{"id":2848,"date":"2016-05-17T00:08:41","date_gmt":"2016-05-17T00:08:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginasdeldiariodesatan.com\/pdds\/?p=2848"},"modified":"2016-05-17T00:08:41","modified_gmt":"2016-05-17T00:08:41","slug":"luis-bunuel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=2848","title":{"rendered":"Luis Bu\u00f1uel"},"content":{"rendered":"<p><strong>Ayer posteamos listas de preferidas del cine espa\u00f1ol. Luis Bu\u00f1uel ocupa en ellas un lugar preponderante. Recordemos su cine con este art\u00edculo\u00a0que recupero del archivo.<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La primera imagen f\u00edlmica de Bu\u00f1uel tiene un efecto revulsivo: una navaja rasga el ojo de una mujer y mana el humor acuoso. As\u00ed empieza \u201cUn perro andaluz\u201d (1928), aporte del\u00a0cine al movimiento surrealista. Escrita y dirigida al alim\u00f3n con Dal\u00ed, sus im\u00e1genes buscan reproducir el impulso l\u00fadico y caprichoso de un guion escrito por dos amigos que tratan de dar forma a sus sue\u00f1os, deseos, visiones, antojos, ocurrencias e impertinencias a condici\u00f3n de rehuir la construcci\u00f3n dram\u00e1tica tradicional de un filme. &#8220;Un perro andaluz&#8221; intenta la ortodoxia de la ilustraci\u00f3n on\u00edrica y exhibe la falta de control propia de la escritura autom\u00e1tica, que en el cine silente no pod\u00eda ser m\u00e1s que una convenci\u00f3n dado el peso de las c\u00e1maras y la lentitud de los rodajes, lo que erradicaba cualquier espontaneidad. Las c\u00e1maras ligeras de estos d\u00edas hubieran hecho realidad los afiebrados empe\u00f1os de los j\u00f3venes vanguardistas. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Su segunda pel\u00edcula, \u201cLa edad de oro\u201d (1930), vuelve por los fueros libertarios: una pareja trata de liberar la fuerza de su deseo, un puro &#8220;amour fou&#8221;, yendo m\u00e1s all\u00e1 de los ceremoniales represivos del culto, los edictos policiales y la decencia burguesa. Eros se enfrenta a la civilizaci\u00f3n. Las\u00a0im\u00e1genes son on\u00edricas, provocadoras y blasfemas. Pero a diferencia de otros realizadores de vanguardia que cre\u00edan haber encontrado la esencia del cine en la parafernalia \u00f3ptica de la c\u00e1mara lenta y el montaje fren\u00e9tico, Bu\u00f1uel aborda la irracionalidad con un lente observador, imperturbable. El temple que tambi\u00e9n emplea para describir lo ins\u00f3lito de la miseria extrema de Las Hurdes en su documental &#8220;Tierra sin pan&#8221;, de 1932, que\u00a0descubre lo fant\u00e1stico en la entra\u00f1a de la realidad. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Y es que la alucinaci\u00f3n en Bu\u00f1uel tiene perfiles netos y trazos limpios. Es un cl\u00e1sico que busca el orden aun en la confusi\u00f3n de los sentidos, pero sin renunciar a la provocaci\u00f3n. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">&#8220;La edad de oro&#8221; acaba con una imagen que pretende suscitar el esc\u00e1ndalo. Un Cristo de apariencia sulpiciana se tropieza con un libertino saliendo\u00a0de la\u00a0org\u00eda de los 120 d\u00edas de Sodoma. La asociaci\u00f3n de Cristo y Sade fue suficiente para que la censura fulminara\u00a0el filme. Par\u00eds reci\u00e9n pudo verla proyectada en salas p\u00fablicas en 1981.<\/span><\/p>\n<p><b><span style=\"color: #000000;\">El per\u00edodo mexicano<\/span><\/b><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Entre 1932 y 1946, Bu\u00f1uel\u00a0supervis\u00f3 cintas comerciales en Espa\u00f1a, edita documentales norteamericanos sobre la Guerra Civil en su pa\u00eds, conoce Hollywood y se espanta de sus m\u00e9todos. Decide emigrar a M\u00e9xico, abierto al asilo de tantos espa\u00f1oles y\u00a0en 1946\u00a0logra realizar su segundo largometraje, en el interior de la industria cinematogr\u00e1fica mexicana. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Contra lo que pudiera pensarse, Bu\u00f1uel no pierde\u00a0el tiempo en M\u00e9xico ni se somete\u00a0a las presiones de los productores, que exig\u00edan furibundos melodramas y comedias populistas. El joven e insolente vanguardista de \u201cUn perro andaluz&#8221; y \u201cLa edad de oro\u201d se convierte\u00a0entonces en\u00a0 un profesional del cine: aprende a narrar, superando\u00a0las dificultades\u00a0impuestas por los presupuestos miserables y los actores deficientes. Adapta\u00a0novelas ilustres (&#8220;Cumbres borrascosas&#8221;, de Emily Bronte, se convierte\u00a0en \u201cAbismos de pasi\u00f3n\u201d y &#8220;Robinson Crusoe&#8221; toma los rasgos del actor Dan O&#8217;Herlihy) y de las otras. Descubre que el cine no es una suma de caprichos, gestos desafiantes o un ejercicio de fantas\u00edas desbordadas, sino tambi\u00e9n un esfuerzo de rigor, limpieza expositiva, precisi\u00f3n y eficacia. Sirve encargos, pero sin hacer concesiones morales. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Entre la mara\u00f1a de convenciones del cine popular mexicano oculta el verdadero significado de sus historias, solapando el sentido corrosivo de su mirada. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Muchas de sus pel\u00edculas mexicanas parecen historias edificantes pero son en realidad verdaderas bombas de tiempo. Como la genial &#8220;Susana, carne y demonio&#8221; (1950) en la que Rosita Quintana hace pucheros de hu\u00e9rfana desvalida y recibe favores del cielo mientras seduce a todos los hombres de la hacienda de Don Guadalupe, en una explosi\u00f3n de libido que ya la hubiera querido Pasolini para &#8220;Teorema&#8221;. En \u201cEl\u201d (1952),\u00a0 traza el retrato de un caballero mexicano que hace gala de las m\u00e1s altas virtudes piadosas. En su vida privada, en cambio, es un celoso patol\u00f3gico que teme la sexualidad femenina y le atribuye la capacidad homicida que siente dentro de s\u00ed. Identific\u00e1ndonos con los c\u00f3digos compartidos de la decencia y el honor burlados, Bu\u00f1uel nos devuelve el retrato de un paranoico en el que\u00a0nos vemos reflejados. Espejo inquietante de un monstruo que es tambi\u00e9n un ser melanc\u00f3lico, nocturno y divertido en medio de su delirio. La ambig\u00fcedad esencial del cine de Bu\u00f1uel nace de su\u00a0capacidad para filmar en clave de comedia sard\u00f3nica lo que en su origen era una tragedia moralizante sobre el sentido del mancillado honor burgu\u00e9s.\u00a0 <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">En las cintas de Bu\u00f1uel no existen\u00a0h\u00e9roes ni villanos, s\u00f3lo personajes que buscan liberar sus impulsos y emprender un camino singular. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Unos quieren ser pecadores absolutos (como los amantes de \u201cLa edad de oro\u201d, &#8220;Susana, carne y demonio&#8221;, el Archibaldo de la Cruz de \u201cEnsayo de un crimen\u201d, el Fernando Rey de &#8220;Viridiana&#8221;, la Catherine Deneuve de \u201cBella de d\u00eda\u201d, &#8220;Tristana\u201d) otros santos (como \u201cNazar\u00edn\u201d, \u201cViridiana\u201d o \u201cSim\u00f3n del desierto\u201d). Todos terminan provocando las m\u00e1s contradictorias cat\u00e1strofes y alejados de los esquivos caminos de la perdici\u00f3n y la salvaci\u00f3n. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El deseo nunca concilia con la realidad,\u00a0 y en el camino se parten en trizas el sentido de la sensatez y de la\u00a0raz\u00f3n, como le ocurre a Archibaldo de la Cruz, el homicida imaginario de mujeres de &#8220;Ensayo de un crimen&#8221;, cuyas v\u00edctimas mueren por causas naturales justo en el momento en el que va a acometer el homicidio. O con los patriarcas maduros y decadentes -esos que resume el talante de Fernando Rey, actor preferido de Bu\u00f1uel- de &#8220;Viridiana&#8221; o &#8220;Tristana&#8221; que se orientan hacia su propia destrucci\u00f3n justo cuando encuentran &#8220;Ese oscuro objeto del deseo&#8221;. Lo que le fascina a Bu\u00f1uel es registrar el &#8220;huis clos&#8221; de una clase social,\u00a0 presa en sus ritos y sus lapsus, en sus actos siempre iguales, como los invitados a la cena de la calle de la Providencia en &#8220;El \u00e1ngel exterminador&#8221; (1962)\u00a0\u00a0 <\/span><\/p>\n<p><b><span style=\"color: #000000;\">La provocaci\u00f3n serena<\/span><\/b><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Las cintas de su madurez son filmadas en Europa: desde &#8220;Viridiana&#8221; hasta &#8220;Ese oscuro objeto del deseo&#8221;, su obra maestra final.\u00a0 <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">En algunas de ellas (\u201cBella de d\u00eda\u201d, \u201cEl discreto encanto de la burgues\u00eda\u201d, \u201cEl fantasma de la libertad\u201d, \u201cEse oscuro objeto del deseo\u201d) deslumbra el modo en que destruye las apariencias superficiales del relato. Cuando creemos estar instalados en un ambiente &#8220;discreto&#8221; y &#8220;encantador&#8221;, hechizados por el aroma de ese <em>sprit<\/em> gentil de cierto cine franc\u00e9s, a la manera de una comedia de costumbres cort\u00e9s, civilizada y ligeramente amoral, comenzamos a darnos cuenta que algo nos perturba. A veces es un personaje que no responde a las expectativas usuales: la bella y glacial Catherine Deneuve de &#8220;Bella de d\u00eda&#8221; empieza a so\u00f1ar y comportarse como una sadomasoquista. En otros casos, el relato no fluye como debiera y se convierte en una sucesi\u00f3n de actos fallidos o en un juego de cajas chinas. Bu\u00f1uel domina el relato cl\u00e1sico y lo desmonta; su estilo es depurado y la provocaci\u00f3n tranquila. <\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">Ricardo Bedoya<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u00a0<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ayer posteamos listas de preferidas del cine espa\u00f1ol. Luis Bu\u00f1uel ocupa en ellas un lugar preponderante. Recordemos su cine con este art\u00edculo\u00a0que recupero del archivo. La primera imagen f\u00edlmica de Bu\u00f1uel tiene un efecto revulsivo: una navaja rasga el ojo de una mujer y mana el humor acuoso. 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