{"id":3950,"date":"2017-04-18T22:28:43","date_gmt":"2017-04-18T22:28:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginasdeldiariodesatan.com\/pdds\/?p=3950"},"modified":"2017-04-18T22:28:43","modified_gmt":"2017-04-18T22:28:43","slug":"hambre-de-poder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=3950","title":{"rendered":"Hambre de poder"},"content":{"rendered":"<p>\u201cHambre de poder\u201d (&#8220;The Founder&#8221;), es s\u00f3lida y atractiva. La dirige John Lee Hancock\u00a0 y pone a Michael Keaton en el centro de todo. Aprovecha su gesto nervioso, su energ\u00eda permanente, sus arranques impulsivos. Es un Beetlejuice golpeado por los a\u00f1os y los contrastes que, de pronto, decide intervenir en la carrera de ratas que impulsa al sistema. El\u00a0 promotor de objetos y asuntos sin importancia sue\u00f1a con jugar en las ligas de Henry Ford y de Nelson Rockefeller. O aspira a convertirse en la versi\u00f3n depravada de Preston Tucker, ese fabulador con escr\u00fapulos en el que Francis Coppola encontr\u00f3 un alter ego.<\/p>\n<p>Ray Kroc\u00a0ocupa el centro del encuadre y Michael Keaton saca a flote todos los recursos del actor de experiencia para sacudir\u00a0a su personaje de los estereotipos\u00a0del filme biogr\u00e1fico. Enmarca las cejas, la emprende a golpes contra los objetos, crispa los gestos y mantiene una tensi\u00f3n corporal que nunca llega a estallar. Keaton no es Pacino, felizmente.<\/p>\n<p>Los puntos fuertes de la acci\u00f3n tienen que ver con asuntos siempre pragm\u00e1ticos: \u00bfC\u00f3mo rentabilizar el tiempo y el espacio de un local de venta de hamburguesas? \u00bfC\u00f3mo ahorrar energ\u00eda el\u00e9ctrica en el proceso de preparaci\u00f3n de milkshakes?\u00a0\u00bfC\u00f3mo arrasar a aquellos que impulsaron el negocio triunfador de McDonald&#8217;s, pero de ra\u00edces conservadoras y acento local? M\u00e1s all\u00e1 de ello, no queda lugar\u00a0para el desarrollo dram\u00e1tico de los afectos\u00a0e\u00a0intimidades\u00a0de los personajes. Las decisiones sobre los asuntos \u00e1lgidos de las\u00a0vidas\u00a0privadas\u00a0se resuelven sin tr\u00e1mites ni lamentos. Las personas son, para Kroc\u00a0-cuyo punto de vista lleva las riendas del relato-,\u00a0como las envolturas desechables de los productos que vende. Este\u00a0John Doe del capitalismo emprendedor construye su propio relato fundacional y\u00a0en el camino engulle a los cr\u00e9dulos hermanos McDonald\u2019s como quien mordisquea una\u00a0cal\u00f3rica\u00a0Big Double Cheese.<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes vistosas, apoyadas en los colores c\u00e1lidos de la foto y las\u00a0escenograf\u00edas -en el estilo del Technicolor de la era Eisenhower-, le dan un aire t\u00f3nico a esta historia de ambici\u00f3n.\u00a0O de \u00e9xito y traici\u00f3n.\u00a0Tal vez porque Hancock es autor del\u00a0guion de \u201cUn mundo perfecto\u201d, sea\u00a0posible imaginar a\u00a0Clint Eastwood como director de\u00a0esta pel\u00edcula. En manos del director de &#8220;Bird&#8221;, de &#8220;J. Edgar&#8221;, de &#8220;Sully&#8221;, hubiera tenido otra modulaci\u00f3n. Acaso m\u00e1s oscura y melanc\u00f3lica. M\u00e1s centrada en los contrastes \u00edntimos del triunfador.<\/p>\n<p><strong>Ricardo Bedoya<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cHambre de poder\u201d (&#8220;The Founder&#8221;), es s\u00f3lida y atractiva. La dirige John Lee Hancock\u00a0 y pone a Michael Keaton en el centro de todo. Aprovecha su gesto nervioso, su energ\u00eda permanente, sus arranques impulsivos. 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