{"id":6418,"date":"2020-03-30T16:38:41","date_gmt":"2020-03-30T16:38:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=6418"},"modified":"2020-03-30T16:38:41","modified_gmt":"2020-03-30T16:38:41","slug":"peliculas-para-ver-durante-el-confinamiento-paraiso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=6418","title":{"rendered":"Pel\u00edculas para ver durante el confinamiento: Para\u00edso"},"content":{"rendered":"<p><img alt=\"Para\u00edso (2009) - Pel\u00edcula peruana completa | Cineaparte\" src=\"https:\/\/www.cineaparte.com\/image\/imagenes\/Para%C3%ADso-5-ca-1438129748.jpg\" \/><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.cineaparte.com\/p\/121\/paraiso\">Para\u00edso, de H\u00e9ctor G\u00e1lvez, una de las pel\u00edculas m\u00e1s logradas del cine peruano, se puede ver aqu\u00ed.<\/a><\/p>\n<p>Las acciones de \u201cPara\u00edso\u201d (2010), de H\u00e9ctor G\u00e1lvez (1972), trascurren en un asentamiento fundado por desplazados ayacuchanos durante los a\u00f1os de la violencia pol\u00edtica. Es un lugar ubicado en la periferia de Lima Metropolitana, al que se llama, acaso con iron\u00eda, \u201cJardines del Para\u00edso\u201d. Ah\u00ed viven cinco j\u00f3venes que observan con incertidumbre los rumbos que tomar\u00e1n sus futuros personales. La pobreza y la marginalidad los atenaza.<\/p>\n<p>Mientras deciden qu\u00e9 hacer con sus vidas se dedican a tareas dom\u00e9sticas, marginales o ilegales. Mientras las j\u00f3venes estudian, los varones participan en pandillas, asaltan a los transe\u00fantes ebrios o se dedican al reciclaje de desechos.<\/p>\n<p>Junto con esos cinco personajes, es central la presencia del espacio terroso y seco del asentamiento. La carencia de agua es suplida por tanques cisterna que la llevan hasta ah\u00ed. La topograf\u00eda de ese lugar resulta expresi\u00f3n simb\u00f3lica de las trayectorias de los protagonistas. En el desarraigo, las extensiones polvorientas son tierra de nadie.<\/p>\n<p>Uno de esos espacios se asocia con la muerte. Es el lugar donde todo comienza y hacia donde el grupo se dirige en rito conmemorativo: la tumba del llamado Che Loco, l\u00edder y amigo respetado del grupo, asesinado en una confrontaci\u00f3n de pandillas. Sus amigos acuden ante la sepultura, ubicada en medio de la planicie reseca, para ofrecerle \u201cpagos\u201d, dejando panes, caramelos y licor. Otro lugar al que van los muchachos est\u00e1 enclavado como s\u00edmbolo del asentamiento: es el entorno de un \u00e1rbol reseco que se mantiene en pie a fuerza de terquedad y pese a\u00a0 la aridez del entorno.<\/p>\n<p>Dos otros espacios se descubren. El lugar de altura que preside el asentamiento: la roca con perfil de inca que domina el espacio. Y las huacas de la planicie.<\/p>\n<p>A la tumba y al \u00e1rbol los j\u00f3venes acuden a rendir tributo al pasado y a un presente de resistencia. En ellos renuevan sus v\u00ednculos y fidelidades personales. Las huacas y el Inca p\u00e9treo forman espacios singulares: dan cuenta de una identidad que se pone en cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Los personajes viven la experiencia desde los m\u00e1rgenes. Contemplan Lima desde las alturas del asentamiento; habitan en viviendas inacabadas, construidas por sus padres, que fueron desplazados de sus lugares de origen. Los j\u00f3venes se juntan en la experiencia precaria de la pandilla y deciden construir una vivienda m\u00e1s all\u00e1 de los linderos de Jardines del Para\u00edso, en las alturas del cerro. Siendo lime\u00f1os de segunda generaci\u00f3n, a\u00fan no resuelven su pertenencia a la tierra que los acoge ni al reclamo de <span style=\"color: #000000;\">filiaci\u00f3n que les corresponde.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La puesta en escena de la pel\u00edcula da forma a esa vivencia de marginalidad e inacabamiento: la figura que predomina es la del \u201cfuera del cuadro\u201d, el espacio que se mantiene m\u00e1s all\u00e1 del campo visual. Fuera est\u00e1n la Lima del Cercado y los distritos tradicionales. La ciudad est\u00e1 tan fuera de la mirada de los j\u00f3venes que ni siquiera se distingue desde las alturas del asentamiento. Solo cabe mentarle la madre a gritos. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La experiencia de la marginalidad es confrontada desde perspectivas distintas por cada uno de los personajes. <\/span>Antuanet la vive desde sus expectativas de inclusi\u00f3n social. Sara, la otra muchacha del grupo, est\u00e1 paralizada por la incertidumbre y da vueltas en c\u00edrculo. Busca una prueba de filiaci\u00f3n, la del entronque paterno, y el origen de la aflicci\u00f3n de su madre, que solloza todas las noches en la soledad del lecho. A las dos j\u00f3venes les pesa y averg\u00fcenza vivir en la periferia. Mientras viajan en microb\u00fas hacia Lima, limpian con discreci\u00f3n la tierra que mancha sus zapatos.<\/p>\n<p>Mario, Joaqu\u00edn y Lalo, en cambio, viven en la precariedad laboral, la inestabilidad escolar (en el caso de Lalo) y su filiaci\u00f3n al pandillaje. Ellos est\u00e1n a espaldas de la institucionalidad y la expresi\u00f3n f\u00edsica de su desarraigo se da en su deambular permanente. Los recorridos a pie por el lugar, seguidos por tr\u00e1velin de acompa\u00f1amiento, se convierten en un motivo visual recurrente.<\/p>\n<p>\u201cJardines del para\u00edso\u201d e<span style=\"color: #000000;\">s un lugar donde no existen dependencias administrativas ni de vigilancia, sanci\u00f3n, represi\u00f3n o control. Ni oficinas, ni comisar\u00edas, ni postas m\u00e9dicas. Pero tampoco curas en la Iglesia o la parroquia. Es un mundo arrinconado, al margen del Estado y sus autoridades. Por eso, los protagonistas construyen sus propias normas sociales en medio de la privaci\u00f3n y las estrecheces. <\/span><span style=\"color: #000000;\">Es un orden que se organiza sobre correspondencias informales.<\/span><a title=\"\" href=\"#_ftn1\"><sup><sup>[1]<\/sup><\/sup><\/a><\/p>\n<p>\u201cPara\u00edso\u201d confronta las expectativas de asimilaci\u00f3n de cada uno de los j\u00f3venes del grupo. Los muchachos buscan en el pasado los recursos para conocer o entender mejor sus posibilidades. Ellos descienden de pobladores andinos que sufrieron las consecuencias del conflicto armado interno, y buscan el entronque con la l\u00ednea sucesoria o de filiaci\u00f3n que interrumpi\u00f3 la violencia.<\/p>\n<p>Los personajes buscan cimentar sus vivencias actuales ancl\u00e1ndolas en dos dimensiones del pasado. La primera, que remite a lo m\u00e1s lejano y ancestral. La otra, a la experiencia de lo mediato, de lo turbulento pero reprimido; es decir, lo que a\u00fan genera preguntas y contradicciones: la guerra con Sendero Luminoso, episodio que impuls\u00f3 la partida de los padres desde sus lugares de origen para afincarlos en la tierra de nadie.<\/p>\n<p>Ajustarse a las demandas del pasado remoto supone respetar el mandato de la roca con perfil de Inca que se halla en las alturas del lugar. La leyenda heredada de los primeros migrantes llegados a la zona afirma que el Inca vigila la seguridad del lugar. Su perfil protege la zona del saqueo de los tesoros que yacen en las huacas aleda\u00f1as. La mirada impenetrable ahuyenta a los huaqueros codiciosos que pretendan encontrar el precioso \u201ctapado\u201d que los espa\u00f1oles dejaron. Oro que fue arrebatado al Inca y escondido ah\u00ed, en esa planicie terrosa. La roca es depositaria de una identificaci\u00f3n colectiva y una identidad construida en los tiempos dif\u00edciles de la migraci\u00f3n. Es una pervivencia andina en el arenal coste\u00f1o de la capital. Una presencia que, acaso, reemplaza la ausencia del Estado.<\/p>\n<p>Pero esa figura tan rica en valores simb\u00f3licos no es m\u00e1s que la representaci\u00f3n de un poder colapsado y anacr\u00f3nico. Ya nadie llama a la movilizaci\u00f3n colectiva en nombre del Inca ni invoca el imaginario del \u201cPachacuti\u201d restaurador del orden original quebrado por la Conquista. Basta echar una mirada al horizonte del arenal para percibir que las huacas fueron saqueadas y que las riquezas de \u201cJardines del Para\u00edso\u201d son ilusorias.<\/p>\n<p>La figura del Inca, sustento de una identidad vigente para los desplazados ayacuchanos, no lo es m\u00e1s para sus hijos. Cuestionada esa autoridad simb\u00f3lica y difundido el escepticismo respecto de los valores heredados del pasado hist\u00f3rico, los j\u00f3venes miran hacia el entorno familiar y se preguntan por el valor real de los progenitores, sus v\u00ednculos cercanos. Se encuentran entonces con el pasado mediato, que remite a la violencia de los a\u00f1os ochenta.<\/p>\n<p>Un concepto se identifica en esa relaci\u00f3n con el pasado. El grupo de j\u00f3venes encarna la experiencia de la posmemoria.<\/p>\n<p>La trayectoria del personaje de Sara nos informa de esa b\u00fasqueda y de la falta de pruebas. Ella quiere conocer la identidad de su padre biol\u00f3gico, lo que la lleva a indagar por la verdad, ya que no se conforma con las explicaciones de la madre, que solloza todas las noches a causa de alg\u00fan quebranto. La versi\u00f3n materna dice que el padre fue asesinado por un comando de Sendero Luminoso como represalia por detentar un cargo de representaci\u00f3n pol\u00edtica en un pueblo ayacuchano. Insistente, Sara pide pruebas de su filiaci\u00f3n. Cree que es suficiente hallar una foto que registre su parecido f\u00edsico con el padre desconocido. Empe\u00f1o in\u00fatil, pero necesario: acaso la semejanza fison\u00f3mica mitigue la desdicha en el hogar y anude el arraigo familiar. Si el Inca ha fracasado en su papel tutelar, acaso el padre imaginado por Sara pueda cumplir una simb\u00f3lica funci\u00f3n tuitiva.<\/p>\n<p>Pero esa imagen del padre es inexistente. La b\u00fasqueda de la filiaci\u00f3n se frustra. Para los j\u00f3venes de <i>Para\u00edso<\/i> no hay entronque ni con el inca ni con el \u00abpadre\u00bb. Los grandes referentes se diluyen y solo queda lugar para las trayectorias m\u00ednimas, los proyectos inmediatos o inciertos y las historias individuales.<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000; font-family: Calibri; font-size: medium;\">Ricardo Bedoya<\/span><\/strong><\/p>\n<div><br clear=\"all\" \/><\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref1\"><span style=\"color: #0066cc;\">[1]<\/span><\/a>Una lectura de \u201cPara\u00edso\u201d desde la perspectiva de los intercambios y correspondencias informales que crean una legalidad alternativa, se puede ver en \u201cPara\u00edso: el orden desde los m\u00e1rgenes\u201d, de Ricardo Bedoya, publicado en el libro \u201cEl Derecho va al cine\u201d. Cecilia O\u2019Neill de la Fuente (ed.). Universidad del Pac\u00edfico, Lima: 2013.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para\u00edso, de H\u00e9ctor G\u00e1lvez, una de las pel\u00edculas m\u00e1s logradas del cine peruano, se puede ver aqu\u00ed. Las acciones de \u201cPara\u00edso\u201d (2010), de H\u00e9ctor G\u00e1lvez (1972), trascurren en un asentamiento fundado por desplazados ayacuchanos durante los a\u00f1os de la violencia pol\u00edtica. 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