Semana del cine 2021: Las cosas que decimos, las cosas que hacemos

Si os gustáis, pos liaros: 'Les choses qu'on dit, les choses qu'on fait'

El cine del francés Emmanuel Mouret privilegia la palabra de acentos literarios (Les Choses qu’on dit, les choses qu’on fait, 2020), el gesto romántico y la exposición de las confusiones amorosas (Un baiser s’il vous plaît, 2007), los encuentros seductores  (L’Art d’aimer, 2010), los amores furtivos, los enredos del amor y el deseo y la teatralidad asumida (Mademoiselle de Joncquières, 2018), la ilusión de la búsqueda de la pareja ideal y los placeres veraniegos (Vénus et Fleur, 2004). Sus películas tienen un tono agridulce, ligeramente melancólico. Le interesa sobre todo trazar perfiles claros de los personajes y observar los vínculos que se crean entre ellos, mientras se ligan gracias a los diálogos, escritos con una soltura y una gracia de estirpe literaria, cercana a la que marcan algunas películas de Éric Rohmer.

Pero ese gusto por la palabra justa no hipoteca el cine de Mouret, dejándole libertad para filmar los cuerpos de sus actores (Frédéric Niedermayer, Vincent Macaigne, o filmándose a sí mismo) y actrices  (Julie Gayet, Frédérique Bel, Virginie Ledoyen, Émilie Dequenne) preferidas, a las que muestra con delectación, y para aportar un aire de espontaneidad e improvisación que se descubre en los gestos de torpeza, de confusión o timidez de sus personajes, que se descubren en medio de una confusión sentimental y no saben como manejarla, si concentrándose en el cálculo de las posibilidades amorosas o librándolas al azar.

Sus películas más logradas son Mademoiselle de JoncquièresLas cosas que decimos , las cosas que hacemos.

Las cosas que decimos, las cosas que hacemos es una historia de encuentros inesperados y de historias que se cuentan. Maxime (Niels Schneider) conoce a Daphné (Camélia Jordana) cuando llega a visitar a su primo François (Vincent Macaigne), pero él no se encuentra en su casa en el momento del arribo de Maxime. Lo atiende su pareja, embarazada de tres meses, lo que les da la oportunidad de conocerse y conversar. ¿Y de qué se habla? De relaciones amorosas, de decepciones e intimidades.

Historias que se relatan impulsando las representaciones del pasado, pero también las fantasías novelescas de Maxime, aspirante a escritor, contrastadas con teorías sobre el amor y el deseo, sobre la amistad y las afinidades cultivadas por las parejas como sustentos de sus relaciones. Teorías sobre el galanteo, los deberes de la pareja y la fidelidad que se plantean como imperativos morales, sobre todo por parte de Daphné. Ella encarna un modelo de racionalidad con la que intenta resguardarse de la vulnerabilidad de los afectos. Maxime, en cambio, dice que no busca escribir sobre el amor, sino sobre los sentimientos, lo que lo predispone a las sorpresas y las volteretas que reservan las emociones. Pero las teorías no siempre se encarnan en las acciones. Las cosas que se dicen no son las cosas que, por fuerza, se hacen.

El contraste entre los dichos y los hechos, el gusto por la contradicción, la dimensión novelesca de los relatos, las paradojas que definen al personaje de Maxime, que es novelista, pero que prefiere hablar y contar -más bien con aire de inseguridad e incertidumbre-, antes que escribir, definen la película. En este cine de personajes, la puesta en escena está modelada por el ritmo de las palabras, pero también por la precisión de un montaje que liga la experiencia del pasado con el presente de proceso afectivo que va trasformando a los personajes, a los que vemos trastabillar, contradecirse, exponer sus fragilidades y enamorarse, aun cuando ello suponga desdecirse e ir contra esos principios que alguna vez proclamaron, pero que no quedaron grabados en piedra.   

Ricardo Bedoya

Declaración: soy director artístico de la Semana del Cine.

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

*
*
Website