{"id":2818,"date":"2016-05-11T21:38:07","date_gmt":"2016-05-11T21:38:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginasdeldiariodesatan.com\/pdds\/?p=2818"},"modified":"2016-05-11T21:38:07","modified_gmt":"2016-05-11T21:38:07","slug":"encadenados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=2818","title":{"rendered":"Encadenados"},"content":{"rendered":"<p>En \u201cEncadenados\u201d nadie canta ni baila, pero la pel\u00edcula tiene un aire musical mucho m\u00e1s n\u00edtido que el que luce \u201cLocos de amor\u201d. Parece acompa\u00f1arla una melod\u00eda triste, asordinada. Como un lamento.<\/p>\n<p>En ese comp\u00e1s relajado los personajes encuentran sus modos de andar. Deambulan, con gesto laxo, como fantasmas.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s logrado de la pel\u00edcula de Miguel Barreda es ese tono l\u00e1nguido, como amodorrado, que acompa\u00f1a a esta ronda de perdedores. Personajes que entregan la posta de sus fracasos a otros, m\u00e1s jodidos que ellos, \u00a0que dan vueltas en c\u00edrculos sin tener a d\u00f3nde ir. \u00a0Recorren una Arequipa an\u00f3nima, nocturna, de ambientes saturados, paredes descascaradas, interiores s\u00f3rdidos \u00a0y afeada modernidad.<\/p>\n<p>Barreda afirma un estilo visual y crea una atm\u00f3sfera penetrante que supera el pie forzado de la construcci\u00f3n dram\u00e1tica. El tipo de mon\u00f3logo cambia de un personaje a otro: es el soliloquio de alguno, el discurso de la conciencia, la confesi\u00f3n, la memoria evocativa, el \u201crollo\u201d narcisista de macho de cantina. La palabra impulsa la acci\u00f3n, pero a veces la traba o la sofoca: cuando se hace discursivo y \u201cfilos\u00f3fico\u201d y se torna demasiado consciente de s\u00ed mismo. O cuando roza el patetismo (el mon\u00f3logo del taxista), o quiere marcar la mirada cr\u00edtica ante la desigualdad social o la prepotencia clasista (el empresario vengador)<\/p>\n<p>Los mejores pasajes son aquellos en los que no despunta conflicto evidente (aunque est\u00e9 ah\u00ed, latente, esperando manifestarse) y la c\u00e1mara se detiene a observar a los personajes y sus recorridos por espacios que conducen siempre a los mismos lugares: se recuerda alguna contrastada alegr\u00eda pasada (la historia de la ni\u00f1a Clarita) o se fanfarronea como compensaci\u00f3n a una realidad miserable: la intervenci\u00f3n de Gino, encarnado por Enrique Casella D\u00edaz del Olmo en la mejor actuaci\u00f3n de la pel\u00edcula, junto con la de Norma Mart\u00ednez.<\/p>\n<p>Nada que ver con los referentes cinematogr\u00e1ficos mencionados por muchos y por el propio Barreda: Gonz\u00e1lez I\u00f1\u00e1rritu y ep\u00edgonos. Aqu\u00ed no hay ninguna exhibici\u00f3n audiovisual virtuosa, ni dolor globalizado, ni complacencia en la debilidad humana, ni casualidades dram\u00e1ticas que organicen el sufrimiento universal. En esta balada triste, hay una mirada fr\u00eda, sin adornos, sobre un grupo de perdedores que nos dejan asomar, por un momento, en sus intimidades.<\/p>\n<p><strong>Ricardo Bedoya<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En \u201cEncadenados\u201d nadie canta ni baila, pero la pel\u00edcula tiene un aire musical mucho m\u00e1s n\u00edtido que el que luce \u201cLocos de amor\u201d. Parece acompa\u00f1arla una melod\u00eda triste, asordinada. Como un lamento. En ese comp\u00e1s relajado los personajes encuentran sus modos de andar. Deambulan, con gesto laxo, como fantasmas. 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