{"id":1725,"date":"2015-08-10T14:00:11","date_gmt":"2015-08-10T14:00:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginasdeldiariodesatan.com\/pdds\/?p=1725"},"modified":"2015-08-13T15:12:49","modified_gmt":"2015-08-13T15:12:49","slug":"19-festival-de-lima-werner-herzog","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=1725","title":{"rendered":"19 Festival de Lima: Werner Herzog"},"content":{"rendered":"<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.dvdversatil.com.br\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/kaspar-hauser_thumb.jpg\" \/><\/p>\n<p>Desiertos, selvas, monta\u00f1as. Las primeras im\u00e1genes que llegan a la memoria al pensar en las pel\u00edculas de Werner Herzog (nacido Werner Stipetic en Sachrang, Munich, 1942) son de paisajes ubicados en los confines del mundo. Inscritas en ellos, aparecen las siluetas de personajes desafiantes, fieles solo a sus propias convicciones, listos para retar a la racionalidad y al sentido com\u00fan con sus acciones desmesuradas.<\/p>\n<p>Y enseguida surge la figura del cineasta Herzog ascendiendo, con la c\u00e1mara sobre el hombro, hasta la cumbre del volc\u00e1n <em>La Soufri\u00e8re (1977), <\/em>a punto de entrar en erupci\u00f3n.\u00a0 Tan obstinado como sus personajes de la ficci\u00f3n, Herzog encara, en ese documental, con empe\u00f1o de superviviente, la amenaza de la lava ardiente que, en cualquier momento, lo arrasar\u00e1 todo.\u00a0<em> <\/em><\/p>\n<p><em>\u201cSoy un soldado del cine\u201d, <\/em>dice Herzog. Soldado que cumple misiones riesgosas en un mundo que se sostiene sobre el caos y el desorden. Su tarea consiste en registrar ese campo de batalla, que es hechura de un demiurgo caprichoso que ha creado una naturaleza\u00a0 que no sabe de la armon\u00eda y busca derrotar a los hombres que la enfrentan. Creador del que no se pude esperar benevolencia alguna, porque ha dispuesto a las cosas y a los seres en medio de un extraordinario desorden, regido solo por los impulsos de lo primario.<\/p>\n<p>En su libro <i>Conquista de lo in\u00fatil (Diario de filmaci\u00f3n de Fitzcarraldo<\/i>), Herzog describe sus afanes: se propone filmar \u201cpaisajes interiores, nacidos del delirio de la jungla\u201d. Y agrega: \u201cLa selva, exclusivamente en el presente, si bien est\u00e1 involucrada en el tiempo, permanece por siempre sin edad.\u201d<\/p>\n<p>En <i>Aguirre, la ira de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes,<\/i> 1972) y en <i>Fitzcarraldo<\/i> (1982), dos de las pel\u00edculas que film\u00f3 en el Per\u00fa, conocemos a personajes que recorren escenarios que calcinan, listos para acometer actos extremos, como el de Fitzcarraldo arrastrando un barco a trav\u00e9s de la selva. Son historias que nos conducen al dominio de estados alternativos, que activan experiencias ext\u00e1ticas, como de trance interior. En uno de los momentos m\u00e1s afiebrados de su itinerario fluvial, vemos a Lope de Aguirre y a sus hombres, extasiados, contemplando un barco que se asienta sobre la copa de un \u00e1rbol. Pose\u00eddos por el arrebato, solo les queda confinarse en la subjetividad: \u201c\u00a1Ese no es un barco! \u00a1Ese no es un \u00e1rbol! \u00a1Esa no es una flecha!\u201d, exclama uno de los personajes antes de caer muerto, v\u00edctima de una de esas armas negadas. Expresa as\u00ed la intensidad de su \u201cpaisaje interior, nacido del delirio de la jungla\u201d.<\/p>\n<p>Ese delirio de la jungla trasciende el espacio de la Amazonia para designar un desorden esencial que tienta el desafuero humano. La aventura, aun la m\u00e1s insensata, se acomete en las alturas de los Andes, en lo alto de las monta\u00f1as, al pie de un volc\u00e1n, en medio del desierto, en una ciudad medieval de Alemania, en la Nueva Orleans destruida por un hurac\u00e1n, entre cuevas prehist\u00f3ricas o en cualquier otro escenario elegido para la acci\u00f3n dram\u00e1tica o el registro testimonial.<\/p>\n<p>Las pel\u00edculas de Herzog se viven como periplos que ampl\u00edan las fronteras cognitivas mientras se transita por caminos febriles y alucinatorios. Tr\u00e1nsitos que los espectadores registramos como propios, acaso intoxicados por la capacidad hipn\u00f3tica de algunos espacios, ofrecidos como espejismos o escenarios de algunas epifan\u00edas. Lugares bell\u00edsimos que, al cabo, se ver\u00e1n afectados por el costado imprevisible de lo natural, la cat\u00e1strofe inminente, el tornado, la erupci\u00f3n volc\u00e1nica, la llegada de la peste, el zarpazo inesperado de la bestia; lo que no se puede medir ni catalogar con los criterios utilitarios del \u00e9xito o del fracaso.<\/p>\n<p>El conquistador Lope de Aguirre es un personaje emblem\u00e1tico del cine de Herzog, como tambi\u00e9n lo son Kaspar Hauser de <i>Cada uno para s\u00ed mismo<\/i> <i>y Dios contra todos<\/i> o <i>El enigma de Kaspar Hauser (Jeder f\u00fcr sich und Gott gegen Alle<\/i>, 1974, en la foto); Steiner de <i>El gran \u00e9xtasis del escultor de madera Steiner (Die gro\u00dfe Ekstase des Bildschnitzers Steiner<\/i>, 1974); Fini Straubinger, de <i>Pa\u00eds de silencio y oscuridad (Land des Schweigens und der Dunkelheit,<\/i> 1971); los enanos de <i>Tambi\u00e9n los enanos empezaron peque\u00f1os (Auch Zwerge haben klein angefangen<\/i>, 1970); Bruno S. de\u00a0 <i>Stroszek <\/i>(1977); el soldado <i>Woyzeck<\/i> (1979); Dieter Dengler de <i>Little Dieter Needs to Fly<\/i>\u00a0 y <i>Rescue Dawn<\/i> (2006); Timothy Treadwell, de <i>Grizzly Man<\/i> (2005); Terence McDonagh, el <i>Bad Lieutenant<\/i> (2009)<\/p>\n<p>Todos ellos est\u00e1n empe\u00f1ados en el cumplimiento de una meta extraordinaria, venciendo el miedo, superando sus limitaciones f\u00edsicas y construyendo su propia \u2013acaso tr\u00e1gica- Arcadia. Ellos, como Aguirre, salen a buscar El Dorado. Y llevan consigo una cuota, mayor o menor, de desmesura y locura. Y todos enfrentar\u00e1n el riesgo de la cat\u00e1strofe porque &#8220;cada uno est\u00e1 para s\u00ed mismo, pero Dios est\u00e1 contra todos&#8221;, como reza el subt\u00edtulo de &#8220;El enigma de Kaspar Hauser&#8221;.<\/p>\n<p>Herzog los observa con una mirada implacable, solidaria, pero nunca incondicional. Acepta lo que los personaje son, aun en su obstinaci\u00f3n e irracionalidad, e incluso proyecta en ellos sus obsesiones personales. Los sabe inescrutables, y los acepta como son. A veces les expresa su admiraci\u00f3n, pero nunca disimula sus debilidades ni esquiva mostrarlos en los callejones sin salida a los que los conducen sus contradicciones. La relaci\u00f3n con sus personajes (y con los actores que los encarnan, como Klaus Kinski o Bruno S., entre otros) se sustenta en un acercamiento personal complejo e \u00edntimo, pero siempre abierto al se\u00f1alamiento de fallas e imposibilidades.<\/p>\n<p>Esa matizada relaci\u00f3n se percibe de modo cabal en el documental <i>Grizzly Man<\/i> (2005). A trav\u00e9s de filmaciones, testimonios y documentos, Herzog se acerca a Timothy Treadwel, que decidi\u00f3 separarse de sus semejantes para intentar una convivencia arm\u00f3nica con osos salvajes, seres de naturaleza bestial que \u00e9l acoge como pr\u00f3jimos. El relato testimonial de esa extra\u00f1a e inquietante visi\u00f3n ut\u00f3pica da cuenta de la mezcla de complicidad y escepticismo que informa la mirada de Herzog.<\/p>\n<p>El cineasta, convertido en narrador de la cinta, afirma que la armon\u00eda buscada por el \u201cGrizzly man\u201d no se concilia con su convicci\u00f3n personal de que la Arcadia es inexistente. El\u00a0 destino final de Treadwell, devorado por un oso, parece darle la raz\u00f3n al cineasta: el desorden natural, tarde o temprano, toma revancha contra el gesto generoso o iluso que lo intenta modelar.<\/p>\n<p>Ricardo Bedoya<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desiertos, selvas, monta\u00f1as. Las primeras im\u00e1genes que llegan a la memoria al pensar en las pel\u00edculas de Werner Herzog (nacido Werner Stipetic en Sachrang, Munich, 1942) son de paisajes ubicados en los confines del mundo. 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