Berlinale 2021: Juste un mouvement, de Vincent Meessen

Juste un mouvement de Vincent Meessen (2021) - UniFrance

“Juste un mouvement”,  del belga Vincent Meessen, es la mejor película que vi en la sección Fórum.

Intelectual y político senegalés, Omar Blondin Diop, fue también actor en “La Chinoise”, de Jean-Luc Godard. Tenía un pie en la cultura francesa, era militante en la Universidad de Nanterre y estudioso de Foucault, Derrida y Althuser; fue deportado de Francia en 1969, luego de participar en los sucesos de Mayo de 1968. El otro pie lo tenía puesto en la  actividad política senegalesa, oponiéndose al régimen de Senghor. Diop murió en una cárcel ubicada en una isla cercana a Dakar. El perfil del personaje es el punto de entrada a una película apasionante y compleja.

“Juste un mouvement” no es una biografía de Diop, aunque se expongan muchas informaciones sobre su trayectoria y veamos diversos testimonios sobre su personalidad. Es más bien un ensayo que tiene a “La chinoise” y al Godard de los tiempos de Mayo como puntos de referencia. Mejor, “La Chinoise” es releída a la luz del pensamiento poscolonial.

“Es una película en proceso de hacerse”, decía Godard, y eso es lo que vemos aquí: una película que se va haciendo mientras contrasta el pasado y el presente: Nanterre y Dakar; la vieja prisión y el museo actual; el paternalismo colonial de Francia en tiempos de Pompidou y Senghor y el “soft power” de la China de hoy; el Libro Rojo de Mao convertido en “catecismo” y las acciones políticas destinadas a obtener fines concretos; los radicalismos de entonces y el desconcierto y la desmovilización del presente. Las luchas de otrora, que buscaban el cambio del sistema social, y las actuales contra la corrupción.

Entre un tiempo y el otro vamos viendo cómo se eligen las imágenes que mostrarán el cambio de los tiempos, actitudes y sensibilidades. “Pas une image juste, juste une image”, repetía Godard. No hay imágenes ciertas, definitivas, ajustadas a la verdad. Solo hay imágenes que se eligen para dar cuenta de lugares y situaciones abiertas al debate.

Como las del asistente de dirección que descubre el lado histriónico y retórico de Godard. Como las de los raperos que interpretan a su manera los problemas actuales de Senegal. Como las de los amigos de Diop, filmados en penumbras, que revelan las convicciones y contradicciones del personaje, convertido en “prohombre”, y su tiempo. Como las del representante del gobierno chino que, haciendo derroche de pragmatismo, critica las formas arquitectónicas y la funcionalidad del edificio que su propio régimen diseño y regaló al gobierno senegalés. Como las del maestro de artes marciales que busca el movimiento correcto, pero solo encontrará un movimiento.  Como las de la intelectual que intenta explicar los sentidos de “La chinoise” en una película, pero solo duplica las “performances” de los chicos parisinos y el senegalés jugando a ser “guardias rojos” en el clásico de Godard.  

Ricardo Bedoya  

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