{"id":6452,"date":"2020-04-28T13:30:27","date_gmt":"2020-04-28T13:30:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=6452"},"modified":"2020-04-28T15:31:44","modified_gmt":"2020-04-28T15:31:44","slug":"un-cinefilo-en-cuarentena-por-isaac-leon-frias","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=6452","title":{"rendered":"Un cin\u00e9filo de pantalla grande en cuarentena, por Isaac Le\u00f3n Fr\u00edas"},"content":{"rendered":"<p>rande <img alt=\"Stella Dallas (1937) de King Vidor (El Despotricador Cin\u00e9filo ...\" src=\"https:\/\/i.ytimg.com\/vi\/AW5380L5-r4\/hqdefault.jpg\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">No pretendo en lo m\u00e1s m\u00ednimo convertir mi caso en uno de privaci\u00f3n extrema y menos de martirologio. Por favor, habiendo tant\u00edsima gente que sufre los rigores del contagio, de la falta de ingresos y de alimentaci\u00f3n, lo primero que uno tiene que hacer es reconocer su condici\u00f3n de privilegiado, a pesar de mis recursos menguados por la pensi\u00f3n de jubilado que recibo, aunque como lo saben quienes me conocen, no me siento ni espero sentirme jam\u00e1s un jubilado porque sigo haciendo lo que siempre hice: ejercer la docencia, aunque ahora de manera menos estable, ver cine y escribir de cine, viajar a festivales o a presentar mis libros o a exponer ponencias, etc.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">Ya lo he contado otras veces: mi primer contacto infantil con el cine fue un deslumbramiento o una epifan\u00eda, como se estila decir en estos tiempos. La visi\u00f3n de <i>Tambores apaches<\/i> (Hugo Fregonese, 1952) marc\u00f3 el curso de mi vida. Desde all\u00ed no me pude despegar del cine, es decir de las pel\u00edculas vistas en salas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">Mi experiencia inicial de varios a\u00f1os fue exclusivamente la del espectador en esos recintos. La televisi\u00f3n se instal\u00f3 en Lima cuando yo contaba 13 a\u00f1os y, claro, no pudo remplazar en absoluto el atractivo de la proyecci\u00f3n en los cinemas. Desde 1960, es decir hace 60 a\u00f1os, cuando ten\u00eda 15, se da inicio a una segunda etapa: un promedio anual de 120 estrenos en salas (por varios a\u00f1os no menos de 150) a lo que se va sumando lo visto en otras salas no comerciales que asciende progresivamente. Hacia 1965, el a\u00f1o del nacimiento de la revista <i>Hablemos de Cine<\/i>, paso a ver no menos de 300 pel\u00edculas por a\u00f1o, sumando los estrenos y las proyecciones en los activos cine-clubes de esos a\u00f1os. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">M\u00e1s adelante, los festivales dentro y sobre todo fuera del pa\u00eds, <\/span><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">las 24 visitas en a\u00f1os distintos por un m\u00ednimo de dos o tres semanas a ese gran festival permanente que era (y ha seguido siendo hasta antes de la llegada de la plaga) la cartelera parisina, hicieron que el promedio anual de lo visto ascendiera a 350-400 pel\u00edculas por a\u00f1o y eso sigui\u00f3 as\u00ed ininterrumpidamente hasta el 2019 y se proyectaba para el 2020.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">Hace menos de dos meses, a 24 horas del inicio de la cuarentena, regres\u00e9 del Festival de Cine de la UNAM, de Ciudad de M\u00e9xico con la intenci\u00f3n de ver cuatro estrenos recientes que, con pesar, y debido a la cuarentena, <\/span><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">no pude llegar a ver (<i>El precio de la verdad<\/i>, de Todd Haynes, la argentina <i>El robo del siglo<\/i>, de Ariel Winograd, <i>Los caballeros<\/i>, de Guy Ritchie y la noruega <i>El t\u00fanel<\/i>, de Pal Oie) y, con el pasaje ya comprado, viajar el 15 de marzo al BAFICI bonaerense que, por supuesto, termin\u00f3 suspendi\u00e9ndose. El confinamiento me tom\u00f3 un poco de sorpresa y no fui consciente de la gravedad de la situaci\u00f3n hasta que pasaron algunos d\u00edas y las cifras de afectados aqu\u00ed y all\u00e1 empezaron a producir alarma. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">No me voy a quejar del encierro obligado porque estoy con Rosita, y nuestras hijas Tere y Mati, y tratamos de aprovechar y tambi\u00e9n compartir los tiempos de la mejor manera y porque tenemos la suerte de contar con una casa y con jardin, lo que permite mirar el cielo celeste como nunca de las \u00faltimas semanas, caminar un poco como si lo hici\u00e9ramos fuera, aunque sea dando vueltas o subiendo y bajando escaleras, entre otras ventajas del espacio. Yo leo, escribo, dicto algunas clases on line, he terminados de cerrar dos libros (<i>La revoluci\u00f3n de Netflix en el cine y la<\/i> <i>televisi\u00f3n<\/i>; y <i>Desde la ventana indiscreta<\/i>) y voy culminando la tesis de Maestr\u00eda en la que estoy empe\u00f1ado porque quiero seguir ejerciendo la docencia universitaria y ahora la Maestr\u00eda es una condici\u00f3n ineludible. Y veo pel\u00edculas, qu\u00e9 me queda, en la pantalla de televisi\u00f3n (dvds, youtube, Netflix), con Rosa y, sobre todo, con Mati, que es mi aliada cin\u00e9fila en casa, y dispuesta a ver obras de cualquier \u00e9poca o procedencia, una ventaja invalorable que sin duda ofrece el medio digital.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">Pero no es lo mismo. Yo debo ser el \u00faltimo cin\u00e9filo apegado a la proyecci\u00f3n en pantalla grande, al menos aqu\u00ed en el Per\u00fa (junto con mi buen amigo Guillermo Ni\u00f1o de Guzm\u00e1n, que ni siquiera tiene un televisor) y siempre me resist\u00ed a ver pel\u00edculas en casa, salvo si se trata de verlas para el comit\u00e9 de programaci\u00f3n del Festival de Cine de Lima, para preparar una clase o un texto y ocasionalmente una que otra, muy pocas en realidad, porque <\/span><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">trato de ver en pantalla grande, y no de salas comerciales, incluso algunas pel\u00edculas de Netflix, adem\u00e1s de las que han tenido un estreno de pocos d\u00edas como <i>Roma<\/i>, <i>El irland\u00e9s<\/i> o <i>Historia de un matrimonio<\/i>. No por un asunto de purismo de espectador o de principio inquebrantable, sino por una cuesti\u00f3n de gusto, de disfrute, de vivencia placentera. Supongo que tiene que ver con el hecho de haber disfrutado desde ni\u00f1o de ese modo de verlo que para m\u00ed es intransferible. No me puedo relacionar con las pel\u00edculas de la misma manera si no las veo en pantalla grande. Nunca como en estas semanas he visto tantas pel\u00edculas en casa sin necesidad de hablar o de escribir de ellas y trato de verlas con la mejor disposici\u00f3n, sin lamentarme ni estar dici\u00e9ndole a nadie, ni siquiera a m\u00ed mismo, por qu\u00e9 no la vi en pantalla grande.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">Pero no es lo mismo. Para m\u00ed ir a ver las pel\u00edculas al cine es sentir una mezcla de ansiedad, expectativa, alegr\u00eda e ilusi\u00f3n, la misma que he sentido a los 7, 15, 20 o 50 a\u00f1os, que no ha disminuido en nada a pesar del correr del tiempo, y que no la vivo del mismo modo frente a la computadora o a la pantalla de televisi\u00f3n. Puedo ver las pel\u00edculas con atenci\u00f3n e inter\u00e9s, y emocionarme ante las im\u00e1genes de <i>Stella Dallas<\/i>, de King Vidor <strong>(en la foto<\/strong>), <i>Sucedi\u00f3 aquel d\u00eda<\/i>, de Henry King , o<i> Los<\/i> <i>tres padrinos<\/i>, de John Ford, que he visto con enorme placer en estos d\u00edas, pero me falta la adrenalina de prepararme, trasladarme, llegar al cine, ingresar a la sala, ver la pel\u00edcula en la oscuridad de comienzo a fin, etc.\u00a0 Es verdad que ahora uno tiene al alcance, no todo el cine del mundo, pero s\u00ed una enorme cantidad de pel\u00edculas, imposibles de alcanzar de otro modo, en la computadora, en una tablet o en la televisi\u00f3n. En esa cinemateca gigante que se activa con un clic y que permite que las nuevas generaciones puedan empaparse, si as\u00ed lo quieren, de una enorme porci\u00f3n del mejor cine de todos los tiempos y eso es inapreciable.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">Pero no es lo mismo. A mis 75 a\u00f1os se corta una racha ininterrumpida que se inici\u00f3 en 1952 y de la que yo esperaba su continuaci\u00f3n por mucho tiempo m\u00e1s. \u00bfQui\u00e9n pod\u00eda imaginarse hace unos pocos meses que sobrevendr\u00eda una pandemia y que, entre otras cosas mucho m\u00e1s serias y graves, nos \u00edbamos en quedar en cuarentena y las proyecciones p\u00fablicas iban a suspenderse?\u00a0 No lamento tanto que se interrumpa una suerte de record cin\u00e9filo o que se manche mi <i>curriculum vitae<\/i> de frecuentador de salas. \u00a0Lo que siento (adicci\u00f3n es adicci\u00f3n) es que se corta ese lazo nutriente que me ha mantenido apegado desde esa lejana ni\u00f1ez al espacio de las pantallas grandes y que, supongo, hace que se conserve en m\u00ed una especie de llama infantil en mi contacto con el cine, que es la del aficionado compulsivo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">Espero y conf\u00edo que la peste desaparezca lo antes posible para el bien de la humanidad y que, entre otras actividades sin duda m\u00e1s urgentes y apremiantes, se reabran los cines para el disfrute de muchos y para que los cineastas (los de aqu\u00ed y los de todas partes) puedan ver y hacer ver sus pel\u00edculas tal como las han concebido, es decir, para las pantallas grandes en primer lugar. Espero y conf\u00edo, no s\u00e9 cu\u00e1ndo, retornar a las salas, entre ellas a las indispensables sala Azul del CCPUCP y Ventana Indiscreta, de la U. de Lima. Y tambi\u00e9n emborracharme (borrachera cinematogr\u00e1fica) con las 4 o 5 pel\u00edculas diarias que veo en los festivales (pocos, muy a mi pesar) a los que suelo asistir anualmente o a otros a los que, eventualmente, me invitan. Aunque admito que es muy posible que siga m\u00e1s adelante viendo cine en casa, de preferencia con proyector y con \u00e9cran, como he deseado (y todos en casa) desde hace tiempo, sin encontrar el espacio id\u00f3neo para ello.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">Cierro este relato que quise titular <i>Las tribulaciones de un<\/i> <i>cin\u00e9filo en cuarentena<\/i> y del que he preferido quitar lo de <i>tribulaciones<\/i>, pues esas son las que padecen las mayor\u00edas. No son tribulaciones ni mucho menos las m\u00edas. L\u00e9ase como una experiencia tal vez singular, aunque no especialmente rara o extra\u00f1a. No dudo de que much\u00edsimos otros en el campo del arte, del espect\u00e1culo, del deporte, de las profesiones liberales y de tantas otras la est\u00e9n pasando realmente mal (que no es mi caso), no necesariamente en t\u00e9rminos econ\u00f3micos, sino por la desconexi\u00f3n forzada con aquello que les da sentido a sus vidas. No me quejo y no quiero sonar a Maki Miro Quesada lamentando los infortunios de tener que cocinar en su casa y limpiar los excrementos de sus perros.<\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">Isaac Le\u00f3n Fr\u00edas <\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri;\">\u00a0<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>rande &nbsp; No pretendo en lo m\u00e1s m\u00ednimo convertir mi caso en uno de privaci\u00f3n extrema y menos de martirologio. 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