

La Historia la reescribe Hollywood. Shoshanna Dreyfus, personaje principal de “Bastardos sin gloria”, achicharra en una sala de cine a Hitler y a la alta jerarquía nazi, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial. Ahora nos enteramos que “Mujer maravilla” hizo algo equivalente con la Gran Guerra, manteniéndose vigilante desde entonces para actuar en los conflictos bélicos de alcance masivo que se perfilen.

El cine, en el curso de su historia, ha propiciado encuentros insólitos: “Gansters contra charros”; “Hércules, Sansón y Ulises”; “Abbot y Costello con los monstruos” de la Universal, como Drácula, Frankenstein, El hombre lobo, entre otros. En “Wonder Woman” nos topamos con uno de los más delirantes. Luego de un prólogo que transcurre en tierra de Amazonas, figurado como inefable gineceo kitsch, la acción se traslada a una playa. Sobre la arena, acaso como parodia no confesada de “Rescatando al soldado Ryan”, un ejército de guerreras combate a flechazo limpio con soldados alemanes de la Primera Guerra Mundial. En la refriega, la actriz israelí Gal Gadot, verdaderamente poderosa, saca una coraza que la blinda contra cualquier dispositivo mortífero inventado en el siglo XX. Como esa, encontramos varias escenas en “Mujer maravilla”. Disparatadas, coloridas, inventivas, entretenidas, siempre escapando de las fórmulas que las franquicias exprimen sin piedad.

De la educación de exigencias espartanas, Diana, la mujer maravilla, siempre en compañía del espía que encarna Chris Pine, salta a Londres hasta donde llega con aires de ingenua Mary Poppins –pero con comentarios vivaces y sarcásticos sobre los hombres y su sexualidad en clave de feminismo para principiantes-, combate en la Guerra de Trincheras, se infiltra –como en “Notorious” de Hitchcock- a una fiesta convocada por un general de maldad absoluta, busca al Dios de la Guerra para exterminarlo, y se topa con antagonistas notables como Danny Huston y David Thewlis. La directora Patty Jenkins disfruta con lo que tiene entre manos: celebrar el dinamismo de una historieta que no exige lógica en el desarrollo, pero sí rigor en el tratamiento cinematográfico, y lo logra. Esta “Wonder Woman” bate en su terreno a Superman, a varios Batman, y a la mayoría de los figurines de Marvel.

Ricardo Bedoya             

Este comentario fue publicado en “Caretas”, edición del 8 de junio de 2017. 

 

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