{"id":6906,"date":"2021-11-27T11:52:01","date_gmt":"2021-11-27T11:52:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=6906"},"modified":"2021-11-27T11:52:03","modified_gmt":"2021-11-27T11:52:03","slug":"recordando-a-oscar-catacora-winaypacha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.paginas-del-diario-de-satan.com\/pdds\/?p=6906","title":{"rendered":"Recordando a \u00d3scar Catacora: Wi\u00f1aypacha"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image\"><img src=\"https:\/\/www.cortosdevista.pe\/intranet\/files\/images\/noticias\/75KD20.jpg\" alt=\"La maestr\u00eda de \u201cWi\u00f1aypacha\u201d para el cine peruano\"\/><figcaption>Wi\u00f1aypacha<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Recordemos a \u00d3scar Catacora (1987-2021) como se debe recordar a un cineasta: pensando en su pel\u00edcula y vi\u00e9ndola. Aqu\u00ed va una s\u00edntesis de lo que escrib\u00ed sobre ella en su momento. <\/strong>  <\/p>\n\n\n\n<p><em>Wi\u00f1aypacha <\/em>(2017), de \u00d3scar Catacora (<em>El sendero del chulo<\/em>, 2007), marca, qu\u00e9 duda cabe, una fecha en el cine peruano.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, por su fuerza expresiva. En segundo, por marcar un paso singular en el panorama de los llamados \u201ccines regionales\u201d. En tercer lugar, por mantener un di\u00e1logo significativo con la tradici\u00f3n del cine peruano de referente andino. Y por dar forma a un tratamiento sustentado en la m\u00e1s exigente modernidad cinematogr\u00e1fica.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos ancianos esperan. Willka (Vicente Catacora) y Phaxsi (Rosa Nina), son aimaras y viven en el Altiplano. Sus vidas suman rutinas: las del pastoreo, las del proveerse de alimentos, las del reconocimiento a los apus. Pero, sobre todo, esperan ver el regreso del hijo que parti\u00f3 con destino a la lejana ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>La c\u00e1mara los registra a ellos y a su entorno. El encuadre es estable, muestra los quehaceres cotidianos de la pareja y tiende a ser abarcador, ubicando al paisaje como fondo del campo visual. La composici\u00f3n de las im\u00e1genes se ci\u00f1e a las acciones y movimientos m\u00ednimos de los personajes. Esa austeridad formal impone una mirada distanciada hacia ellos, pero a la vez propicia a la identificaci\u00f3n con su soledad y desamparo. Nos implica en su expectaci\u00f3n por el destino del hijo lejano.<\/p>\n\n\n\n<p>La banda sonora no solo se registra los di\u00e1logos en aimara. Son potentes y n\u00edtidos los ruidos de la naturaleza, de car\u00e1cter dieg\u00e9tico. Crean un paisaje sonoro que da cuenta de un entorno agreste, pero tambi\u00e9n de una suerte de tiempo suspendido que va marcando el trascurso acompasado de hechos siempre iguales a s\u00ed mismos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es un espacio y una temporalidad que se asimila a la l\u00ednea de un cine geopo\u00e9tico, como tambi\u00e9n <em>Hamaca paraguaya<\/em>, de Paz Encina, fundado en el acto de \u201cdespojar a la pel\u00edcula de los imperativos narrativos y representativos que movilizan la atenci\u00f3n del espectador relegando el espacio al \u00faltimo plano de la representaci\u00f3n (\u2026) lo que constituye una ruptura con las estrategias del cine de ficci\u00f3n de inspiraci\u00f3n cl\u00e1sica, en el que el espacio es considerado como el \u2018lugar\u2019 de una acci\u00f3n (\u2026)\u201d (Gaudin, 2015, p. 29).<\/p>\n\n\n\n<p>Al reducir los incidentes, adelgazando la trama, <em>Wi\u00f1aypacha<\/em> privilegia espacios que no solo ambientan las acciones. Por el contrario, adquieren protagonismo por su potencia visual y sonora. El paisaje del Altiplano se convierte en un espacio afectivo, y su quietud adquiere una importancia dram\u00e1tica.&nbsp; La resonancia de los ruidos naturales y del trabajo en ese espacio amplio aportan una capacidad de sugesti\u00f3n sobre todo aquello que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del campo visual: el hijo ausente, los animales amenazantes, el fuego que hace falta, la ciudad lejana, y el pa\u00eds y sus instituciones, no solo distantes, sino tambi\u00e9n indiferentes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEs un espacio natural que no se sujeta a una causa ficcional externa a s\u00ed mismo y que propone una relaci\u00f3n nueva con el espectador, mucho m\u00e1s \u00e1spera y primordial\u201d. (Gaudin, 2015, p. 29). \u00c1spera y t\u00e1ctil, porque Wi\u00f1aypacha propone una suerte de experiencia inmersiva, reforzando la sensorialidad de lo que vemos y o\u00edmos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, la pel\u00edcula se aleja de la tradici\u00f3n del cine indigenista peruano, sobre todo aquel volcado a la celebraci\u00f3n pictoricista del paisaje y de sus habitantes. Sin embargo, esa distancia no implica una ruptura. <em>Wi\u00f1aypacha <\/em>retoma la iconograf\u00eda rural de anta\u00f1o para intentar una propuesta distinta, que fusiona un tratamiento posnarrativo con la experiencia de una temporalidad dilatada que se convierte en el insumo principal de la imagen-sensaci\u00f3n.<sup><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><sup><strong>Ricardo Bedoya<\/strong><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><sup>Referencia:<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Gaudin, Antoine (2015). <em>L\u2019espace cin\u00e9matografique<\/em>. Par\u00eds: Armand Colin.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recordemos a \u00d3scar Catacora (1987-2021) como se debe recordar a un cineasta: pensando en su pel\u00edcula y vi\u00e9ndola. Aqu\u00ed va una s\u00edntesis de lo que escrib\u00ed sobre ella en su momento. Wi\u00f1aypacha (2017), de \u00d3scar Catacora (El sendero del chulo, 2007), marca, qu\u00e9 duda cabe, una fecha en el cine peruano. 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