{"id":1781,"date":"2015-08-30T17:30:42","date_gmt":"2015-08-30T17:30:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginasdeldiariodesatan.com\/pdds\/?p=1781"},"modified":"2015-09-04T13:50:09","modified_gmt":"2015-09-04T13:50:09","slug":"magallanes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=1781","title":{"rendered":"Magallanes"},"content":{"rendered":"<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/cde.peru21.pe\/ima\/0\/0\/3\/0\/8\/308845.jpg\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Adaptado de la novela\u00a0<i>La pasajera<\/i>, del escritor Alonso Cueto, <i>Magallanes<\/i> (2015), es el primer largometraje de Salvador del Solar.<\/p>\n<p>El relato se ancla en la mirada de Harvey Magallanes (Dami\u00e1n Alc\u00e1zar), militar retirado, taxista de oficio, chofer y guardi\u00e1n ocasional de un anciano (Federico Luppi), su jefe militar en los tiempos duros de la violencia. Destacados en Huanta, ellos ejecutaron los actos m\u00e1s crueles de la \u201cguerra sucia\u201d. Ahora, la invalidez afecta a uno; el fracaso marca la trayectoria del otro. El anciano ha perdido la memoria; Magallanes la conserva. Le pesa y es dolorosa.<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n casual de Celina, una mujer ayacuchana (Magaly Solier), pasajera casual en el taxi de Magallanes, activa el conflicto. Ella fue prisionera, v\u00edctima de todo tipo de abusos, y amante forzada de ese jefe militar en Huanta. El instinto de supervivencia la llev\u00f3 a aceptar, en secreto, propuestas sexuales de militares que le promet\u00edan la libertad. Hasta que uno de ellos, Magallanes, llevado por una pasi\u00f3n secreta hacia ella, la dej\u00f3 escapar.<\/p>\n<p>La pel\u00edcula dramatiza un ajuste de cuentas con el jefe victimario del pasado, a trav\u00e9s de sus descendientes, y la necesidad de una redenci\u00f3n. Magallanes es el agente de ambas acciones.<\/p>\n<p><i>Magallanes<\/i> enhebra dos l\u00edneas narrativas. Una, se vincula con la memoria de la violencia ejercida o padecida. La otra, que es central, traza el retrato de un personaje; ese perdedor llamado Magallanes. Una intriga criminal articula una dimensi\u00f3n con la otra. La mec\u00e1nica del thriller atraviesa la pel\u00edcula, pero no diluye ni arrastra tras de s\u00ed las dem\u00e1s facetas de la pel\u00edcula.<\/p>\n<p>El pasado nunca se actualiza en las im\u00e1genes. No vemos flashbacks. Pero est\u00e1 ah\u00ed, planeando sobre cada una de las secuencias. Se encarna en los rostros de los protagonistas. En los gestos de Magallanes. En la sorpresa inicial, luego del encuentro; en la culpa que lo asalta y lo contrae; en la determinaci\u00f3n del caballero que trata de compensar el pasado defendiendo a la \u201cdoncella\u201d de la violencia de los dos rufianes; en la decisi\u00f3n de \u201cdesenmascararse\u201d y mostrarle a la mujer una nueva identidad; en la complacida sensualidad al contacto con las manos de Celina en la peluquer\u00eda; en la atribulada actitud, entre temblorosa y suplicante, con la que se acerca a la mujer, buscando alguna posibilidad de redenci\u00f3n. La actuaci\u00f3n de Dami\u00e1n Alc\u00e1zar se convierte en el centro de gravedad de la pel\u00edcula.<\/p>\n<p><img alt=\"\" src=\"http:\/\/i.ytimg.com\/vi\/KS9Zd_E8MSA\/maxresdefault.jpg\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El pasado est\u00e1 tambi\u00e9n en los gestos de miedo e indignaci\u00f3n de Celina. Magaly Solier da cuenta, con un gesto, el de llevarse la navaja a la garganta, la condici\u00f3n de una mujer que ya venci\u00f3 muchos miedos y a la que\u00a0no\u00a0ata el instinto de supervivencia. Sus resistencias naturales ante la muerte y el peligro se quebraron en su \u201cprisi\u00f3n\u201d huantina. La impugnaci\u00f3n formulada en quechua al gesto de condescendencia \u2013el perd\u00f3n verbalizado- del hijo del coronel, a la posibilidad de ser indemnizada, y a la impunidad consagrada por la polic\u00eda, es uno de los mejores pasajes de <i>Magallanes. <\/i>Ah\u00ed, en ese momento de furia, la actriz, notable, sobreimprime su imagen personal y la del personaje. Cumple ese rol del actor contempor\u00e1neo que, seg\u00fan Patrice Pavis, ya no imita \u201cm\u00edmicamente a un individuo inalienable\u201d. No simula; \u201cperforma\u201d. No se restringe a cumplir con su \u201cpapel\u201d, \u201csino que act\u00faa en su propio nombre\u201d, como lo hizo tambi\u00e9n en las pel\u00edculas dirigidas por Claudia Llosa. (Pavis, P. <span style=\"font-family: Calibri;\"><i>Diccionario del teatro. Dramaturgia, est\u00e9tica, semiolog\u00eda<\/i>. Barcelona: Paid\u00f3s, 2000, <\/span>p. 75)<\/p>\n<p>Un logro de Salvador del Solar es el haber conducido a la actriz a ese registro, apelando a uno de los recursos b\u00e1sicos de su repertorio cultural como \u201cperformer\u201d. El quechua, la lengua que la convirti\u00f3 en \u201cLa \u00d1usta\u201d para el coronel y sus secuaces, rasgo de alteridad que la cosific\u00f3 para los militares, se convierte, a\u00f1os despu\u00e9s, en boca de la v\u00edctima, en la herramienta de una requisitoria contra el olvido y en reclamo contra la impunidad.<\/p>\n<p>Tres secuencias; tres tratamientos. Las escenas que se desarrollan en los alrededores del Estadio Nacional y en Polvos Azules lucen una mec\u00e1nica de acci\u00f3n bien manejada en el montaje de Eric Williams. Cruces f\u00edsicos, intercambios de miradas, cuerpos que se aceleran. Se construye un espacio que es trampa y laberinto. Es la tradici\u00f3n de la secuencia de persecuci\u00f3n en un lugar saturado, en la tradici\u00f3n del juego del gato y el rat\u00f3n en el metro de \u201cContacto en Francia\u201d. Ejercicio de thriller resuelto con limpieza.<\/p>\n<p>Otra secuencia, opuesta a la anterior. Esta vez en clave \u00edntima. Dos personajes y planos cercanos. Magallanes decide encarar a la mujer del pasado, ahora convertida en una peluquera afincada en Lima y con serios problemas econ\u00f3micos. Acude al local de la \u201cpasajera\u201d y le pide que le recorte el cabello y le afeite la barba. El concepto abstracto de enfrentar la memoria, reviviendo el trauma del pasado, encuentra una expresi\u00f3n visual y dram\u00e1tica en el desglose de las acciones; en la cadencia, m\u00e1s bien lenta, de ese acto de revelaci\u00f3n; en el ralent\u00ed que se apunta; en la cercan\u00eda de la c\u00e1mara, siempre en primeros planos. Tijeras y navaja, utensilios empleados para las mutilaciones de la guerra, convocan ahora el placer f\u00edsico de los toques y el contacto f\u00edsico con la mujer. El rostro de Dami\u00e1n Alc\u00e1zar, con gesto a la vez ansioso y decidido, encuentra el modo de expresar el paso del temor culposo a la voluptuosidad. Se descubre entonces el rostro del perdedor; un perdedor enamorado. Pero tambi\u00e9n el de la repulsi\u00f3n y el dolor de la v\u00edctima, enfrentada al recuerdo.<\/p>\n<p>La tercera secuencia se reduce a pocos y sucesivos encuadres. La mujer corre teniendo como fondo la escenograf\u00eda de una Lima nocturna y lejana, vista desde lo alto. Es el momento en que se sintetizan o condensan los dos tiempos activados por la memoria. La carrera intenta liberar el espanto y el rencor acumulado por tantos a\u00f1os, pero tambi\u00e9n es una representaci\u00f3n de lo que ocurri\u00f3 dos d\u00e9cadas atr\u00e1s, sin necesidad de recurrir a un \u201cracconto\u201d. Celina corre en el descampado \u2013perpetua pasajera- buscando el refugio que no logr\u00f3 hallar luego de su fuga de la prisi\u00f3n huantina. Es la reconstrucci\u00f3n de aquella escena primordial de miedo \u00edntimo.<\/p>\n<p>Estas dos secuencias, que describen el gesto fascinado de Magallanes y la dimensi\u00f3n de su deseo, as\u00ed como la indignaci\u00f3n de la \u201cpasajera\u201d, liberan a la pel\u00edcula de la camisa de fuerza que supone calzar los mandamientos estrictos de un guion de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Encuentro cuatro notas d\u00e9biles en <i>Magallanes<\/i>: las intervenciones, m\u00e1s bien cargadas hacia lo grotesco, del personaje de la usurera acreedora; el apunte, de patetismo innecesario, de la enfermedad del hijo de Celina; los pasajes, inconvincentes, del secuestro del personaje de Christian Meier -delineado con trazos simples- y la p\u00e9rdida de tensi\u00f3n narrativa que le causan a la pel\u00edcula; la omnipresencia de una m\u00fasica de fondo que duplica lo que las acciones dicen con soltura y convicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero Salvador del Solar acierta en lo sustancial. Crea una atm\u00f3sfera; dirige a los actores con seguridad, obteniendo buenas intervenciones de Meier y Bruno Odar; alterna acci\u00f3n e intimidad. Y lo principal: convoca la memoria de la violencia sin manique\u00edsmo ni discursos ret\u00f3ricos. Los asuntos por debatir\u00a0se encarnan en una ficci\u00f3n y en unos personajes que logran consistencia y peso.<\/p>\n<p>El fracaso del personaje de Magallanes al intentar una redenci\u00f3n amorosa y la manifestaci\u00f3n de integridad de la deseada prisionera son los signos de una imposible reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Ricardo Bedoya<\/span><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Adaptado de la novela\u00a0La pasajera, del escritor Alonso Cueto, Magallanes (2015), es el primer largometraje de Salvador del Solar. 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