Festival de Cine de Lima 2019: Santiago, Italia

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Nanni Moretti aparece dos veces en “Santiago, Italia”. Contempla, en silencio, el paisaje de Santiago de Chile al inicio de la película. Luego, hacia la mitad, interrumpe el reclamo de un entrevistado. Es un militar que cumple condena por secuestro y desaparición de personas durante la dictadura de Pinochet y que sustenta, ante la cámara de Moretti, un discurso que justifica sus acciones criminales. Se queja de la supuesta parcialidad del entrevistador. Entonces, quebrando el dispositivo rígido del registro de los comparecientes en plano medio, Moretti aparece en el encuadre. Mirando al militar, le dice: “Yo no soy imparcial”.

Es imposible dejar de pensar en otra frase del propio Moretti referida a sus convicciones ideológicas de entonces y de ahora. En “Caro diario” (1993), dirigiéndose a los militantes izquierdistas de su generación, los de la militancia radical de los años setenta, luego reciclados en gerentes y banqueros cargados de mala conciencia, espetaba: “Ustedes gritaban consignas violentas. Yo gritaba consignas justísimas y ahora soy un cuarentón espléndido”

El cuarentón espléndido de los noventa, es ahora un sesentón que toma partido y presta atención al discurso de la memoria esperanzada.

Pasados los años, Moretti pone en pie de igualdad a los activistas radicales y a los contemporizadores de los años del gobierno de la Unidad Popular chilena, a los que pensaban que lo mejor era empujar la consigna de “avanzar sin transar” y a los que discrepaban con ella. Todos dicen sus razones y narran sus recuerdos. Ninguno se arrepiente de lo que hizo. Ninguno se queja de su pasado como ocurría en las películas italianas de auto castigo ideológico de los años ochenta de las que se burlaba Moretti en “Caro diario”. Todos lo hicieron porque tenían esperanza en el cambio y eso convierte en “justísimas” las consignas que se gritaron entonces. Sobre todo, a la luz de la tragedia que se vivió en 1973.

Los que ofrecen su testimonio son los “septuagenarios” espléndidos de hoy.

En “Santiago, Italia” se habla del pasado, pero también de hoy. Es la elegía por un país que ya no existe, una Italia abierta y hospitalaria, acogedora y solidaria. La que recibió, sin condiciones, a los chilenos que escapaban de la muerte en los inicios de la dictadura. Esa Italia que Matteo Salvini ahora intenta amurallar.

Ricardo Bedoya

 

 

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