El seductor

Luces filtradas, ventanas con visillos, claroscuros permanentes, rutinas invariables, noches iluminadas con velas. En el gineceo imaginado por Sofia Coppola se estudia, se practican labores manuales y se cultivan las tradiciones sureñas, sobre todo las de la cortesía y la hospitalidad. Al apacible reducto llegan, como ecos lejanos, las detonaciones de la Guerra de Secesión.

De pronto, la presencia de un yanqui maltrecho por heridas de guerra, recogido del bosque por una de las pupilas del instituto, causa una conmoción interna. O, más bien, provoca un estremecimiento íntimo, secreto.  

“El seductor” apuesta a las medias tintas, a las sugerencias, a las elipsis, a las miradas esquivas, a las presencias furtivas que se esconden detrás de las puertas para no ser reconocidas, a los deseos que se reprimen o no se dicen. Es una película silenciosa, alusiva, de imágenes evanescentes, casi espectral.

En eso se diferencia de “El engaño”, de Don Siegel, que también adaptó la novela de Thomas P. Cullinan, el tronco común de ambas, imponiendo su estilo asertivo y rudo.  Muchas otras cosas las distinguen, empezando por la presencia hipermasculina de Clint Eastwood –protagonista de Siegel-  y la ausencia de la criada negra en Coppola.

Pero eso no tiene importancia, porque “El seductor” no es apéndice del filme anterior, ni prolongación, ni remake, ni secuela. Tiene su propia identidad.

El sacrificio ritual del macho está organizado como una liturgia en dos tiempos. El de la complacencia y el del dolor. Hay dos recorridos de la niña por el bosque: en el primero salva al extraño; en el segundo obtiene los suministros para la ceremonia final. Vemos dos cenas: en una prima la amabilidad y el gesto de bienvenida; en la otra, la congelada pasividad  ante la ocurrencia de lo ineluctable. Ocurren dos seducciones: la del arrebato romántico, y la del acoso sexual delatado. Vemos dos labores manuales, las del coser y el bordar, y las que suturan los tejidos desgarrados de la pierna del yanqui. Asistimos a dos intervenciones quirúrgicas, la que busca reparar, y la que mutila y separa.

El cuento cruel es también un cuento irónico: las “vírgenes suicidas” se convierten en homicidas.

Ricardo Bedoya

3 thoughts on “El seductor

  1. Fiel a su estilo, la directora logra imponer, en la mayor parte del metraje, la atmósfera cinematográfica.Sin embargo el giro del guión, luego de la primera cena, es más bien tosco y la resolución en thriller dramático es algo inconsistente. Claro que si lo vemos como una contraparte de “Las vírgenes suicidas” parece logrado. De todas maneras no hay excusa para perderse esta buena película. Recomiendo verla en el CCPUCP donde la proyección no pierde ningún detalle.

  2. Sr. Bedoya, para usted qué cine limeño tiene la mejor calidad de proyección? Siento que en Cineplanet están de mal en peor y ahora voy solo al UVK Basadre pero tampoco siento que la calidad sea óptima. Cuál recomienda usted?

  3. Respuesta a Daniel. El Cinemark Open Plaza Angamos tiene buena proyección y las pantallas grandes. El Jockey Plaza ha mejorado. He visto buenas proyecciones en varias salas.
    El Pacífico tiene algunas buenas proyecciones, pero con altibajos.
    Cineplanet es un albur. A veces se puede encontrar una buena proyección, pero suele ser deficiente. La sala 2 del Alcázar cada vez está peor. La proyección es oscura y el sonido bajísimo.
    Pero la calidad de las proyecciones en los cines no se mantienen estables. El problema es que no hacen mantenimiento oportuno. Las lámparas languidecen y ni se dan cuenta.
    Hay salas que pueden tener buena proyección, pero es mejor no visitarlas porque solo pasan películas dobladas.

    Ricardo Bedoya

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