{"id":1242,"date":"2015-02-14T14:05:26","date_gmt":"2015-02-14T14:05:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginasdeldiariodesatan.com\/pdds\/?p=1242"},"modified":"2015-02-14T14:05:26","modified_gmt":"2015-02-14T14:05:26","slug":"50-anos-de-hablemos-de-cine","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=1242","title":{"rendered":"50 a\u00f1os de Hablemos de cine"},"content":{"rendered":"<p><strong>El 15 de febrero de 1965, hace cincuenta a\u00f1os, apareci\u00f3 la primera edici\u00f3n de <em>Hablemos de cine<\/em>, la revista peruana que influy\u00f3 tanto sobre\u00a0la cr\u00edtica de cine\u00a0en Am\u00e9rica Latina. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Para recordarla, transcribo, con ligeras correcciones, el texto que publiqu\u00e9 en el libro <em>100 a\u00f1os de cine en el Per\u00fa. Una historia cr\u00edtica,<\/em> editado en 1992<em>\u00a0<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">El 15 de febrero de 1965 apareci\u00f3 el primer n\u00famero de una revista mimeografiada que, en el curso de sus 21 a\u00f1os de existencia, lleg\u00f3 a convertirse no s\u00f3lo en la primera del periodismo cr\u00edtico peruano sino tambi\u00e9n en una cantera de cr\u00edticos y cineastas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">Los fundadores de <i>Hablemos de Cine<\/i> fueron un grupo de j\u00f3venes vinculados tanto por sus estudios en la Universidad Cat\u00f3lica del Per\u00fa como por la pasi\u00f3n por el cine, forjada en sus frecuentes visitas a los cine clubes lime\u00f1os de los iniciales a\u00f1os sesenta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">El nombre de la publicaci\u00f3n traz\u00f3 un programa: se buscaba discutir, disentir, mover el ambiente cultural con ideas renovadoras de la cr\u00edtica de cine que estaban entonces en el aire del tiempo. La pol\u00edtica de los autores; el descubrimiento y estudio del cine de los Estados Unidos, sobre todo en las vertientes que no hab\u00edan sido sancionadas por la &#8220;alta cultura&#8221;; la puesta en escena como expresi\u00f3n de un punto de vista sobre el cine y la realidad; la exaltaci\u00f3n de pel\u00edculas que, en resumen, y al decir de Truffaut, revelaran una visi\u00f3n del mundo y una concepci\u00f3n del cine. Tales fueron las l\u00edneas maestras de sus principios cr\u00edticos, ejercitados como un \u201clangage de coeur\u201d, demostraci\u00f3n de ese &#8220;arte de amar&#8221; que postulaba Jean Douchet -abanderado de la cinefilia parisina de comienzos de los a\u00f1os sesenta- como definici\u00f3n de la actividad cr\u00edtica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Arial; font-size: medium;\">Se trataba, pues, de imponer, cueste lo que cueste, las virtudes de las pel\u00edculas que expresaran mejor las convicciones y el mundo de los autores intocables. Es decir, entre otras, <i>Viaje a Italia (Viaggio in Italia<\/i>, 1953) de Rossellini, <i>Los invasores (Merril&#8217;s Marauders<\/i>, 1962) de Samuel Fuller, <i>Marcha de valientes (The Horse Soldiers<\/i>,1959) de John Ford, <i>La carroza de oro (Le Carrosse d&#8217;Or,<\/i> 1953) de Jean Renoir, <i>Rebelde sin causa (Rebel Without a Cause,<\/i> 1955) de Nicholas Ray, <i>Anatom\u00eda de un asesinato (Anatomy of a Murder, <\/i>1959) de Otto Preminger. De ellas se habl\u00f3 con fervor en la revista y fueron el sustento de la programaci\u00f3n habitual de los cine clubes que administraban sus miembros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Arial; font-size: medium;\">El hablar sobre cine era consecuencia de ver sin pausa, y con bastante prisa, todo tipo de films. Cottafavi y Godard, Mario Bava y Resnais, Richard Quine y Jacques Becker, eran nombres habituales para los lectores de la revista y para los asistentes al Cine Club de la Universidad Cat\u00f3lica, programado por los miembros del comit\u00e9 de redacci\u00f3n inaugural: Isaac Le\u00f3n Fr\u00edas, director de la publicaci\u00f3n, Federico de C\u00e1rdenas, Juan M. Bullitta (1944-1990) y Carlos Rodr\u00edguez Larra\u00edn (1945-1989).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: medium;\"><span style=\"color: #000000;\">Los postulados cr\u00edticos de Hablemos de Cine<i> <\/i>proven\u00edan, claro, de los que logr\u00f3 imponer la revista francesa <i>Cahiers du Cinema<\/i><i>,<\/i> filtrados por la visi\u00f3n peninsular, plena de energ\u00eda ib\u00e9rica, que se reflejaban en la m\u00e1s accesible, vistosa y conservadora revista <i>Film Ideal<\/i>.<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: medium;\"><span style=\"color: #000000;\">Fue el entonces sacerdote agustino Desiderio Blanco el que introdujo en cursos de divulgaci\u00f3n y seminarios escolares y universitarios, los rudimentos de la <i>politique des auteurs <\/i>y los<i> <\/i>fundamentos de la transparencia de la imagen y el realismo fenomenol\u00f3gico como criterios para la apreciaci\u00f3n y la pr\u00e1ctica f\u00edlmicas. Sus<i> <\/i>ense\u00f1anzas fueron el abono de las convicciones de <i>Hablemos de <\/i><i>Cine<\/i>: las ideas expresadas en una pel\u00edcula deb\u00edan ser hallazgos de la puesta en escena y no del montaje o producto del di\u00e1logo. Los autores de las pel\u00edculas no eran los que las escrib\u00edan sino los que las realizaban; en consecuencia, la sustancia de un film no se hallaba en su &#8220;tema&#8221;, sino en las im\u00e1genes, su tratamiento, en su disposici\u00f3n formal y estructural.<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: medium;\"><span style=\"color: #000000;\">Los veinte primeros n\u00fameros de <i>Hablemos, <\/i>todos mimeografiados, fue\u00adron textos de combate, destinados a conmover las asentadas convicciones de los asiduos cineclubistas, proclives al pl\u00fambeo cine de Zinneman, Stanley Kramer, Jean Delannoy o Jean Paul Le Chanois, pero tambi\u00e9n a refutar las opiniones y afirmaciones de los cr\u00edticos de cine de los diarios de entonces. Alfonso Delboy, Hugo Bravo, Percy Gibson, diestros en reordenar las informa\u00adciones de los materiales de prensa y en sentenciar con iron\u00eda &#8211;como Del\u00adboy-, desinformaci\u00f3n o desd\u00e9n, hallaron en los redactores de la revista a encarnizados contradictores.<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: medium;\"><span style=\"color: #000000;\"><i>Hablemos <\/i>contestaba las intenciones piadosas y los temas &#8220;significantes&#8221;; recusaba el teatro filmado; apostaba por los g\u00e9neros h\u00edbridos o bastardos; combat\u00eda toda sobreestimaci\u00f3n de la &#8220;t\u00e9cnica&#8221;; elogiaba al <em>peplum<\/em><i> y <\/i>al menospreciado <em>western<\/em>;<i> <\/i>valoraba las rupturas de tono, la mezcla de g\u00e9neros, los films &#8220;enfermos&#8221;. Exig\u00eda que el director fuese capaz de proyectar su persona\u00adlidad y convicciones y postulaba que todas las pel\u00edculas, como las de Godard analizadas por Peter Wollen, deb\u00edan conjugar riqueza conceptual, belleza de imagen y verdad documental. Y mejor a\u00fan si, para lograrlo, el cineasta propon\u00eda al espectador una experiencia casi de tipo sensorial, en la que la c\u00e1mara, sus movimientos y el ajustado montaje invitaban a la fruici\u00f3n cin\u00e9tica.<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">Eso explica el amor de los redactores por las cintas centradas en la traves\u00eda de un personaje que se transforma en el itinerario f\u00edsico, que es tambi\u00e9n el curso del relato. Como en los esenciales westerns de Anthony Mann, como en <i>V\u00e9rtigo<\/i> (1958) de Hitchcock.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">La segunda etapa de <i>Hablemos<\/i> se<i> <\/i>inicia con el n\u00famero 21 -abandonado el mime\u00f3grafo, es el primero que sale de una imprenta e incluye fotos\u2014, editado en enero de 1966, y se prolonga hasta la edici\u00f3n 62 de 1972. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">Fue el per\u00edodo de la incorporaci\u00f3n de colaboradores extranjeros. Franceses como Bertrand Tavernier o Michel Ciment y espa\u00f1oles como Jes\u00fas Mart\u00ednez Le\u00f3n, Vicente Molina Foix, Miguel Mar\u00edas, Manolo Marinero. Ellos aportan valiosos textos para el diccionario de realizadores norteamericanos que la revista publica en ediciones sucesivas entre los n\u00fameros 39 y 46. Profesi\u00f3n de fe americanista que camina en paralelo con una revisi\u00f3n de la obra de cineastas europeos poco apreciados en la etapa inicial. Bergman y Bu\u00f1uel, antes recusados, eran son objeto de atenci\u00f3n y an\u00e1lisis.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">Pero esos fueron tambi\u00e9n los a\u00f1os de la apertura a ese cine latinoame\u00adricano que se revela para los redactores con la fuerza y la vitalidad que luci\u00f3 en el Festival de Vi\u00f1a del Mar de 1967. Enganchados a un presente turbulento, a pr\u00e1cticas cinematogr\u00e1ficas que se propon\u00edan como modelos excluyentes, a proposiciones dogm\u00e1ticas que divid\u00edan el cine mundial en categor\u00edas ternarias, <i>Hablemos <\/i>pierde la virginidad y el espiritualismo de las afirmaciones bazinianas, para dar lugar a la pol\u00e9mica y la discusi\u00f3n del Cinema Novo<i>, <\/i>del cine argentino militante y apreciar el cine cubano de la agitaci\u00f3n documental.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">No obstante, la l\u00ednea cr\u00edtica madura en la continuidad y en las p\u00e1ginas de la revista coexisten la admiraci\u00f3n por pel\u00edculas que encamaban las m\u00e1s diversas y hasta opuestas filosof\u00edas de la representaci\u00f3n. Es decir, por <i>Antonio Das Mortes<\/i> (de Glauber Rocha, 1969) y por <i>La pandilla salvaje (The Wild Bunch<\/i> de Sam Peckinpah, 1968); por <i>San Bernardo (Sao Bernardo<\/i> de Leon Hirzman, 1971) y por <i>R\u00edo Lobo (<\/i>de Howard Hawks, 1970); por <i>Memorias del subdesarrollo<\/i> (de Tom\u00e1s Guti\u00e9rrez Alea,1968) y por <i>El amargo fin (The Happy <\/i><i>Ending <\/i>de Richard Brooks, 1969).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">Tal fue la virtud de Hablemos<i>. <\/i>Conserv\u00f3 la diversidad de las preferencias y lo plural del gusto, rehuyendo el eclecticismo nivelador y las concesiones al gusto promedio. No cedi\u00f3 a las consignas tercermundistas, aun cuando algunas formulaciones de la intolerancia encontraron cabida en sus ediciones, aunque en calidad de informaci\u00f3n y sin comprometer la opini\u00f3n del Consejo de Redacci\u00f3n, al que fueron uni\u00e9ndose Pablo Guevara, Antonio Gonz\u00e1lez Norris, Marino Molina Cabada, C\u00e9sar Linares, Francisco Lombardi, Nelson Garc\u00eda, Mario Tejada, Ricardo Gonz\u00e1lez Vigil, entre otros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">Luego vino la experiencia de la &#8220;modernidad&#8221;, fruto del encuentro de los redactores con la &#8220;Teor\u00eda Cultural&#8221;. El fermento de las lecturas de Barthes, L\u00e9vi Strauss o Metz se manifesta en los atisbos semiol\u00f3gicos de los primeros a\u00f1os setenta, \u00e9poca del inicio de la tercera etapa de <i>Hablemos, <\/i>inaugurada con el n\u00famero 65, de 1973, de periodicidad anual en los primeros tiempos, y de disgregaci\u00f3n y luego recomposici\u00f3n del equipo fundador.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">Fue la \u00e9poca del ingreso de los nuevos colaboradores, Jos\u00e9 Carlos Huayhuaca, el colombiano Andr\u00e9s Calcedo, Reynaldo Ledgard, Augusto Tamayo San Rom\u00e1n, Constantino Carvallo, Guillermo Ni\u00f1o de Guzm\u00e1n, Ricardo Bedoya. Los textos ganan en extensi\u00f3n, densidad y especializaci\u00f3n. Se abandonan pronto los est\u00e1ndares ling\u00fc\u00edsticos, pero se mantiene la percepci\u00f3n de las pel\u00edculas como un complejo formal, dram\u00e1tico, significativo, como una estructura coherente que es preciso analizar. Se multiplican los ensayos y las entrevistas. Herzog, Saura, Polanski, Jancs\u00f3, Schrader, Rohmer, son interrogados exhaustivamente, en entrevistas exclusivas. Se analizan y admiran los &#8220;cantos de cisne&#8221; de los viejos maestros: <i>El \u00falt\u00edmo secreto de Sherlock Holmes (The Private Life of Sherlock Holmes, <\/i>1970) y <i>Fedora (<\/i>1978) de Billy Wilder, <i>El hombre que burl\u00f3 a la mafia (Charley Varrick<\/i>, 1973) de Don Siegel, <i>El hombre que ser\u00eda rey (The Man Who Would Be King<\/i>,1975) de John Huston o <i>M\u00e1s all\u00e1 de la gloria (The Big Red One, <\/i>1980)<i> <\/i>de Samuel Fuller. Pero tambi\u00e9n se deja constancia cr\u00edtica del surgimiento de los grandes cineastas de lo que entonces era a\u00fan el futuro (Scorsese, Wenders, Allen).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">De pronto, los miembros de la revista deciden imprimir una \u00faltima edici\u00f3n, que no llega a ver la luz. En setiembre de 1986<i>, <\/i>luego de 21 a\u00f1os y 77 n\u00fameros publicados, <i>Hablemos de Cine <\/i>deja de aparecer.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Arial; font-size: medium;\">Los motivos de la extinci\u00f3n fueron, entre otros, la inflaci\u00f3n desbocada, el incremento de los costos de edici\u00f3n, cierto desaliento extendido entre el equipo de redactores y su decisi\u00f3n de pasar a otra cosa o dedicarse con exclusividad a labores que desarrollaban desde antes: la realizaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica en algunos casos; la cr\u00edtica period\u00edstica en otros; el trabajo de archivo y filmolog\u00eda; la docencia; proyectos personales, alejados del cine, en m\u00e1s de un caso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">El cine peruano, su existencia y desarrollo, fueron preocupaciones constantes de <i>Hablemos. <\/i>La revista, desde sus primeras ediciones, se\u00f1al\u00f3 la necesidad de contar con el amparo legal suficiente para que el cine nacional no estuviera librado a las reglas de un mercado que s\u00f3lo admit\u00eda las coproducciones con M\u00e9xico o las cintas puestas al servicio de la figuras de la TV. Polemiz\u00f3 luego con Armando Robles Godoy, cineasta de la imagen por la imagen, arrogante y orgulloso de sus significantes, posici\u00f3n contrapuesta a la de <i>Hablemos, <\/i>para la que el rigor de toda escritura cinematogr\u00e1fica pasaba por cierta austeridad de la forma y por dar cuenta, a la manera de un reporte casi meteorol\u00f3gico, del temple y consistencia del mundo exterior. Critic\u00f3 la Ley de Promoci\u00f3n a la Industria Cinematogr\u00e1fica en el momento de su promulgaci\u00f3n. Se\u00f1al\u00f3 como sus defectos o carencias, la inexistencia de un organismo apto para regular su aplicaci\u00f3n y la ausencia de los mecanismos financieros necesarios para asegurar la producci\u00f3n de largometrajes, sustento de una actividad permanente del cine peruano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">En sus ediciones aparecieron entrevistas &#8211; algunas tensas y \u00e1speras \u00adcon realizadores de cortos y largos, como Federico Garc\u00eda y Francisco Lombardi &#8211; que particip\u00f3 tambi\u00e9n del Consejo de Redacci\u00f3n, y se dio cuenta cr\u00edtica de las circunstancias y pel\u00edculas del cine nacional hasta 1986.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">La pol\u00edtica de autores, caballo de batalla del primer <i>Hablemos<\/i>, forma parte ya del conocimiento general. Lo mismo ocurre con la percepci\u00f3n de determinadas exigencias de calidad y criterios que introdujeron <i>Hablemos de Cine<\/i> <i>y <\/i>la labor period\u00edstica de algunos de sus miembros. En cierta forma, y con el transcurso del tiempo, la opini\u00f3n de la revista dej\u00f3 paulatinamente de ser una actividad heterodoxa para insertarse en lo que es una tendencia creciente en el campo de la cr\u00edtica y el estudio del cine en los a\u00f1os noventa: la gradual institucionalizaci\u00f3n de lo que alguna vez fue una suma de inconformismos. Hecho que, a su vez, quiz\u00e1 sea reflejo de la amplitud y solidez actual del campo de conocimientos adquiridos por la cr\u00edtica, la teor\u00eda, el pensamiento sobre el cine frente a la fragilidad y debilidad conceptual o te\u00f3rica de sus inicios. O la respuesta inconsciente a ese deterioro del debate cr\u00edtico sobre la cultura en el Per\u00fa, perceptible en los \u00faltimos a\u00f1os.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Arial; font-size: medium;\">Urgidos por la necesidad de sobrevivir, los cineastas, aquellos que hacen del cine una pr\u00e1ctica, parecen haberse despreocupado de &#8220;pensar&#8221; los filmes e incluso de verlos y estudiarlos. Se han cortado los puentes entre teor\u00eda y pr\u00e1ctica. La reflexi\u00f3n sobre el cine apenas si se mantiene ahora en el \u00e1mbito restringido de la ense\u00f1anza &#8211; volcada a la preparaci\u00f3n t\u00e9cnica de realizadores o t\u00e9cnicos- o de la cr\u00edtica period\u00edstica, siempre insuficiente, dirigida a un auditorio que prefiere guiarse en sus elecciones por los incentivos inmediatos de la publicidad. El pensar y escribir sobre cine en el Per\u00fa se ha convertido, como nunca antes, en una actividad dispendiosa, in\u00fatil, para nada utilitaria; en una labor, literalmente, sin objeto, si consideramos la magra calidad de las cintas que se importan para su exhibici\u00f3n comercial en el pa\u00eds.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">La desaparici\u00f3n de Hablemos de Cine<i> <\/i>fue s\u00edntoma y consecuencia de todo eso. Cumplido un ciclo, decidi\u00f3 acabar con ese discurso a muchas voces que fue su existencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-size: medium;\">Queda pendiente la interrogante de si en los a\u00f1os &#8220;post&#8221;, en la era del video y la televisi\u00f3n de alta definici\u00f3n y de la exhibici\u00f3n bajo comando electr\u00f3nico, hubiera retomado las exigencias que se plante\u00f3 una y otra vez.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Ricardo Bedoya<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 15 de febrero de 1965, hace cincuenta a\u00f1os, apareci\u00f3 la primera edici\u00f3n de Hablemos de cine, la revista peruana que influy\u00f3 tanto sobre\u00a0la cr\u00edtica de cine\u00a0en Am\u00e9rica Latina. Para recordarla, transcribo, con ligeras correcciones, el texto que publiqu\u00e9 en el libro 100 a\u00f1os de cine en el Per\u00fa. 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