Semana del cine 2017: Custodia compartida (Jusqu’a la garde – Custody)

“Custodia compartida” (“Jusqu’a la garde” o “Custody”, como se le llamará en su distribución internacional), del francés Xavier Legrand, es el retrato de tres personajes: un niño y sus padres en conflicto. El muchacho es víctima de esa desavenencia. Presentada así, la película pareciera ser una variación de “Kramer versus Kramer”, pero es justamente lo contrario. La situación, más bien tópica, hubiera podido originar un filme de tesis, aleccionador y moralizante. Legrand esquiva esa posibilidad centrándose en el juego de los actores (Léa Drucker, Denis Ménochet y el formidable niño Thomas Gioria) y en la atención que presta al flujo de las emociones.

Con la lección de Maurice Pialat muy bien aprendida, Legrand filma escenas familiares que arrancan en la “normalidad” y se descomponen progresivamente hasta llegar al arrebato. Una normalidad que, por cierto, está hecha de cuentas pendientes, situaciones no resueltas y rencores. Los mejores momentos de la película son aquellos en los que se van modulando las crisis, se incrementan las tensiones y se esboza un suspenso interior. El niño es exigido a convertirse en un “informante”: ¿Cumplirá con lo que se le pide? ¿Resistirá a las tensiones?

Legrand filma la violencia y el arrepentimiento, la crispación y la distensión, de un solo tirón, como aguantando la respiración, designándolas como caras opuestas de una misma realidad. En una notable secuencia, la hija de la pareja celebra su cumpleaños cantando “Rolling on the River”. Lo hace en un estilo relajado y acompasado. En paralelo, fuera del lugar donde se desarrolla la fiesta, estalla el acoso y el maltrato. Ese pasaje de la película define bien el tratamiento de Legrand: los momentos de estabilidad son ilusorios. Están minados por algo subterráneo e incontrolable. No hay refugio.

Ricardo Bedoya

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