{"id":4866,"date":"2018-02-16T15:01:39","date_gmt":"2018-02-16T15:01:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginasdeldiariodesatan.com\/pdds\/?p=4866"},"modified":"2018-02-16T15:01:39","modified_gmt":"2018-02-16T15:01:39","slug":"el-retorno-al-hechizo-de-las-cuevas-sobre-un-documental-de-werner-herzog","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=4866","title":{"rendered":"El retorno al hechizo de las cuevas. Sobre un documental de Werner Herzog"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #000000;\">Aunque trillada, todav\u00eda nos fascina la idea de que reunirnos en una sala a oscuras para observar unas im\u00e1genes prolonga la misma ceremonia que, en un tiempo remoto, realizaban unos seres curvados y peludos que, al calor de una hoguera en el interior de una l\u00f3brega caverna, escuchaban los relatos de un anciano o las invocaciones de un cham\u00e1n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Durante siglos de siglos nuestros ancestros miraron con reverencia al sol. Una ma\u00f1ana la curiosidad adelant\u00f3 a uno de ellos y la audacia a una de sus manos para, al fin, vencer el miedo que siente todo animal ante el espect\u00e1culo magn\u00edfico y aterrador del fuego. Una vez capturado y angustiosamente preservado con antorchas, el humano empez\u00f3 a delimitar sus propios espacios y, a salvo de los colmillos de la intemperie, obtuvo la calma que propici\u00f3 el arte y la palabra, al tiempo que emprend\u00eda la cocci\u00f3n de vegetales y carne de caza, el modelado de arcilla y metal, y el no menos irreversible modelado de su cuerpo y de su alma.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Como ense\u00f1a <i>La guerra del fuego<\/i> (1981), la notable pel\u00edcula de Jean Jacques Annaud, antes de semejante proeza dorm\u00edamos sue\u00f1os sin sue\u00f1os malamente acomodados sobre ramas de \u00e1rboles sacudidas por las garras de hambrientas fieras al acecho. Blandiendo una tea, nuestra especie penetr\u00f3 en la espesura de los bosques, hizo retroceder a sus depredadores, usurp\u00f3 las cuevas de los osos y alumbr\u00f3 con orgullo la vasta cueva de la noche.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El documental de Werner Herzog <i>La cueva de los sue\u00f1os olvidados<\/i> (2010) es un homenaje a esta fabulosa aventura evocada por el ins\u00f3lito arte rupestre en las entra\u00f1as de una muralla rocosa al sur de Francia, grabado durante una serie de visitas restringidas con una c\u00e1mara que, a lo largo de una angosta pasarela, avanza, gira, tiembla y calla. Jean Clottes, profesor de prehistoria all\u00ed presente, dice de pronto: \u201csilencio, por favor. No se muevan. Vamos a o\u00edr el silencio de la cueva. Tal vez incluso nuestros propios latidos\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La cueva de Chauvet Pont d\u2019Arc, en el departamento de Ard\u00e8che, posee en sus cuatrocientos metros de profundidad, aparte de f\u00f3siles de especies extintas, la huella del pie de un ni\u00f1o junto al de un lobo y restos de carb\u00f3n natural, una abrumadora cantidad de pinturas de 32 mil a\u00f1os de antig\u00fcedad, en un inusual estado de conservaci\u00f3n explicado por el derrumbe de un risco que, hace milenios, sell\u00f3 su acceso dejando apenas un resquicio por donde, seguramente, aflor\u00f3 al exterior la leve corriente de aire que atrajo a Jean-Marie Chauvet y sus compa\u00f1eros, una ma\u00f1ana de diciembre de 1994, a su impresionante descubrimiento.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Para un cineasta como Herzog, que pas\u00f3 su infancia en una granja alejada de toda ciudad y conoci\u00f3 la existencia del cine reci\u00e9n a los once a\u00f1os, debi\u00f3 suponer un \u00edntimo estremecimiento el adentrarse en esta caverna, atravesar templos de preciosas estalagmitas y estalactitas y, finalmente, alcanzar la visi\u00f3n de unas pinturas paleol\u00edticas que, a falta de paredes lisas, utilizaron el curvo relieve de las superficies para dar a sus tumultuosas formas una verosimilitud din\u00e1mica que las volv\u00eda intimidantes, aun para un intruso de nuestra era.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Figuras de animales que parecen abrevar sobre una fuente de agua real, cabezas de caballos una sobre otra, cuerpos de leones superpuestos y hasta bisontes de ocho patas y un rinoceronte con numerosos cuernos sugiriendo movimiento en una suerte de protocine. \u201cNuestras luces avanzan errantes y tememos estar perturbando a estos hombres del paleol\u00edtico ocupados en sus trabajos. Sentimos que nos est\u00e1n observando\u201d, dice la tr\u00e9mula voz del director, en su inconfundible ingl\u00e9s germ\u00e1nico.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">A lo largo de su copiosa obra de ficci\u00f3n y no ficci\u00f3n, Herzog ha trazado perfiles de antih\u00e9roes que, al borde de geograf\u00edas ind\u00f3mitas, empresas quim\u00e9ricas, fondos de caos y perversidad y cualquier clase de imposible, han entreabierto con sus locuras y obsesiones los pliegues m\u00e1s insospechados de una humanidad de nuevo enigm\u00e1tica e inabarcada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El alem\u00e1n es igualmente famoso por haber pretendido la veracidad de sus rodajes hasta el punto de ordenar el efectivo traslado de un barco cuesta arriba en plena jungla amaz\u00f3nica en <i>Fitzcarraldo<\/i> (1982) y dirigir actores sumidos en un estado de hipnosis en <i>Coraz\u00f3n de cristal<\/i> (1976). Los cient\u00edficos que estudian un remoto volc\u00e1n, a los que entrevista en <i>Into the inferno<\/i> (2016), confiesan haber temido que les pidiera nada menos que descender al ardiente cr\u00e1ter.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Sin embargo, aunque haya filmado sobre las heladas planicies de la Ant\u00e1rtida (<i>Encuentros en el fin del mundo<\/i>, 2008), sobre las calurosas playas del Caribe (<i>Cobra Verde<\/i>, 1988), entre nubes de mosquitos de un verano en Alaska (<i>Grizzly Man<\/i>, 2005), en el crudo invierno de la taiga siberiana (<i>Happy people<\/i>, 2011) o en las intrincadas selvas del Per\u00fa (<i>Aguirre, la c\u00f3lera de Dios<\/i>, 1972), a Herzog le han interesado, m\u00e1s que los escenarios majestuosos de la naturaleza, los paisajes m\u00e1s extremos del incre\u00edble coraz\u00f3n humano. Ha viajado a los cinco continentes para v\u00e9rselas con exploradores enfrentados a la desolaci\u00f3n, con un aventurero de origen miserable que acaba sucesivamente como esclavista y rebelde, con un desertor de la sociedad que se siente llamado a salvar a unos osos que acaban por devorarlo, con un solitario trampero que se aleja de su familia para vivir per\u00edodos de sobrevivencia en actos de coraje sin testigos, o con un codicioso buscador de oro que rompe la cuerda que lo ataba a la civilizaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Herzog merodea los misterios de Chauvet alternando las miradas de distintos expertos. Ge\u00f3logos, paleont\u00f3logos, historiadores del arte, un arque\u00f3logo que fue malabarista en un circo y un distinguido perfumista, que intentan, con sus hip\u00f3tesis, sus mediciones, sus pantallas y sus recreaciones de armas y flautas prehist\u00f3ricas, siquiera rozar la mente de aquellos antepasados, la reconstrucci\u00f3n de cuya mirada es tambi\u00e9n, sin duda, un prop\u00f3sito irrealizable. Nada de lo cual es por fortuna una p\u00e9sima noticia. <i>La cueva de los sue\u00f1os olvidados<\/i> nos recuerda que habitamos la \u00ednfima porci\u00f3n de una enormidad de tiempo y de espacio, pero tambi\u00e9n que el humano es \u00e9l solo una infinitud para s\u00ed mismo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">En la mitolog\u00eda griega, Prometeo rob\u00f3 el fuego de los dioses para concederlo a los mortales. El despiadado castigo que le impuso Zeus no detuvo la posterior aparici\u00f3n de la t\u00e9cnica en el alba de la humanidad. En Chauvet, como en Lascaux, Altamira \u2013o en las cuevas de Toquepala en Per\u00fa\u2013, el primitivo que realiz\u00f3 las finas ilustraciones de los cuadr\u00fapedos que antes lo hab\u00edan aterrorizado parec\u00eda aspirar a cierta posesi\u00f3n de lo existente gracias al rito de la representaci\u00f3n. El haber profanado oscuridades que le estaban vedadas, merced al fuego reci\u00e9n conquistado, le dio la certeza de haber franqueado una frontera y de habitar un universo paralelo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Joseph Campbell cree que el \u00fatero de la madre, en que no hay noche ni d\u00eda, ha sido para todos los pueblos un s\u00edmbolo de la eternidad, el para\u00edso al que se teme volver una vez adquirida la incipiente individualidad. Seg\u00fan Juhani Pallasmaa, ya que \u201cnuestra experiencia sensorial del mundo se origina en la sensaci\u00f3n interior de la boca\u201d, la cavidad bucal es \u201cel origen m\u00e1s arcaico del espacio arquitect\u00f3nico\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Sea como sea, ning\u00fan panel en toda la cueva m\u00e1s subyugante que aquel donde, seg\u00fan los estudios, el mismo artista de todo Chauvet ha plasmado sus propias manos tal n\u00famero de veces que hace pensar no en una firma de autor, sino en las consecuencias de un inconjurable hechizo. El \u00e9xtasis que suscita comprobar el inusitado poder de tan fr\u00e1giles extremidades. No sorprende que el propio Herzog cierre su documental con el primer plano del espl\u00e9ndido negativo de una mano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Poco antes del final, Jean Clottes cuestiona la confiada denominaci\u00f3n de <i>homo sapiens<\/i> con que solemos catalogar a nuestra especie. En lugar de seres que realmente \u201csaben\u201d, dice, somos m\u00e1s bien <i>homo spiritualis<\/i>. El joven arque\u00f3logo Julien Monney recuerda la an\u00e9cdota de un etn\u00f3grafo que, con la ayuda de un aborigen australiano, dio con unas hermosas pinturas rupestres. \u201cAl ver su deterioro, el nativo se entristeci\u00f3. Al rato volvi\u00f3 y se puso a rete\u00f1ir unas l\u00edneas. All\u00ed tienen la tradici\u00f3n de retocar las pinturas. El occidental pregunt\u00f3 \u00ab\u00bfpor qu\u00e9 est\u00e1s pintando?\u00bb. Aquel hombre contest\u00f3: \u00abyo no estoy pintando; es la mano del esp\u00edritu la que est\u00e1 pintando\u00bb\u201d.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">V\u00edctor H. Palacios Cruz<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">Escritor, fil\u00f3sofo y profesor de la USAT<\/span><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aunque trillada, todav\u00eda nos fascina la idea de que reunirnos en una sala a oscuras para observar unas im\u00e1genes prolonga la misma ceremonia que, en un tiempo remoto, realizaban unos seres curvados y peludos que, al calor de una hoguera en el interior de una l\u00f3brega caverna, escuchaban los relatos de un anciano o las [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4867,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[881,358],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4866"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4866"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4866\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4868,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4866\/revisions\/4868"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/4867"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4866"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4866"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4866"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}