{"id":5643,"date":"2019-01-12T13:45:33","date_gmt":"2019-01-12T13:45:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginasdeldiariodesatan.com\/pdds\/?p=5643"},"modified":"2019-01-12T14:24:13","modified_gmt":"2019-01-12T14:24:13","slug":"la-mula","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=5643","title":{"rendered":"La mula"},"content":{"rendered":"<p><img alt=\"Related image\" src=\"https:\/\/www.gannett-cdn.com\/presto\/2018\/12\/14\/PDTN\/911921f6-15cb-4166-abad-60d8e4b71c19-The_Mule.jpg?crop=1319,742,x0,y0&amp;width=3200&amp;height=1680&amp;fit=bounds\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">El Tata se parece a James Stewart. Ese comentario humor\u00edstico, formulado\u00a0dos veces al personaje de Clint Eastwood, en \u201cLa mula\u201d, es clave para entrar en esta pel\u00edcula luminosa, relajada, serena, respirable, pero con un trasfondo melanc\u00f3lico y hasta terminal (la dedicatoria final a sus amigos Pierre Rissient y Richard Schikel da cuenta de ello). <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Que le digan semejante cosa a Clint Eastwood podr\u00eda resultar hasta faltoso. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">\u00bfC\u00f3mo comparar al \u201cHombre sin nombre\u201d, a Harry Callahan, a William Munny, el del gesto congelado en rictus de revancha, con el buen Jimmy, bienhechor e inocente, atropellado,\u00a0t\u00edmido y nervioso hasta el tartamudeo, tal como parece haber quedado fijada la imagen del protagonista de \u201cCaballero sin espada\u201d en el imaginario de los estadounidenses?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">En verdad, la broma es perfecta, \u00a0porque el personaje de Earl Stone, la \u201cmula\u201d de noventa a\u00f1os que se pone al servicio del c\u00e1rtel de narcotr\u00e1fico, est\u00e1 dise\u00f1ado desde la ambivalencia. Como la figura del propio Stewart. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">El hombre que cultiva lirios, que canta acompa\u00f1ando a Dean Martin en la carretera, que parece ignorar las exigencias del mundo actual, que lanza apelaciones ahora proscritas por el sentido del respeto al otro o por la correcci\u00f3n pol\u00edtica, que no sabe enviar mensajes de texto, que bromea sobre las adicciones tecnol\u00f3gicas de los j\u00f3venes, encarna cierta noci\u00f3n de una inocencia pasatista. Aunque esa sea solo la fachada. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">James Stewart, luego de la luminosidad de Cukor y de los claroscuros de Capra, pas\u00f3 a los estallidos y penumbras de Anthony Mann. Detr\u00e1s de su gesto amable encontr\u00e1bamos el instinto feral, la astucia del superviviente, la perspicacia para olfatear el peligro, el olfato que le llevaba a caminar m\u00e1s r\u00e1pido o m\u00e1s lento para esquivar la ca\u00edda o para enrumbar hacia el abismo. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Y eso es lo que ocurre con Earl. Bajo una apariencia de bonhom\u00eda permanente, sabe encontrar la v\u00eda de escape inesperada (como en la notable secuencia del polic\u00eda y el perro) y desarrollar una estrategia para escapar del asedio policial (como en ese di\u00e1logo con Bradley Cooper que mezcla sinceridad, astucia y cinismo). O\u00a0afirma su libertad de acci\u00f3n al\u00a0desviarse de la ruta de la \u00faltima entrega, perderse unos d\u00edas y arriesgarse a todo, pase lo que pase. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri;\"><span style=\"font-size: medium;\"><span style=\"color: #000000;\">A diferencia de \u201cGran Torino\u201d, aqu\u00ed el viejo Eastwood no se la pasa rumiando rencores. \u00a0No espera hasta el final para hacer el gesto que lo transforma. En \u201cLa mula\u201d, el horticultor arruinado por la crisis y por la competencia del \u201ce-commerce\u201d, se reinventa, sale a la carretera y conoce la sensaci\u00f3n de los nuevos riesgos. Y se mantiene en constante movimiento.\u00a0 <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Porque en esta pel\u00edcula el tr\u00e1nsito es permanente. Sea que se avance a pie o por la carretera. La puesta en escena se organiza en torno a desplazamientos, atajos, desv\u00edos. Son los caminos imprevistos que llevan al protagonista no solo a cambiar de vida, sino a ejercer su libertad. Se\u00f1alado el derrotero, lo que sigue es la modificaci\u00f3n inesperada de todas las rutas, desafiando los trayectos previstos o los mandatos del GPS. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Desde la primera secuencia, la c\u00e1mara sigue a Earl con fluidez. Los tr\u00e1velin se convierten en recursos expresivos fundamentales sin ser grandilocuentes. Por el contrario, tienen la sencillez, funcionalidad y discreci\u00f3n de los cl\u00e1sicos. Siempre flotantes, casi ingr\u00e1vidos, establecen relaciones, marcan distancias entre los personajes, los ligan con los paisajes, crean centros de inter\u00e9s visual. Conectan tiempos distintos porque las elipsis se articulan en el movimiento. Pasa una d\u00e9cada, el pa\u00eds ha vivido una gran crisis econ\u00f3mica, todo se ha deteriorado y \u00a0no hay mejor forma de expresarlo que con un tr\u00e1velin de seguimiento al personaje. De la visita a la Convenci\u00f3n Nacional de los Lirios a la mudanza y la ruina posteriores hay un tr\u00e1nsito sustentado en la precisi\u00f3n del movimiento de la c\u00e1mara. Lo mismo sucede cuando se pasa, con seguridad narrativa, de una \u201centrega\u201d a la siguiente. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Esa fluencia aporta algo superior a la pel\u00edcula. Da la impresi\u00f3n de una mirada abarcadora que se da el lujo de pasar de un g\u00e9nero a otro (de la autoficci\u00f3n al thriller; de la pel\u00edcula de carretera al melodrama familiar) sin alterar su pulso ni su respiraci\u00f3n. Y de abrevar, con toda naturalidad, en mil y un asuntos esenciales de la tradici\u00f3n cultural y narrativa de los Estados Unidos, desde la resistencia del perdedor hasta la segunda oportunidad y la consciencia de la misi\u00f3n final.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Y de sintetizar, en ese discurrir entre humor\u00edstico, cr\u00edtico, auto par\u00f3dico (esos tr\u00edos sexuales que emprende el Tata), y de lucidez final, lo que \u201cLa mula\u201d ofrece sin subrayar: una mirada a la intimidad del cineasta, un retrato de su pa\u00eds y una alusi\u00f3n \u2013como siempre problem\u00e1tica- a su vinculaci\u00f3n con esas minor\u00edas que enfrentan muchas de las convicciones pol\u00edticas que Eastwood defiende. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">A prop\u00f3sito de ello, es interesante ver aqu\u00ed el mecanismo de equivalencias morales que se establece entre polic\u00edas y traficantes, sean yanquis o latinos, y el papel que cumple Earl en ese equilibrio. Todos parecen tener razones para actuar como lo hacen, y la pel\u00edcula mantiene una neutralidad que le impide administrar sanciones o premios. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Una anotaci\u00f3n final: \u00bfRecibir\u00e1 Bradley Cooper la posta de Eastwood, as\u00ed como el joven Clint la recibi\u00f3 de Leone y, sobre todo, de Don Siegel? No olvidemos que \u201cNace una estrella\u201d era un proyecto original de Eastwood, y que esta es la segunda pel\u00edcula del viejo realizador en la que Cooper aparece como actor. Y que las virtudes de \u201cA Star is Born\u201d son el resultado de un tratamiento cinematogr\u00e1fico templado y terso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Ricardo Bedoya<\/span><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; El Tata se parece a James Stewart. Ese comentario humor\u00edstico, formulado\u00a0dos veces al personaje de Clint Eastwood, en \u201cLa mula\u201d, es clave para entrar en esta pel\u00edcula luminosa, relajada, serena, respirable, pero con un trasfondo melanc\u00f3lico y hasta terminal (la dedicatoria final a sus amigos Pierre Rissient y Richard Schikel da cuenta de ello). 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