Mad Max: furia en la carretera

 

Detrás de “Mad Max, furia en la carretera” encontramos a un verdadero director de cine, el australiano George Miller. Eso la diferencia de la mayoría de las películas de acción y superhéroes, filmadas por “yes men” de los productores, preocupados solo por ajustarse a las exigencias de las franquicias e incapaces de perturbar las exigencias de los “fans”, que exigen cada vez más ortodoxia en la representación de sus héroes.

Este es uno de los episodios más delirantes y originales de la saga de “Mad Max”, iniciada a fines de los años setenta, teniendo a Mel Gibson como protagonista.

Aquí, Miller encauza el desastre que dejó el fin de la civilización y lanza en una carrera sin fin a sus personajes. La persecución es interminable y todo ocurre en el desierto y sobre ruedas. En medio de una parafernalia circense y grotesca, los señores de la guerra siguen durante dos horas a Mad Max (el estólido Tom Hardy) y a Furiosa, encarnada por Charlize Theron, que está formidable en la secuencia que la enfrenta en un duelo con el protagonista.

La película tiene un aspecto rudimentario, primitivo y áspero. Nada luce bonito, ni liso ni satinado. Durante las escenas de día las imágenes tienen un color ocre; en la noche, son azuladas. La acción transcurre en un futuro desastroso, donde ya no existen matices ni caben los términos medios. La luz de la película nos remite a un tiempo y a un lugar donde todo es monocromo y solo ocurren catástrofes sin fin.   

Héroes y villanos son brutales por igual. Buscan sobrevivir en un mundo que no tiene petróleo ni agua. Sin subrayarlo, este “Mad Max” alerta sobre los peligros del futuro, pero es una parábola sin discursos ni mensajes explícitos. Lo que tiene que decir está encarnado en los rostros, los paisajes, los comportamientos broncos y la pura acción.

La línea argumental es mínima y lo que importa es exhibir una coreografía excesiva, con personajes que deben por igual al Fellini de “Satiricon” y a la imaginería entre ridícula y cruel de algunas películas de Ken Russell (ese guitarrista flamígero),  en cruce con los Ángeles del infierno. La primera secuencia remite a un péplum de los sesenta, con esclavos realizando trabajos forzados en alguna cantera, como en el arranque de “Barrabás”. Y el polvo del desierto, como la tierra que rodea a los caminos, luce tan roja y calcinada como la de un western.

 Miller estiliza hasta lo repugnante, como la piel purulenta del tirano mayor. En esta parada de monstruos que salen de cacería humana, como el malvado Zaroff de los años treinta, los sabuesos parecen esclavos de la antigüedad o cavernícolas pero también guerreros medievales, vaqueros sin ley, yihadistas extremos y barras bravas.

 George Miller sabe contar una historia y filmar un combate.  Los enfrentamientos nunca son confusos, como ocurre en otras películas de acción. Como un general en el campo de batalla, Miller sabe ubicar a sus tropas y las mueve con perfecta racionalidad. El montaje lleva a la apoteosis esa continuidad intensificada de la que habla David Bordwell como signo del cine espectacular de estos tiempos, pero con una diferencia esencial: su claridad expositiva erradica la pirotecnia.

Ricardo Bedoya

2 thoughts on “Mad Max: furia en la carretera

  1. No estoy de acuerdo con tanto entusiasmo de parte de la crítica. La película podrá ser muy George Miller y tener mucho peplum y satiricón con una historia que contemporiza “La dligencia” de John Ford en un futuro apocalíptico pero aún así, tanto en la forma como en el fondo, el deja vu asoma, es bastante previsible y su fórmula violenta y persecutoria hastía. Prefiero el Max de los 80, eso sí era original.

  2. como todo en el cine mas importa la forma q el fondo , en ese sentido por mas q nos remita al mad max de los 80s sobre todo a la 2da (pelicula realmente notable y hasta cierto punto desvalorada por la historia) el gran triunfo de esta pelicula es resolver como un verdadero espectaculo , de una manera maestra lo q era previsble , este mad max supera con creces al antiguo mad max en accion y de paso reivindica a las peliculas de accion (normalmente plagadas de persecuciones , explosiones , vertigo , peleas pero sin la mas minima estilizacion , todo puesto al porrazo) pues cada movimiento , lucha , explosion , choque , cada toma q vemos en pantalla esta trabajada y cuidada hasta el mas minimo detalle , nada esta puesto por poner y el resultado es casi un recital , una obra de arte exquisita , pero arte de la accion , quien se lo pudiera imaginar!! . Por ahi dicen q hace recordar a “La Diligencia” de john ford , a mi mas bien me hizo recordar a “La pandilla salvaje” de sam peckimpah . La reflexion o mensaje entre lineas es minimo en esta pelicula y parece que a george miller no le interesa (quizas solo la redencion) , lo que hace es crear la atmosfera (de manera brillante) , darle motivos a sus personajes y echar a andar su maquinaria , totalmente justificado , porqué no? , pues aun así crea cine .

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