{"id":1460,"date":"2015-05-03T14:05:44","date_gmt":"2015-05-03T14:05:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginasdeldiariodesatan.com\/pdds\/?p=1460"},"modified":"2015-05-10T18:07:04","modified_gmt":"2015-05-10T18:07:04","slug":"miedos-susurrados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=1460","title":{"rendered":"Miedos susurrados"},"content":{"rendered":"<p><strong><span style=\"color: #000000;\">\u201cMurmullos en un corredor distante\u201d es el t\u00edtulo de un ensayo de Bertrand Tavernier sobre la obra de Jacques Tourneur.\u00a0 Esas cinco palabras designan los componentes esenciales del estremecimiento,\u00a0 la inquietud, la desaz\u00f3n o el extra\u00f1amiento que puede provocar una secuencia, una imagen o el momento de una pel\u00edcula, m\u00e1s all\u00e1 de su filiaci\u00f3n en un g\u00e9nero determinado. <\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">Los murmullos remiten a una presencia material, una textura sonora que se prolonga en el tiempo. Cualquiera que sea la naturaleza de su emisor, se trata de un sonido continuo, de volumen escaso y percepci\u00f3n esquiva.\u00a0 El sonido que desubica y confunde.\u00a0\u00a0 Y si los susurros provienen de un corredor distante, la impresi\u00f3n del tiempo se al\u00eda a la del espacio. La dimensi\u00f3n de un lugar habitado por sonidos que no tienen fuente o que llegan desde una ubicaci\u00f3n incierta, adquiere un car\u00e1cter hechizante.\u00a0 La clave del estilo \u201cfant\u00e1stico\u201d de Tourneur se asienta justamente en esa modulaci\u00f3n de la voz humana en clave de susurro permanente, de di\u00e1logos murmurados desde el\u00a0 costado sombr\u00edo de lo visible. <\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><strong>Cuando pienso en los momentos que m\u00e1s me estremecieron o inquietaron en una pel\u00edcula, la asociaci\u00f3n entre el susurro, el lamento, las palabras murmuradas, la melod\u00eda de una canci\u00f3n que llega desde lejos, o los sonidos modulados en su clave m\u00e1s baja, se asocian a espacios particulares, alejados de cualquier figuraci\u00f3n realista, reductos de una percepci\u00f3n ensimismada. El miedo como tratamiento modulado e impresi\u00f3n apaciguada y no como el producto de las convenciones y ret\u00f3ricas de un g\u00e9nero.<\/strong> <\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><i>El r\u00edo protector<\/i> <\/span><\/p>\n<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/somecamerunning.typepad.com\/.a\/6a00e5523026f5883401901eb08936970b-800wi\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Pienso, por ejemplo, en el refugio encantado de los ni\u00f1os perseguidos en \u201cLa noche del cazador&#8221;, esa lancha que avanza por el r\u00edo mientras escuchamos la voz quebradiza de la chiquilla mientras canta. El r\u00edo atravesado por la luz de la luna es el gran corredor lejano donde los ecos naturales reverberan. La fotograf\u00eda de Stanley Cortez potencia la artificialidad de la imagen alumbrando los \u201cexteriores\u201d con la cualidad de luz controlada, de contrastes marcados, propia de la iluminaci\u00f3n de interiores. A la manera de un cuento ingenuo pero a la vez negro, de trazos g\u00f3ticos y expresionistas marcadamente estilizados, Charles Laughton muestra, en el mismo campo visual,\u00a0 a la inocencia discurriendo en paralelo con lo peor de la condici\u00f3n humana. <\/span><\/p>\n<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/cdn.papermag.com\/uploaded_images\/shelley-winters-in-night-of-the-hunter.jpg\" \/><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">En el recorrido, los ni\u00f1os descubren y enfrentan al ogro de todos los cuentos que encarna Robert Mitchum. En un momento del filme, el chico se refiere al codicioso predicador y dice: \u201c\u00c9l nunca duerme\u201d.\u00a0 Al reparar en esa capacidad sobrehumana, el ni\u00f1o lo \u201cmonstrifica\u201d, se separa de \u00e9l, lo deja al frente y le teme. Y los espectadores le tememos tambi\u00e9n porque su ubicuidad \u2013otro rasgo de su dimensi\u00f3n casi m\u00edtica y terror\u00edfica- semeja a la de una sombra persistente de la que no podemos desligarnos, que enfrenta al bien y al mal en el mismo cuerpo y se proyecta como horizonte inevitable para todos los adultos (padre y el \u201cpadrastro\u201d caen en desgracia por su fijaci\u00f3n con el dinero), record\u00e1ndonos acaso alg\u00fan costado inc\u00f3modo de nosotros mismos o apuntando al destino que tal vez alcance a los ni\u00f1os al crecer. <\/span><\/p>\n<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.shanelavalette.com\/images\/journal\/nightofthehunter01.jpg\" \/><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La secuencia de la deriva por el r\u00edo en \u201cLa noche del cazador\u201d nos llena de temores. Ah\u00ed, en ese momento de aire nocturno y encantado, los ni\u00f1os protegen un \u00faltimo reducto de su propia y amenazada humanidad: se adormecen\u00a0y acaso sue\u00f1an como un modo de resistir al monstruo insomne.\u00a0Se oponen, desde la fragilidad del sue\u00f1o pl\u00e1cido, a la potencia de la pesadilla. \u00a0\u00a0\u00a0La telara\u00f1a, la rana y las plantas que se estremecen por el viento, fr\u00e1giles presencias de la orilla, son garantes naturales de esta enso\u00f1aci\u00f3n de apariencia l\u00edrica y trasfondo turbulento. <\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><i>Asa, Nisi, Masa<\/i> <\/span><\/p>\n<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/i.ytimg.com\/vi\/4ynupWjUUjE\/hqdefault.jpg\" \/><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La misma fusi\u00f3n entre una entonaci\u00f3n particular y un espacio f\u00edsico lo encontramos en la desasosegante escena de la frase \u201cAsa, Nisi, Masa\u201d, \u00a0pronunciada por los ni\u00f1os de \u201c8 \u00bd\u201d, de Fellini. Frase misteriosa, vinculada en la pel\u00edcula a la memoria suscitada en el protagonista por la actuaci\u00f3n de un mago. Algunos la han descifrado como un fraseo l\u00fadico y descompuesto del t\u00e9rmino \u201cAnima\u201d, dada la admiraci\u00f3n del director italiano por la obra de Jung, y otros la han visto como el \u201cRosebud\u201d felliniano, una inc\u00f3gnita que al despejarse permitir\u00e1 la lectura en otra clave de la filmograf\u00eda completa del director.\u00a0 <\/span><\/p>\n<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/macsystems.com\/Abracadabra-106.jpg\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La verdad, nunca me ha preocupado acceder al sentido oculto de esas tres palabras m\u00e1gicas. Lo que importa es el fraseo casi musical con el que son dichas por los ni\u00f1os, su car\u00e1cter incantatorio, la frecuencia acezante con la que se pronuncian. Ello suscita, en el momento en que o\u00edmos las palabras, una extra\u00f1a sensaci\u00f3n de ritualidad, de conjuro m\u00e1gico, de invocaci\u00f3n de iniciados en alg\u00fan culto secreto, de abracadabra,\u00a0de llave de los sue\u00f1os, de frase de ilusionista, de \u00e1brete s\u00e9samo. \u00a0 <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Si corrigi\u00e9ramos la linealidad quebrada de la \u201cpuesta en abismo\u201d de \u201d8 \u00bd\u201d, el clamor sordo del Asa, Nisi, Masa deber\u00eda anteceder a los gritos y las demandas de los escolares a la Saraghina. Claro, la insistente invocaci\u00f3n es propia de una infancia a\u00fan tutelada que no obedece \u00f3rdenes y corretea por esos espacios de paredes alt\u00edsimas y texturas \u00e1speras y rugosas, como de yeso, que evocan la \u00e9poca inicial de la vida, lejos de la gran ciudad, en la provincia, en una casa grande pero r\u00fastica, iluminada en contrastes agudos que marcan una profundidad virtual apuntada por las l\u00edneas de fuga de sombras puntiagudas. <\/span><\/p>\n<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/i.ytimg.com\/vi\/aw_wcMJkQE4\/hqdefault.jpg\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La secuencia del Asa, Nisi, Masa infantil luce como un fugaz esbozo autobiogr\u00e1fico, una incursi\u00f3n retrospectiva, una nota personal. Evoca una edad feliz, vivida al abrigo de mujeres, madre y nodrizas que disciplinan travesuras, corrigen faltas y amenazan con la tina del ba\u00f1o caliente antes de dormir. Formulada por los ni\u00f1os al calor del\u00a0 lecho, esa invocaci\u00f3n pretende abrir el acceso de los afiebrados muchachos hacia el mundo paralelo en el que habita una inquietante y ectoplasm\u00e1tica figura\u00a0femenina que, al escuchar la entonaci\u00f3n m\u00e1gica del \u201cAsa,\u00a0 Nisi, Masa\u201d, aparecer\u00e1 sobreimpresa al retrato del solemne antepasado. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Es la convocatoria a una imagen espectral para que se imponga sobre la imagen ancestral, a la manera de esos efectos ilusorios o de fantasmagor\u00eda que deslumbran y aterran a los ni\u00f1os. Pero tambi\u00e9n es el llamado a la mujer fantaseada, deseada y, por eso, temida, para que ocupe \u2013aunque sea por una noche- el lugar de las mujeres dom\u00e9sticas, usuales, familiares, pr\u00e1cticas, necesarias y maternales. Que la mujer de las fantas\u00edas nocturnas se imponga sobre las que atienden y sirven. Asa, Nisi, Masa es la contrase\u00f1a para una sexualidad naciente que desata miedos fundados en la creencia de una aparici\u00f3n sobrenatural. Es el pasaporte hacia una imaginer\u00eda de lo femenino, a la vez deseable pero pavorosa, que encuentra entonces una f\u00f3rmula de apelaci\u00f3n y una escena primaria. Piedra basal para sucesivas figuraciones de mujeres que atraen, amenazan, asustan o protegen a la manera de la loba que amamant\u00f3 a los fundadores de la ciudad en la que film\u00f3 \u201cLa dolce vita\u201d y retrat\u00f3 en \u201cFellini Roma\u201d. Ah\u00ed est\u00e1n, para probarlo, Saraghina y la tabaquera,\u00a0 o Anita Ekberg y muchas de las habitantes de \u201cLa ciudad de las mujeres\u201d. <\/span><\/p>\n<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.mauxa.com\/media\/images\/2011\/01\/20\/amarcord-tabaccaia-2.jpg\" \/><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Ante cualquiera de ellas, ufanas de sus\u00a0mamas inmensas,\u00a0un macho latino y seductor bien podr\u00eda exclamar: \u201c\u00a1qu\u00e9 rico, pero qu\u00e9 miedo!\u201d. <\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i><span style=\"color: #000000;\">Alexander e Ismael <\/span><\/i><\/p>\n<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/cinefagosmuertos.com\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/fannyyalexander04.jpg\" \/><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Dos im\u00e1genes fuertes se graban en el recuerdo del que haya le\u00eddo \u201cLinterna m\u00e1gica\u201d, el extraordinario libro de memorias de Ingmar Bergman: la imagen del joven enfrent\u00e1ndose por primera vez a la visi\u00f3n de un cad\u00e1ver y la impresi\u00f3n de fragilidad personal que dejan las descripciones de la incomodidad ante los apremios de su colon inestable. Es la conmoci\u00f3n ante los estados de una materia ingobernable, del cuerpo que muta sin obedecer razones, guiado por procesos internos, ocultos, que se manifiestan de pronto, debilitando o venciendo al organismo. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Si bien los asuntos de la enfermedad y la muerte recorren la obra de Bergman, tal vez m\u00e1s interesante es observar como el motivo de la dualidad, el de ser uno y el otro, o el otro y el mismo, y las trayectoria que llevan a la alteridad o los procesos que conducen a esa labilidad, sustentan varias de las escenas de su filmograf\u00eda que provocan la sensaci\u00f3n potente y desestabilizadora del miedo. Y no me refiero a los ejercicios m\u00e1s o menos obvios que identifican el horror de la angustia \u00edntima con la pl\u00e1stica expresionista, como en \u201cLa hora del lobo\u201d, sino a esos momentos en que se produce una suerte de deslizamiento de la figuraci\u00f3n \u201crealista\u201d (apuntalada por la nitidez de la fotograf\u00eda de Sven Nykvist) hacia una indeterminaci\u00f3n dram\u00e1tica o un sentido esquivo, con personajes que de pronto asumen identidades contradictorias, que escapan a las explicaciones de s\u00ed mismos, se desdoblan o se miran en otro como si se contemplasen en un espejo. Como ocurre en \u201cPersona\u201d, claro est\u00e1, pero tambi\u00e9n en \u201cEl rostro\u201d, \u201cComo en un espejo\u201d, \u201cEl rito\u201d, \u201cDe la vida de las marionetas\u201d o \u201cEn presencia de un payaso\u201d.\u00a0 Sea a trav\u00e9s de la fantas\u00eda homosexual, la figuraci\u00f3n del vampirismo, la irrupci\u00f3n de la locura o la representaci\u00f3n teatral, los personajes penetran en una zona indeterminada de su propia conciencia que los trastorna y los modifica sin perder sus signos externos y reconocibles. Como si, por un momento, se convirtieran en esos cuerpos usurpados que alucin\u00f3 Don Siegel para la ciencia ficci\u00f3n de los a\u00f1os cincuenta. Es el estado de Elizabeth Vogler (Liv Ullman) cuando busca la fusi\u00f3n con la mujer de personalidad antag\u00f3nica y camina vaporosa, \u00a0a contraluz, \u00a0como la mujer zombi de Tourneur, en la secuencia de la visita nocturna de \u201cPersona\u201d. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Pero el momento m\u00e1s cabal de todos esos \u201ctrances\u201d que convierten a \u201cuno\u201d en el reflejo probable de \u201cotro\u201d \u2013acaso como encarnaci\u00f3n de deseos soterrados-, es el encuentro de Alexander con el andr\u00f3gino <\/span>Ismael, en \u201cFanny y Alexander\u201d.<\/p>\n<p>El clima que precede a ese encuentro es el de una pel\u00edcula de horror, con un secreto tras la puerta, luego conocer el gabinete de un cabalista que acumula polvo y antig\u00fcedades. Ismael, el ser peligroso, confinado de por vida, de rasgos femeninos (est\u00e1 interpretado por una actriz) es distinto a Alexander en porte y edad. La conversaci\u00f3n que mantienen los personajes es susurrante y alusiva. Ismael toca a Alexander, descubre su cuerpo, le abraza. De pronto, en medio de esa confrontaci\u00f3n, los pensamientos de Alexander \u2013mejor, sus deseos- empiezan a ser interpretados, modelados y casi susurrados por Ismael, que se une al deseo del p\u00faber de ver morir a su odiado padrastro autoritario. La brutalidad de la ley paterna encuentra su opuesta correspondencia en la suave y comprensiva complicidad de Ismael, el extra\u00f1o, el andr\u00f3gino. Ambos est\u00e1n enfrentados a la arbitrariedad patriarcal que los ha confinado a la sanci\u00f3n o a la reclusi\u00f3n. Es, entonces, que Alexander se refleja en Ismael o se descubre en \u00e9l. Y eso le llena de miedo. Un miedo que fluye, incierto, entre las fronteras de lo on\u00edrico, lo er\u00f3tico y lo alucinatorio.<\/p>\n<p>\u201cFanny y Alexander\u201d es el filme testamentario de Bergman. Es evocativo, entra\u00f1able, recapitula asuntos y motivos previos de su obra y tiene la apacible serenidad, sosegada alegr\u00eda y belleza de una pel\u00edcula invernal, de vejez. Desde esa mirada y posici\u00f3n trata el asunto de la bisexualidad como una estremecida experiencia formativa y como un gesto alternativo de rechazo a un universo de mandatos patriarcales. Pero ese asunto ya ha sido tratado con especial lucidez por Robin Wood en su art\u00edculo \u201cCall Me Ishmael\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><i>La ilusi\u00f3n de Genjuro<\/i> <\/span><\/p>\n<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/cdn.bleedingcool.net\/wp-content\/uploads\/\/2012\/04\/MoC_UGETSU_MONOGATARI_01.jpg\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Menciono, por \u00faltimo, un gran momento de susurrada inquietud, fascinaci\u00f3n y desasosiego: la secuencia de \u201cUgetsu Monogatari\u201d, de Kenji Mizoguchi, en la que Wakase, el esp\u00edritu errante que hechiza a Genjuro, danza para \u00e9l. Mientras transcurre la situaci\u00f3n, el hombre est\u00e1 en el reino de las delicias y se mueve en el imperio de un deseo que est\u00e1 a punto de cumplirse. La mujer se ba\u00f1a con \u00e9l y le pide matrimonio. Pero hay un precio que pagar, el de la obediencia plena hacia ella, de acuerdo al mandato del difunto pr\u00edncipe, su padre, que impone el principio de realidad desde el m\u00e1s all\u00e1. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Todo transcurre en la l\u00ednea sinuosa de lo improbable, y hasta de lo milagroso. Se suceden las dimensiones de lo natural y de lo sobrenatural. Mejor dicho, coexisten: Genjuro ha padecido los horrores de la guerra y ahora est\u00e1 en un trance ext\u00e1tico de amor. \u00bfC\u00f3mo puede ocurrir eso? Para Mizoguchi todo es un asunto de modulaciones fin\u00edsimas. Pasar de la percepci\u00f3n realista de lo ordinario al universo de lo invisible que escarapela es producto de decisiones particulares de puesta en escena: desacelerar el movimiento de los actores, mover la c\u00e1mara con un sentido de determinaci\u00f3n ritual, apaciguar el ritmo de esa situaci\u00f3n espec\u00edfica para ofrecerla como un remanso en medio del frenes\u00ed o la violencia de otras, apelar al \u201cfuera de campo\u201d como refugio de lo indecible y pista de acceso a universos paralelos a los visibles, encuadrar a cierta distancia para apreciar a los actores situados en un decorado que no esconde el artificio de los elementos visibles. Mizoguchi naturaliza lo \u201cfant\u00e1stico\u201d y hechiza la vivencia de lo ordinario.\u00a0\u00a0Pero el mayor de los estremecimientos llega cuando escuchamos la l\u00ednea de la canci\u00f3n que habla del \u201cdesvanecimiento inevitable de los colores de todas las sedas, hasta de las m\u00e1s bellas.\u201d \u00a0 <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Quedan pendientes otros momentos de \u201cmiedo\u201d en pel\u00edculas orientadas hacia otra \u00a0v\u00edas, y pienso en secuencias de \u201cMoonfleet\u201d, de Fritz Lang; \u201cVendaval en Jamaica\u201d, de Alexander Mackendrick\u201d, de \u201cEl otro\u201d; de Robert Mulligan; de \u201cEl fantasma y la se\u00f1ora Muir\u201d, de Mankiewicz; de \u201cMeet Me in Saint Louis\u201d, de Vincente \u00a0Minnelli, entre otras. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>(La versi\u00f3n original de este art\u00edculo se public\u00f3 en la revista<em> Ventana indiscreta<\/em>)<\/p>\n<p><strong>Ricardo Bedoya<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cMurmullos en un corredor distante\u201d es el t\u00edtulo de un ensayo de Bertrand Tavernier sobre la obra de Jacques Tourneur.\u00a0 Esas cinco palabras designan los componentes esenciales del estremecimiento,\u00a0 la inquietud, la desaz\u00f3n o el extra\u00f1amiento que puede provocar una secuencia, una imagen o el momento de una pel\u00edcula, m\u00e1s all\u00e1 de su filiaci\u00f3n en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[280,278,279,281],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1460"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1460"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1460\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1467,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1460\/revisions\/1467"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1460"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1460"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1460"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}