Boyhood, de Richard Linklater

 

El estreno se anuncia para el 11 de setiembre y hay que celebrarlo. Boyhood, de Richard Linklater, es excepcional. El comentario más largo irá en ese momento, pero ahora les cuento mi entusiasmo por la película.

Su simplicidad narrativa encierra muchas capas de complejidad. Es un historia de crecimiento. Al protagonista lo conocemos en la infancia y lo vemos hacerse púber y, luego, adolescente. Pero también vemos los cambios físicos en los cuerpos de los actores (Ethan Hawke está extraordinario), del medio social, de los dispositivos de comunicación, de los afectos y vínculos personales, de la sociedad estadounidense, de las cosas de la vida. La película es íntima y universal. Linklater filma la casa y el mundo.

De paso,  recorre y enriquece las mejores tradiciones del cine de los Estados Unidos: Boyhood no solo en una película sobre la maduración personal, también es un filme de viaje, un drama familiar, una historia del Oeste, una “teen movie”, un relato de aprendizaje, una “Americana”, y un acercamiento casi antropológico a los modos de ser y a las prácticas sociales de las familias americanas en ciertos lugares de ese país.

Ricardo Bedoya

 

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