Berlinale 2021: Hamaguchi y Sciamma

Pre- and Post-Pandemic Rohmer: Ryūsuke Hamaguchi on Berlinale 2021  Premiere Wheel of Fortune and Fantasy | Filmmaker Magazine

“Wheel of Fortune and Fantasy” (“Guzen to Sozo”, en la foto), del japonés Ryusuke Hamaguchi, es la mejor película que he visto en lo que va de esta edición de la Berlinale.

En el primer episodio, de los tres que la conforman, una de las protagonistas, comentando la historia de un encuentro amoroso que le es narrada, afirma: “no sabía que una conversación puede ser erótica. Que las palabras pueden serlo”. Durante poco más de dos horas, Hamaguchi pone en escena el erotismo de las palabras. Y las encarna en tres “cuentos morales” que, por supuesto, reciben la influencia de Rohmer, aclimatada por Hong Sang-soo.

Erótica que se basa en la precisión de los diálogos, en la inteligencia de las réplicas y en la capacidad de las razones dichas para persuadir, seducir, y forjar o restablecer amistades. Erotismo incitado por las diversas formas de entonación de las palabras y sus modulaciones verbales: la discusión airada de los celos o el reproche, la lectura del pasaje sugestivo de una novela, los diálogos que “performan” o improvisan dos “amigas”. Todas esas palabras resuenan en espacios acotados, con la cámara puesta al servicio de los interlocutores, eligiendo la distancia y el ángulo preciso para registrar sus expresiones de sorpresa, confusión, embarazo, excitación o desconfianza.  

El primer “cuento” narra la historia de un triángulo amoroso, pero lo hace jugando con las coincidencias y las probabilidades y con los encuentros fortuitos o forzados. Son las tensiones del deseo y la competencia amorosa filmadas a la manera de un homenaje a Hong Sang-soo, con un decisivo zoom incluido (recurso que se repite luego).      

El segundo episodio es extraordinario. Una puerta es la frontera que separa el mundo interior de un profesor y novelista de sus alumnos y de cualquier posible maledicencia acerca de su comportamiento privado. Pero esa frontera es violada por una antigua alumna que llega a ponerlo a prueba y a tenderle una trampa. La trampa de las palabras que él mismo escribió. La alumna va leyendo el fragmento erótica de una de sus novelas y la tensión se instala de un modo creciente, con los personajes casi inmóviles en un espacio que se hace sofocante. La excitación carga el ambiente hasta que llega un momento culminante, que se convierte en un giro ejemplar de la acción. Las palabras que describen la sexualidad genital se transforman en palabras que refieren otro tipo de erotismo, acaso cerebral y mediado, pero frontal y honesto. Más tarde, cuando las palabras se convierten en grafías y mensajes informáticos, todo se trastorna.

El tercer episodio se ambienta en un tiempo futuro o presente, lo mismo da. Un virus informático ha desconectado a muchísimas personas, lo que propicia los encuentros directos, cara a cara.  Y los diálogos, verdaderos o engañosos, ciertos o equívocos. Y la representación con todo lo que revela de verdad y de mentira.  Hamaguchi,  luego de  “Happy Hour” y “Asako I & II”, ya juega en la liga de los mejores.

Céline Sciamma se revela en la Berlinale como una de las directoras de este  tiempo

En “Petite Maman” (en la foto), de Céline Sciamma, la nitidez de las imágenes, el tratamiento despojado de efectos, la banda sonora sensible a los ruidos del campo y de la lluvia al caer sobre las hojas secas, la atmósfera otoñal y el protagonismo de una pequeña de ocho años que acompaña el luto de su madre, nos conducen, de modo progresivo y natural, sin quiebres ni torsiones temporales, a un espacio de transición, ente el pasado y el futuro.

“Petite Maman” nos ubica en el umbral. El del crecimiento de la niña, que viene de asistir a la muerte de la abuela, pero también el del conocimiento del pasado de su madre. Nelly no pasa al otro lado del espejo, como Alicia. Por el contrario, se mantiene en un mundo intermedio hecho de juegos e intercambios con otra pequeña, llamada Marion, a la que encuentra en el bosque vecino a la casa donde vivió la abuela. Las amigas se juntan y comparten juegos y fantasías, pero también establecen papeles y se lanzan a actuar.

Se asignan identidades, aprenden a reconocerse en las experiencias de la otra, desempeñan roles de género asimilados en su educación; mientras una viaja al pasado, la otra vislumbra el futuro. Nelly penetra en el secreto familiar, reconoce los miedos nocturnos de la madre, mientras que Marion la invita a una casa cuyos pasillos y estancias son casi intercambiables con la de la abuela fallecida.

Sciamma  nos desliza hacia un tiempo y un espacio que es reconocible e indeterminado a la vez. Intuimos lo que ocurre por indicios, pequeños datos, signos que se descubren. Lo inquietante, propio del más auténtico clima fantástico, se asoma en el juego de reflejos, correspondencias e identificaciones entre las dos niñas.

Los ecos de varias películas se asoman aquí: desde “Ponette” hasta “El otro”, desde “Cría cuervos” hasta “El espíritu de la colmena”. Y hasta “Persona”. Los secretos y complicidades de las pequeñas protagonistas son incomparables y de una complejidad formidable.  Es la mejor película que he visto de Sciamma.  

Ricardo Bedoya

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