El planeta de los simios. La guerra

“El planeta de los simios. La guerra”, prolonga el relato de la confrontación entre simios y humanos en un planeta que asiste a la extinción de la especie que lo dominó durante milenios.

Como siempre, el personaje de César, el líder simio, resulta lo más atractivo y original de la película. Es un simio evolucionado, que tiene el don del razonamiento y de la palabra. Se distingue por su temperamento y los conflictos morales que lo desgarran. Es conductor y guía de su pueblo, pero su razón se turba con la furia y el deseo de venganza, esas pasiones tan humanas que lo impulsan. Interpretado por Andy Serkis, ayudado por los efectos de captura de movimientos que le dan un gesto taciturno pero también enardecido, César se enfrenta a un militar autoritario afincado en un reducto de violencia y esclavismo en medio de la selva. Woody Harrelson, con el cráneo rapado, está diseñado a imagen y semejanza del Marlon Brando de “¡Apocalipsis ya!”. Su aislacionismo, paranoia xenófoba y necedad –además de las alusiones al muro que se construye- remiten a ya saben quién.

Más épico que trágico –a pesar de la ocurrencia de incidentes que no se pueden revelar- este episodio bélico del “Planeta de los simios” se inicia evocando el clima de los mejores “péplums” de fines de los años cincuenta e inicios de los sesenta. La aparición de César, pasando revista a sus tropas -en un imponente trávelin que no solo establece su punto de vista-, se coteja con las imágenes de las fuerzas imperiales enfiladas en el bosque en las primeras secuencias de “La caída del imperio romano”, el gran filme dirigido por Anthony Mann. Parecen golpear las sensaciones físicas causadas por el frío, el viento y  el espacio amenazante.

Luego, la película sigue otras vías, siempre asentadas sobre antecedentes fílmicos: los simios emulan a comandos que avanzan ocupando territorios enemigos y cayendo en el combate, para culminar en una singular variación de las películas carcelarias, con plan de fuga incluido.

Matt Reeves se toma su tiempo para narrar la batalla de César y lo hace en tonos sombríos y graves, acorde con el sentimiento que domina a dos guerreros enfrentados, pero unidos por la misma aflicción. El simio y el humano no superan el duelo íntimo que los vuelve frágiles.

Ricardo Bedoya

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

*
*
Website