{"id":2352,"date":"2016-01-18T17:01:15","date_gmt":"2016-01-18T17:01:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginasdeldiariodesatan.com\/pdds\/?p=2352"},"modified":"2016-01-20T18:51:41","modified_gmt":"2016-01-20T18:51:41","slug":"david-bowie-el-cambio-la-identidad-y-el-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=2352","title":{"rendered":"David Bowie: el cambio, la identidad y el amor"},"content":{"rendered":"<p>Si a los cuarenta uno es responsable de su rostro, seg\u00fan Abraham Lincoln, hay que a\u00f1adir que ese rostro, dice Julio Ram\u00f3n Ribeyro, \u201cse organiza alrededor de la mirada\u201d. En el humano la mirada es obra y autor; acci\u00f3n sobre uno mismo y objeto de interpretaci\u00f3n ajena. Para Paul Val\u00e8ry, uno es el ser que creemos ser, otro el que los dem\u00e1s creen que somos y otro el que realmente somos. Los tres no se ignoran: se pelean, se consultan, se sojuzgan, coexisten y jam\u00e1s coinciden.<\/p>\n<p>En la adolescencia ya no se es ni\u00f1o, tampoco adulto, solo un puente de cuerdas que se saben fr\u00e1giles. A esa edad en una pelea por una chica, David Bowie recibi\u00f3 de George Underwood un golpe que hiri\u00f3 su ojo izquierdo. Estuvo cerca de no volver m\u00e1s a ver ni a verse. El ojo sobrevivi\u00f3, pero la pupila qued\u00f3 permanentemente dilatada. El espejo le devolvi\u00f3 una asimetr\u00eda, una intriga, la primera certeza de un yo mudable y una interioridad libre debajo de la alteraci\u00f3n. En vez de dolor, fascinaci\u00f3n. Un accidente lo invit\u00f3 a ensayar sus propias mutaciones. Y se reconcili\u00f3 con George, que dise\u00f1\u00f3 las portadas de sus primeros discos.<\/p>\n<p>A fines de los sesenta, sus clases de baile y mimo con Lindsay Kemp (a su vez alumno de Marcel Marceau) circunscribieron sus b\u00fasquedas dentro de la actuaci\u00f3n y el teatro. Maquillaje y vestuario atizaron su pasi\u00f3n por el disfraz, y el cine result\u00f3 una v\u00eda natural para su anhelo de probar sucesivas encarnaciones. <i>The Man Who Fell to Earth<\/i> (1976), <i>Just A Gigolo<\/i> (1978), <i>Merry Christmas, Mr. Lawrence<\/i> (1983), <i>The Hunger<\/i> (1983), <i>Labyrinth<\/i> (1986), <i>The Last Temptation of Christ<\/i> (1988) y <i>Basquiat<\/i> (1996), son filmes en los que fue protagonista o secundario.<\/p>\n<p>Pero su mejor actuaci\u00f3n se la dio al teatro. Entre 1980 y 1981 hizo de Joseph Merrick, un joven ingl\u00e9s de fines del siglo XIX afectado por terribles deformaciones que le costaron la humillaci\u00f3n y una vida errante y penosa, en <i>The Elephant Man<\/i> (de Bernard Pomerance), presentada en Broadway bajo la direcci\u00f3n de Jack Hofsiss. A diferencia de la pel\u00edcula hom\u00f3nima de David Lynch (1980), Bowie prescindi\u00f3 de pr\u00f3tesis y aditamentos para encargar \u00fanicamente a su delgado cuerpo y su voz la sugerencia de la figura del desdichado Merrick. Una proeza elogiada por los cr\u00edticos.<\/p>\n<p>Sin embargo, fue en el duro pero hechicero mundo del rock donde Bowie hall\u00f3 al fin su pa\u00eds. Ya instalado, fue inevitable una segunda mutaci\u00f3n. Su nombre de pila, David R. Jones se confund\u00eda con el del vocalista de The Monkees. Lo sustituy\u00f3 tomando el de una marca de cuchillos, \u201cBowie\u201d. A continuaci\u00f3n, alguien como \u00e9l no iba a contentarse con solo grabar canciones. Empleando la suma de lo aprendido, hizo de la m\u00fasica una fusi\u00f3n de arte visual, puesta en escena, letras e historias congruentes y calculadas declaraciones a la prensa. Hay ciertos antecedentes, pero con \u00e9l la m\u00fasica se convirti\u00f3 en un completo acto de representaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En una cultura de posguerra que no quer\u00eda mirar atr\u00e1s, hacia la ignominia del holocausto jud\u00edo, las trincheras en que millones de p\u00e9talos de vida joven se pudrieron en una mezcla de barro e insania, la opresi\u00f3n de la amenaza at\u00f3mica y de los reg\u00edmenes totalitarios; en que una generaci\u00f3n de hijos de padres ausentes por la guerra o el alcohol del regreso a casa se vieron sofocados por lo establecido, alborotados por las luces del naciente consumismo; nada fue m\u00e1s seductor que desatarse del pasado, celebrar el instante e inmolarse a su fugacidad; o, en su lugar, emprender la huida hacia adelante, hacia un periplo hecho de varias existencias con que redimir la peque\u00f1ez de lo real.<\/p>\n<p>Bowie fue eso: el cambio, la imposibilidad de permanecer y la necesidad de morir para poder volver. Su ojo diferente le hizo amar ser diferente (la otra opci\u00f3n era la locura en que cay\u00f3 su hermano mayor Terry, v\u00edctima de esquizofrenia). Probar m\u00e1scaras y preservarse a s\u00ed mismo al t\u00e9rmino de la funci\u00f3n. En 1973, anunci\u00f3 en un concierto de su gira \u201cZiggy Stardust\u201d, en la c\u00faspide de la atenci\u00f3n y en un punto supremo de creatividad, que era su \u00faltima presentaci\u00f3n. Al estupor general le sigui\u00f3 la claridad: Bowie jubilaba su personaje para adoptar el siguiente.<\/p>\n<p>Tras su etapa <i>glam<\/i>, Bowie abraz\u00f3 el <i>funk<\/i> y el <i>soul<\/i> norteamericanos; m\u00e1s tarde el <i>kraut rock<\/i> alem\u00e1n y otras vanguardias, con una escogida sucesi\u00f3n de m\u00fasicos que le permitieron explorar nuevos conceptos: la guitarra recia y mel\u00f3dica de Mick Ronson; la base r\u00edtmica de Carlos Alomar; la guitarra desquiciada y ululante de Robert Fripp; y la densidad et\u00e9rea de las m\u00e1quinas de Brian Eno, en audaces saltos que dejaron huella y animaron a artistas en ciernes a ambas orillas del Atl\u00e1ntico.<\/p>\n<p>Bowie tuvo otros magn\u00edficos aliados en su itinerario: productores como Tony Visconti y Nile Rodgers; guitarristas como Adrian Belew, Stevie Ray Vaughan o Reeves Gabrels; o pianistas como Rick Wakeman o Mike Garson. Muchos de ellos dieron lo mejor de s\u00ed trabajando para Bowie. Garson, por ejemplo, tiene una s\u00f3lida carrera en el jazz, pero ha revelado que adonde va le preguntan por su asombroso solo en \u201cAladdin Sane\u201d (1973).<\/p>\n<p>En el cl\u00e1sico \u201cChanges\u201d (1971), Bowie dice: \u201cNo s\u00e9 qu\u00e9 estaba esperando \/ Y mi tiempo estaba fuera de control \/ Un mill\u00f3n de callejones sin salida \/ Siempre que cre\u00ed tenerlo hecho \/ Result\u00f3 que el sabor no era tan dulce. \/ As\u00ed que me gir\u00e9 para mirarme a m\u00ed mismo \/ Pero nunca llegu\u00e9 a ver nada\u201d. Y agrega: \u201cNo quiero ser un hombre m\u00e1s rico [\u2026] solo tengo que ser un hombre diferente\u201d.<\/p>\n<p>La perpetua cacer\u00eda que recuerda un apunte de Octavio Paz: \u201cel hombre nunca es el que es sino el que quiere ser, el que se busca; en cuanto se alcanza, o cree que se alcanza, se desprende de nuevo de s\u00ed, se desaloja, y prosigue su persecuci\u00f3n. Es el hijo del tiempo\u201d. Del tiempo y del viento. Dice Montaigne: \u201csomos viento y \u00e9l, m\u00e1s sabiamente que nosotros, gusta de zumbar y de agitarse\u201d.<\/p>\n<p>\u201cSolo el que cambia es fiel a s\u00ed mismo\u201d, se lee en Nietsche. Major Tom, Ziggy Stardust, Aladdin Sane, The Thin White Duke. Un nombre y una personalidad en cada tramo, y en el camino un reguero de bellas canciones. \u201cSeg\u00fan algunos viajeros \u2013contaba Henry David Thoreau\u2013, los indios no recib\u00edan su nombre al nacer, sino que deb\u00edan gan\u00e1rselo y as\u00ed constitu\u00edan para siempre su fama. En algunas tribus, incluso, adquir\u00edan un nuevo nombre con cada nueva haza\u00f1a\u201d.<\/p>\n<p>Ciertamente, no existe identidad sin ra\u00edces ni alimento. No hay pureza gen\u00e9tica en humano alguno, y menos en la m\u00fasica. Mick Jagger dijo amistosamente una vez: \u201csi llevas zapatos especiales, no se te ocurra salir si Bowie anda cerca\u201d. Para Jean-Luc Godard, que film\u00f3 una pel\u00edcula con los Rolling Stones, el arte no es sino cambiar el orden de cosas que ya existen. No somos dioses, no sacamos nada de la nada, nuestras palabras y canciones se hacen con el aire que tomamos. Por nuestras arterias discurren muchedumbres. Dec\u00eda Montaigne que \u201cel hombre m\u00e1s honesto es el mezclado\u201d. En tal sentido, Bowie fue desde temprano una antena regulada en todas las frecuencias y el m\u00e1s inteligente de todos los ladrones. El traje llamativo y el orgullo en la extravagancia de Little Rickard, la poes\u00eda de Bob Dylan, la danza y el mimo de Lindsay Kemp, la rebeld\u00eda art\u00edstica de Andy Warhol, la voz modulada de Scott Walker, el teatro kabuki, los dise\u00f1os del modisto Kansai Yamamoto y mil insumos m\u00e1s convertidos en una innovadora unidad llena de energ\u00eda.<\/p>\n<p>Con el impulso de lo prestado, Bowie dio siempre un paso hacia adelante. Fue el fugitivo que, al huir cada vez, alargaba pasillos que se\u00f1alaban rumbos para el o\u00eddo y el esp\u00edritu (en lat\u00edn <i>spiritus<\/i> y en griego <i>pneuma<\/i>; con id\u00e9ntico significado de \u00abaire\u00bb y \u00abviento\u00bb). La fina melod\u00eda de estribillo sideral de \u201cLife on Mars?\u201d; despu\u00e9s el <i>riff<\/i> y el fraseo guerreros de \u201cRebel Rebel\u201d; luego la sonoridad contemplativa del \u00e1lbum <i>Low<\/i>; y de repente la voz desgarrada con un aullido de guitarra en \u201cHeroes\u201d.<\/p>\n<p>Bowie es diversas voces en el tiempo, y no solo a causa de la edad, el cuerpo y el tabaco. Tambi\u00e9n distintos g\u00e9neros: hard rock, folk, soul, funk, electr\u00f3nica, dance, jazz, etc. Y diversos estados de \u00e1nimo: el reflexivo de \u201cQuicksand\u201d, el tierno y paternal de \u201cKooks\u201d (compuesta para su primer hijo), el prof\u00e9tico y coral de \u201cStarman\u201d, el tr\u00e9mulo y apasionado de \u201cWild is The Wind\u201d, el fren\u00e9tico y fantasmal de \u201cDead Man Walking\u201d, o el crepuscular de \u201cWhere Are We Now\u201d.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a acumular tantas ideas que result\u00f3 natural que contribuyera a la m\u00fasica de otros haciendo de productor y compositor: en el rudo <i>Raw Power<\/i> de The Stooges; en <i>Transformer<\/i>, el disco m\u00e1s c\u00e9lebre de su admirado Lou Reed; en los \u00e1lbumes <i>The Idiot<\/i> y <i>Lust for Life<\/i>, picos en la carrera de Iggy Pop (quien confes\u00f3 que \u201cBowie me salv\u00f3 de una aniquilaci\u00f3n profesional y quiz\u00e1 personal; los dem\u00e1s me ve\u00edan con curiosidad, pero \u00e9l realmente se preocup\u00f3 por m\u00ed\u201d); o con la canci\u00f3n \u201cAll the Young dudes\u201d que hizo inolvidable a Mott The Hoople.<\/p>\n<p>Con los a\u00f1os, una vasta prole de estrellas explotar\u00eda a su vez su est\u00e9tica, su sentido escenogr\u00e1fico, sus m\u00e1scaras, la androginia y el futurismo de sus alter egos, la intriga de sus historias, su modo de bailar y su entonaci\u00f3n mutante. Joy Divison, The Cure, Boy George, Michael Jackson, Miguel Bos\u00e9, Duran Duran, Prince, Madonna, Nirvana, Suede y tantos m\u00e1s.<\/p>\n<p>Contra lo que puede creerse, el famoso \u201cyo es otro\u201d de Arthur Rimbaud, no calza necesariamente con su legado. Incluso suele olvidarse el contexto de la frase: \u201cnos equivocamos al decir: yo pienso: deber\u00edamos decir me piensan. Perd\u00f3n por el juego de palabras.\u00a0YO es otro. Tanto peor para la madera que se descubre viol\u00edn\u201d. David Bowie fue un <i>rock star<\/i> que en ning\u00fan momento olvid\u00f3 que era actor, y que era \u00e9l y no el p\u00fablico el que llevaba el tim\u00f3n.<\/p>\n<p>La gente ador\u00f3 cada una de sus versiones. Y se apropi\u00f3 de ellas como hace con cada \u00eddolo del espect\u00e1culo. En su disco narrativo <i>The Rise And Fall of Ziggy Stardust And Spiders From Mars<\/i> (1972) traza la trayectoria de un cantante que ven\u00eda del espacio, desde su arribo mesi\u00e1nicamente esperado hasta su horrible muerte en manos de sus trastornados <i>fans<\/i>. Bowie vio en la muerte de John Lennon \u2013con quien tambi\u00e9n colabor\u00f3\u2013 el cumplimiento de ese involuntario vaticinio, y qued\u00f3 estremecido.<\/p>\n<p>Michael Jackson pudo sentirse tan infeliz en su vida familiar que tal vez decidi\u00f3 vaciarse aun f\u00edsicamente para ser por entero el chico triunfal y superior que imaginaba que los dem\u00e1s ve\u00edan en \u00e9l. Su megaloman\u00eda y sus obsesiones quir\u00fargicas fueron obra del personaje que canibaliz\u00f3 a la persona. Pese a los riesgos en juego, Bowie dej\u00f3 que el Otro de que hablaba Rimbaud fuera el que siguiera ese destino, mientras su yo se escabull\u00eda entre las cortinas. Su canci\u00f3n \u201cFame\u201d advierte: \u201cFama te pone all\u00ed donde est\u00e1n las cosas huecas; \/ no es tu cerebro, solo la llama que arde\u201d.<\/p>\n<p>En una inusual conciencia del espect\u00e1culo, separ\u00f3 con habilidad e iron\u00eda el yo que era del que la industria consum\u00eda, y desde las sombras manipul\u00f3 sus propios hilos. El mismo cuidado lo procur\u00f3 al pedir a su familia que lo dejara partir \u201csin ning\u00fan ruido\u201d y sin un funeral p\u00fablico. Dicen que solo se ama lo que se conoce. Pero tambi\u00e9n es cierto lo contrario: que solo se conoce lo que se ama. Solo quienes nos aman se acercan al yo que en verdad somos. En uno de sus \u00faltimos temas, \u201cLazzarus\u201d, se oye: \u201cMira aqu\u00ed arriba, estoy en el Cielo \/ Tengo cicatrices que no pueden ser vistas\u201d. (con sarcasmo, sigue: \u201ctengo drama, no puedo ser hurtado \/ Todos me conocen ahora\u201d).<\/p>\n<p>Bowie intuy\u00f3 temprano que cambiar entra\u00f1a la posibilidad del desarraigo. En el v\u00e9rtigo es dif\u00edcil amar, pues amar es ser para alguien y, si la sinton\u00eda es perfecta, marchar al un\u00edsono, que es la felicidad m\u00e1s grande. En \u201cSpace Oddity\u201d (1969) describe el estar fuera del mundo que suscita el saberse distinto o extra\u00f1o: \u201cAqu\u00ed estoy sentado en esta lata de aluminio\u00a0\/ Lejos, encima del mundo\u00a0\/ El planeta tierra es azul\u00a0\/ Y no hay nada que pueda hacer\u00a0\/ Me siento inm\u00f3vil\u00a0\/ Y creo que mi nave espacial sabe hacia d\u00f3nde ir\u00a0\/ D\u00edganle a mi esposa que la amo. \/ \u00abControl terrestre a Mayor Tom,\u00a0\/ Sus circuitos est\u00e1n muertos, algo est\u00e1 mal.\u00a0\/ \u00bfMe puede escuchar, Mayor Tom? \/ \u00bfMe puede escuchar?\u00bb\u201d<\/p>\n<p>El h\u00fangaro S\u00e1ndor M\u00e1rai retrata su desolaci\u00f3n. \u201cLa verdad es que ya podr\u00eda irme de este mundo, porque Lola no es consciente de mi existencia\u201d, escribe cuando su esposa cae en coma. Y al llegar lo irreparable: \u201cme encuentro solo, en un vac\u00edo similar al que rodea al astronauta en el espacio, donde ya no act\u00faa la gravedad que lo manten\u00eda sujeto a la Tierra\u201d.<\/p>\n<p>En la canci\u00f3n \u201cWhere Are We Now\u201d, de su pen\u00faltimo trabajo <i>The Next Day<\/i> (2013), al hacer una retrospectiva de sus a\u00f1os en Berl\u00edn a fines de los setenta, constata la inestabilidad de lo humano. Como en un verso de Rilke, \u201cvivimos en permanente despedida\u201d. Qu\u00e9 queda de todo ello y de nosotros, \u00bfd\u00f3nde estamos ahora? Y contesta: \u201cEl momento en que lo sabes \/ Sabes que lo sabes. \/ Mientras haya sol \/ Mientras haya lluvia \/ Mientras haya fuego \/ Mientras est\u00e9 yo \/Mientras est\u00e9s t\u00fa\u201d.<\/p>\n<p>La verdadera patria no es, pues, la tierra que el viento levanta y lleva por el aire, ni el oc\u00e9ano de aguas que viajan m\u00e1s que nosotros. Si alguien sigue a tu lado cuando todo cambia, t\u00fa mismo contin\u00faas; si alguien te llama y toma tu mano, la muerte no podr\u00e1 volverte nada. La patria est\u00e1 en el aire, el aire entre dos mortales que se miran.<\/p>\n<p>En p\u00fablico, David Bowie nunca fue m\u00e1s visiblemente \u00e9l mismo, el hombre bajo la performance, como cuando aparec\u00eda al lado de Iman, su esposa desde 1992, sin contener la esplendorosa sonrisa de un muchacho enamorado. \u201cEn mi vida hay un antes y un despu\u00e9s \u2013dijo en una entrevista de 1997\u2013. Gracias a ella he encontrado el equilibrio definitivo. La adoro, lo confieso. Es la mujer de mi vida. Antes de conocerla estaba convencido de que el amor no exist\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>El equilibrio entre la fluidez del tiempo y la solidez de una casa; entre la codicia de lo celeste y el gozo de las peque\u00f1as cosas. Entre el \u201ctodo cambia\u201d de Her\u00e1clito\u201d y el \u201ctodo permanece\u201d de Parm\u00e9nides. Para un ser que solo \u201ces\u201d cuando no es el mismo, el equilibrio est\u00e1 en el relato de los hechos que explican el semblante. El equilibrio que da una caminata, una charla o una m\u00fasica en que, de pronto, aceptamos que todo ha de pasar porque al fin pasamos juntos.<\/p>\n<p><strong>V\u00edctor Hugo Palacios Cruz<\/strong><\/p>\n<p>Escritor y fil\u00f3sofo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si a los cuarenta uno es responsable de su rostro, seg\u00fan Abraham Lincoln, hay que a\u00f1adir que ese rostro, dice Julio Ram\u00f3n Ribeyro, \u201cse organiza alrededor de la mirada\u201d. En el humano la mirada es obra y autor; acci\u00f3n sobre uno mismo y objeto de interpretaci\u00f3n ajena. 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