Festival de cine de Lima 2016: Ni el cielo, ni la tierra

Lo mejor llegó el penúltimo día de festival.

“Ni el cielo ni la tierra”, del francés Clément Cogitore, es una historia de hombres en guerra, franceses en Afganistán, acantonados en una zona inhóspita, que van sintiendo asombro, inquietud, miedo, desesperación, ante lo que deben afrontar: el acoso de talibanes y la desaparición progresiva de compañeros.

El poder físico del cine de Anthony Mann se impone en la primera parte del filme. El batallón de los hombres controla el espacio y lo somete a las reglas de su vigilancia, con equipos de visión de rayos infrarrojos y otros dispositivos.  Pero, poco a poco, esa seguridad va siendo minada por la presencia de lo natural y lo primitivo. Esa escenografía rocosa no puede ser penetrada por la visión tecnológica y occidental. El paisaje rechaza el poder de los dispositivos de vigilancia y se vuelve opaco y misterioso.

En territorio enemigo, rodeados por seres de una cultura y una lengua desconocidas, los franceses asisten al fracaso de sus previsiones y sus estrategias. La amenaza de lo invisible desarticula la razón. Solo les queda resistir y conocer la experiencia ritual de lo primitivo. El tratamiento de Cogitore rompe con el realismo  y se aventura por el campo de la parábola bélica, a la manera de Dino Buzzati, y por la deriva fantástica. El ojo humano, convertido en motivo plástico y dramático, deja de ser la herramienta que coteja la verdad. Solo forma parte del mecanismo de una ilusión peligrosa, de un simulacro interminable.

Cogitore diseña una gran metáfora sobre el miedo a lo desconocido y sobre el retorno de lo reprimido -asuntos muy vigentes en la Francia de hoy- pero no cede un ápice al didactismo. Esta es una gran película bélica, llena de tensiones y suspenso. Pero a diferencia de los filmes de género más ortodoxos, sus acciones se desvían hacia el terreno de lo onírico. El cine bélico es aquí un pariente próximo de lo fantástico.

Ricardo Bedoya

 

One thought on “Festival de cine de Lima 2016: Ni el cielo, ni la tierra

  1. Se puede ver también como un cine bélico a lo Bigelow por la presencia exclusiva masculina y el regodeo de los cuerpos pero sin acciones heroicas, explosiones o efectos especiales. En cambio vemos personajes alucinados por la experiencia, de pronto creyentes en el purgatorio o en el limbo y fundadores de una nueva religión como el que encarna el muy potente actor Jeremie Renner. Ojalá se pudiera ver de nuevo en algún ciclo o Festival en lo que queda del año.

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