{"id":3574,"date":"2016-12-23T12:43:06","date_gmt":"2016-12-23T12:43:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginasdeldiariodesatan.com\/pdds\/?p=3574"},"modified":"2016-12-23T13:13:29","modified_gmt":"2016-12-23T13:13:29","slug":"juan-m-bullitta-un-recuerdo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=3574","title":{"rendered":"Juan M. Bullitta. Un recuerdo."},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Algunos le conocieron como cr\u00edtico de cine; otros como poeta; muchos como amigo, conversador infatigable, aficionado a la salsa o promotor de acaloradas pol\u00e9micas. Juan M. Bullitta (1944-1990) era un personaje m\u00faltiple,\u00a0pose\u00eddo por una intensidad que se fue extinguiendo con el paso de los a\u00f1os,\u00a0en paralelo con un\u00a0desarraigo que hizo crisis y le coloc\u00f3 en una ruta sin retorno.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">El cr\u00edtico de cine se dio a conocer durante los a\u00f1os iniciales, los m\u00e1s combativos, de la revista \u201cHablemos de Cine\u201d, que contribuy\u00f3 a fundar en 1965. Fue en sus p\u00e1ginas, y en las proyecciones de cine club que la publicaci\u00f3n organizaba, que Bullitta se revela como una personalidad pol\u00e9mica. En los cine-f\u00f3rums del auditorio del colegio Champagnat, all\u00e1 por 1966 o 1967, luc\u00eda dotes de apasionado contradictor. Al grito de \u201c\u00a1Viva Richard Quine, viva el cine!\u201d enfrentaba, junto con sus compa\u00f1eros de la revista, a los auditorios que canonizaban ciertos filmes \u00a0de \u201cprestigio cultural\u201d, como \u201cBeckett\u201d o \u201cZorba el griego\u201d, mientras desestimaban la obra incomparable de John Ford, de Alfred Hitchcock, de Otto Preminger,\u00a0o de Vincente Minnelli. La guerrilla \u201ccontracultural\u201d de \u201cHablemos de cine\u201d lo ten\u00eda como adelantado, en permanente choque contra la molicie cineclubista de la \u00e9poca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Sus textos escritos revelaban la misma intensidad. Recorrer las p\u00e1ginas mimeografiadas de los primeros diecinueve n\u00fameros de \u201cHablemos de Cine\u201d, publicados en 1965, es encontrar su presencia inquieta, provocadora, siempre dispuesta a la efusi\u00f3n y el entusiasmo al descubrir un nuevo filme. De all\u00ed su entra\u00f1able defensa de las pel\u00edculas de &#8220;romanos&#8221;, los \u201cp\u00e9plums\u201d italianos de fines los cincuenta e inicios de los sesenta, los de Maciste, H\u00e9rcules, Sans\u00f3n y Ulises, algunos de los cuales llevaban las firmas de Cottafavi, Leone, Corbucci, Francisci o Bragaglia. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Su opini\u00f3n cr\u00edtica, impresionista y plagada de intuiciones, se hizo permanente en la revista hasta 1970. Con el curso de los a\u00f1os su mirada cr\u00edtica se fue despojando de acentos admirativos y entusiasmos s\u00fabitos. Su argumentaci\u00f3n se hizo m\u00e1s serena y madura, aunque no por eso menos intuitiva y siempre distante de cualquier ortodoxia, moda est\u00e9tica, capilla te\u00f3rica o sistema cr\u00edtico. Fue entonces que escribi\u00f3 sus mejores textos, como los de \u201cWillie Boy\u201d, de Abraham Polonsky, \u201cLa Balada del Desierto\u201d, de Sam Peckinpah, o \u201cEl Arreglo\u201d, de Elia Kazan.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Pero, l\u00e1stima, en ese a\u00f1o 1970 empez\u00f3 a hacer crisis su desaliento y la p\u00e9rdida de muchas certidumbres. Comenz\u00f3 tambi\u00e9n su paulatino alejamiento del cine, que hab\u00eda sido hasta entonces un impulso vital.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Fue entonces que le conoc\u00ed. Reci\u00e9n salido del colegio, decid\u00ed acercarme al desvencijado local de la Plaza Francia donde se editaba la revista de cine que le\u00eda, con desconcierto primero y entusiasmo despu\u00e9s, desde un par de a\u00f1os antes. Bullita me recibi\u00f3 con generosidad. Se convirti\u00f3 en gu\u00eda y acicate para mi entusiasmo adolescente por el cine. Me habl\u00f3 de sus abundantes filias y fobias f\u00edlmicas, alab\u00f3 durante horas y a\u00f1os a John Ford y Sam Peckinpah, me acompa\u00f1\u00f3 a cines de barrio (el Apolo, el Gardel, el Bol\u00edvar, el Conde de Lemos, el R\u00edvoli,\u00a0 el Alfa, el Omnia, el Zenith, entre \u00a0otros) para pescar las pel\u00edculas de Gordon Douglas, de Stanley Donen, de Alejandro Galindo o de Peckinpah, que eran una revelaci\u00f3n para m\u00ed y una confirmaci\u00f3n para \u00e9l. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Encauz\u00f3 y model\u00f3 mi cinefilia, como lo hab\u00eda hecho antes con Francisco Lombardi \u00a0y con Ricardo Gonz\u00e1lez \u00a0Vigil. &#8220;Todos los cin\u00e9filos tienen la misma expresi\u00f3n extraviada de bobos&#8221;, me dijo una vez. Y a todos en los que reconoci\u00f3 ese gesto logr\u00f3 embarcarlos en una pasi\u00f3n que no tiene vuelta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Sin embargo, su alejamiento del cine era ya irreversible.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Se le ofreci\u00f3, hacia 1973, presentar las pel\u00edculas que proyectaba los fines de semana el cine club de San Marcos en el auditorio del Ministerio de Trabajo. Muchos lo recuerdan de entonces. Sus presentaciones eran fiel reflejo de su cada vez m\u00e1s inestable\u00a0 estado de \u00e1nimo. A veces improvisaba con brillantez, a veces se dejaba arrastrar por el desgano. El desali\u00f1o, la insolencia y la locuacidad eran los rasgos singulares de sus intervenciones. Por entonces, la vida le atra\u00eda m\u00e1s que el cine. Y la vida no le trataba bien. Aunque, valgan verdades, \u00e9l nada hac\u00eda para evitar sus embates. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Su trato con la vida\u00a0se fue transformando en una sucesi\u00f3n de afectos y rechazos,\u00a0entusiasmos y ca\u00eddas,\u00a0euforias y depresiones,\u00a0entregas y decepciones. Como un personaje de Rohmer \u2014aunque sin la ligereza ni el encanto de ellos\u2014 se impon\u00eda severas normas de conducta y exig\u00eda del resto comportamientos basados en imperativos morales inalcanzables, ajenos a la realidad de los comportamientos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Sustituy\u00f3 el cine por la poes\u00eda, publicando dos libros, \u201cSitio\u201d y \u201cArreglo de Cuentas\u201d. Dej\u00f3 algunos textos in\u00e9ditos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Desech\u00f3, con una obstinaci\u00f3n y una radicalidad severas, las apetencias peque\u00f1oburguesas. No tuvo casa,\u00a0mesa, ni descendencia. Suprimi\u00f3 en \u00e9l cualquier apetencia por la\u00a0propiedad privada y rechaz\u00f3 afincarse aun con los amigos con los que guardaba mayor afinidad. \u201cLa propiedad es un robo\u201d, dec\u00eda Proudhon. Para \u00e9l, era s\u00edntoma de alguna forma de deterioro moral de la que deb\u00eda mantenerse al margen. Ni libros conserv\u00f3. Los pocos que alguna vez fueron suyos\u00a0terminaron, dedicados, en manos de amigos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">La depresi\u00f3n le venci\u00f3 en Pisco, un d\u00eda de Navidad de hace 26 a\u00f1os. <\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Ricardo Bedoya<\/span><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunos le conocieron como cr\u00edtico de cine; otros como poeta; muchos como amigo, conversador infatigable, aficionado a la salsa o promotor de acaloradas pol\u00e9micas. Juan M. 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