Eliminar amigo

 

“Eliminar amigo” instala al terror en la era de las redes sociales.

La historia evoca el “slasher” más rancio. Un grupo de adolescentes son castigados por una falta del pasado. Un ente misterioso los acosa y persigue con mucha violencia. Pero la diferencia con las películas clásicas de jóvenes en apuros, es que aquí ellos no están en el mismo espacio físico, lo que quiebra el decálogo enunciado en “Scream”. Están reunidos, sí, pero en el espacio virtual de las redes sociales.

El violento acosador es un intruso que se infiltra, como si fuera un hacker, en un chat de Facebook y desde ahí siembra el terror.

Lo atractivo es la radicalidad del uso del dispositivo que nos conecta con el horror. Durante hora y media solo vemos la pantalla de una computadora y las ventanas que se abren y se cierran sobre ella. Los amigos conversan cada uno en su espacio virtual. En el encuadre fragmentado aparecen los textos de los mensajes que se intercambian y sucesivos enlaces a YouTube. Todo ocurre en el ciberespacio. Pero algo se escapa a ese mundo inmaterial. El mal que viene de ultratumba. Una amenaza que es física y real. Y que ataca.

“Eliminar amigo” es una película ingeniosa y atractiva que relee recursos fílmicos tradicionales para acomodarlos a los tiempos digitales. Por ejemplo, la pantalla dividida o “split screen” que, aquí, no solo es un procedimiento destinado a sintetizar un relato impulsado por acciones simultáneas sino un elemento esencial de esa composición visual plana, sin profundidad de campo.  Es el modo de representar el enganche colectivo a la red. O el doble encuadre (sobre la pantalla de la computadora y el de cada una de las cámaras del chat). O el off, espacial y sonoro, doblemente potenciado por las mediaciones de las cámaras.   

Ricardo Bedoya          

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