Películas para ver durante el confinamiento: Zodiac

Escenas Películas : Zodiac ( 2007 ). Director de fotografía ...

 

“Zodiac” se puede ver en Netflix. Aquí va, con algunas modificaciones, un artículo que publiqué en el momento de su estreno. 

La de “Zodiac”, de David Fincher, es una narración irresuelta, de exposición morosa, analítica, lenta, que apunta a líneas dispares del cine criminal, sin afiliarse a ninguna. Pero esas características no son limitaciones; por el contrario, aportan singularidad a una pesquisa que parece llegada de otra época. Acaso de los años setenta, cuando algunas películas de Hollywood podían darse el lujo de ser reflexivas y maduras, alejándose de los estándares de emoción del cine de géneros de hoy.

Los antecedentes de “Zodiac” hay que buscarlos en algunas películas de Alan Pakula, Sidney Pollack, Francis Coppola y Sidney Lumet, apasionados por el tema de la búsqueda de la verdad más allá del deber y de las posibilidades racionales de éxito, con sus protagonistas extraviados en un laberinto de apariencias, víctimas de una amenaza criminal que se extiende como un virus. El mal es ubicuo, lo contamina todo. Perseguidores y perseguidos, investigadores y sospechosos, están bajo el dominio de un dispositivo panóptico que permite que todos se vigilen con independencia de sus culpas y responsabilidades.

Y es que “Zodiac”, como “La conversación”, de Coppola, “Los tres días del Cóndor”, de Pollack, “The Parallax View”, de Pakula, “The Anderson Tapes” y, luego, “El príncipe de la ciudad”, de Lumet, es heredera del cine de Fritz Lang, ese cineasta de la culpa difusa, de la verdad esquiva, de los mensajes cifrados, de las ciudades asoladas por el miedo, de la investigación policial representada como un laberinto en el que los indicios se reflejan al infinito, como en un salón de espejos, creando pasadizos de confusión.

Como en el Lang de “Mientras la ciudad duerme” o “Más allá de la duda”, aquí no importan las conclusiones ni el descubrimiento de “quién lo hizo”, sino la trayectoria y los vericuetos de la pesquisa, esa dramaturgia hecha de hipótesis que se reformulan, de conversaciones que dan materia y textura a la película, y de pistas que llevan solo a otras pistas. Es un recorrido mental y no físico, en el que prima el debate conceptual y el examen de los indicios, tesis y probabilidades. La exposición se extiende para hacernos compartir los meandros de la investigación y para trazar los cambios de la sensibilidad ciudadana frente a los crímenes y la presencia de Zodiac: del terror se pasa al aprovechamiento mediático, a la construcción de la mitología del asesino serial, al desgaste de la investigación, a la insistencia obsesiva del periodista, al olvido colectivo, a la memoria que se diluye y al  sentimiento de fracaso que sobrevive.  

Zodiac es también una película sobre el trauma social y el modo en que lo procesa el tiempo y la historia. Aparece como una “docuficción”, a la manera de un expediente abierto sobre el hecho criminal que impactó en San Francisco, registrando el miedo colectivo y el sentimiento del duelo inicial provocado por las heridas causadas por un asesino que, con el paso del tiempo, termina convertido en un personaje de ficción, en amenaza imaginaria, en el Scorpio que enfrenta el inspector Harry Callahan, llamado “el sucio”, en la gran película de Don Siegel con Clint Eastwood. Las dos horas cuarenta de duración de “Zodiac” extienden la sensación del laberinto, a la vez verificable e imaginario, del caso criminal y dan cuenta de la dificultad o imposibilidad de salir de él.

“Zodiac” erradica el suspenso, que es la materia prima del thriller. Mejor, socava las expectativas en las que se asienta el suspenso. Fincher dinamita el clima de sórdida amenaza que distinguía a “Pecados capitales” (“Se7en”), con su montaje tenso, sus imágenes grises y metálicas y su atmósfera de miedo apocalíptico. En “Zodiac”, el tratamiento de los asesinatos resulta muy expresivo. Los ataques de Zodiac son breves, acotados, filmados con un sentido de lo ineluctable que apunta a la tensión dramática pero no al suspenso: la única expectativa es la de saber en qué momento el asesino apretará el gatillo, ya que el crimen mismo es la conclusión conocida. La fotografía nunca apunta las sombras de la amenaza; todo luce equilibrado, medido, directo, con la luminosidad de la que carecen los indicios y los jeroglíficos del criminal. En vez de las  consabidas escenas de frenesí policial y caza al hombre, las acciones trascurren entre las oficinas del diario u otros espacios donde se cotejan pruebas, se formulan hipótesis, se discute el impacto de lo que ocurre y se vuelve a fojas cero para recomenzar. “Zodiac” es un signo de interrogación y un misterio permanente.

Ricardo Bedoya

 

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