El caso de Richard Jewell

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Pudo haber sido una película de pesquisa criminal, o un drama sobre los padecimientos del “hombre equivocado”, en el estilo de Hitchcock, o acaso un melodrama centrado en la madre que clama por la injusticia que se cierne sobre el hijo. “El caso de Richard Jewell” mueve algunas de esas líneas genéricas, pero sin concentrarse en ninguna de ellas. Aquí, importa sobre todo el retrato del protagonista.

Se ha dicho que la película es una apología del acto heroico realizado por el hombre común.  Sin embargo, el tratamiento de Clint Eastwood resulta mucho más complejo y perturbador que la mera exaltación del momento cumbre en la vida de un americano honesto.

Todo se concentra en esa zona de sombra que aparece hacia la mitad de la acción. Son los episodios que muestran a Richard (Paul Walter Hauser), ese muchachón bueno, apegado a su madre, ajeno a cualquier posible felonía o deslealtad, rodeado de indicios que sugieren algo ominoso, acaso nunca expresado en los diálogos, pero que las imágenes permiten suponer. En esa dimensión de lo no dicho, que se revela en el espacio de lo doméstico, está la impresión que provoca, a la distancia, el retrato que cuelga en medio de la sala de la casa de Richard. El color pardo de la imagen, la clave baja de la fotografía en esos interiores hogareños y la distancia de la cámara que evita hasta el fin el encuadre cercano, proponen una percepción equívoca del atuendo que viste Richard, acaso disfrazado con un uniforme nazi. Es como si esa foto fuera la confirmación de su militancia en alguna secta supremacista, lo que explicaría su acrítica aceptación de toda autoridad que garantice el imperio del orden.

Pero hay otros rasgos inquietantes. El “héroe” comparte su espacio más íntimo con cuchillos y armas de fuego. Las vemos sobre su cama; convive con ellas. Inmerso en una cultura de la agresión “legítima” y la defensa sin restricciones, ha naturalizado el vínculo con esos artefactos. Los límites entre el héroe y el victimario pueden ser difusos. Lo mismo que ocurre con otros personajes de la obra de Eastwood, capaces de acometer actos justicieros, pero también de liquidar o de torturar a sus rivales. En el caso de Richard, la sospecha nos asalta porque Eastwood siembra indicios oscuros que también se vinculan con el carácter del personaje. Richard es un “perdedor” crónico y esa condición, en medio de una carrera de ratas por el éxito, lo marca como sospechoso. 

Casi a los noventa años de edad, el realizador sigue observando a la sociedad de los Estados Unidos con una mirada crítica. Su admiración por la entereza de Jewell no lo conduce a la beatería ni al elogio bobo. Como muchos americanos de hoy, Richard es descrito como un “héroe”, pero también como un hijo de la cultura de la violencia, que no se diferencia, ni por su educación ni por sus preferencias, de tantos de esos sujetos que irrumpen en un lugar público disparando un arma en forma indiscriminada. Ambos parecen surgir del mismo campo de cultivo o del mismo barro. La violencia naturalizada modela por igual a los asesinos y a los héroes.

El retrato contrastado alcanza también a los otros personajes. Ahí está el personaje del abogado (Sam Rockwell), sobre el que cabe preguntarse por las razones de su intervención, acaso movida por el desinterés o por la notoriedad mediática del caso que decide asumir. O la periodista (la notable Olivia Wilde), tanto como el personaje de John Hamm, que completan el diseño de esta ficción sobre un mundo en el que toda virtud es relativa, y todo empeño por conseguir la verdad esconde un costado opaco. 

Esta es una las películas más complejas de Eastwood, ese libertario de derecha que no hace panfletos ideológicos; que cuestiona, critica y siembra dudas.  Al final, la mirada desencantada de Richard habla de la fragilidad del reconocimiento público y de la fugacidad del heroísmo. Y del fracaso de su confianza en la autoridad y en instituciones que hacen siempre lo correcto. El héroe de ocasión vuelve a ser lo que es y ya nada le importa, ni siquiera las felicitaciones del abogado que acaso sacó réditos del escándalo mediático.

Ricardo Bedoya

One thought on “El caso de Richard Jewell

  1. A propósito de esta película, resulta inevitable hablar de los premios Oscar. Revisando la lista, “El caso de Richard Jewell” solo tiene una nominación a mejor actriz de reparto a pesar de ser mejor que varias de las que están nominadas a mejor película. De nuevo Clint Eastwood aparece relegado y eso que no es un psicópata sexual ni un neonazi. Espero sus comentarios sobre este punto y en general sobre toda la selección de la Academia. Gracias.

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