Películas preferidas de 2017: Ana Carolina Quiñonez Salpietro (desde Barcelona)

Favoritas

“Nada que perder” (“Hell or High Water”) es un western triste sobre vínculos entre hombres. Hermanos y colegas. Perseguido y perseguidor. Todos compitiendo, traicionándose y salvándose el pellejo -a pesar de los resquemores- en el paisaje texano. Tiene apasionantes secuencias de atracos, pero aún mejores escenas de quietud.

El estreno de “Toni Erdmann”, pequeña comedia alemana de sinsabores fue una de las sorpresas de este año. La ironía y el desenfado son las herramientas para auscultar la relación entre un padre outsider y una hija yuppie en el marco de la globalización más descarnada. Se ambienta en Rumania, un país subdesarrollado en el escenario de la Unión Europea.

“Estiu 1993″. El personaje de Frida (Laia Artigas) entra a la categoría de niños entrañables y complejos del cine, como los que protagonizan “Los 400 golpes”, “Cría Cuervos” o “Incompreso”. (En la foto)

También me quedo con la densidad de “Silencio”, de Scorsese.  El cineasta italoamericano demuestra que mantiene la curiosidad y el nervio intacto al inscribir en la bruma, el lodo, los montes verdes, las cavernas, el mar bravo, los cuerpos pálidos y raquíticos de Andrew Garfield y Adam Driver. Expresa con ellos su fascinación por la fe, la violencia, la testarudez y la redención.

Sorpresas

“Baby Driver”, entretenimiento que combina el musical, las secuencias de acción, la comedia romántica y las teen movies con las actuaciones delirantes de Jaime Foxx y Jon Hamm, y una banda sonora que motiva.

“¡Huye!”, antídoto para la corrección política que castra nuestros tiempos. Más que un film de terror o gore, es una comedia turbia sobre los prejuicios raciales que siguen dominando en la sociedad americana.

La actuación de Natalie Portman en “Jackie”, es capaz de mostrarnos los matices de ese objeto de deseo de los paparazzi que era profundamente receloso de su intimidad.

Lucrecia Martel, abandonando sus pequeños universos femeninos y provincianos, hace una adaptación ambiciosa e imaginativa, y con una fuerte mirada personal,  de “Zama”, la novela de Antonio di Benedetto.

Otras sorpresas fueron “Grave” y “Lady Macbeth”, ambas con protagonistas chúcaras y apuestas estéticas consistentes.

La decepción

“Mother!”, de Darren Aronofsky. Bodrio con metáforas bíblicas que busca con demasiadas ansias perturbar al espectador, pero que sólo consigue inquietar al personaje encarnado por Jennifer Lawrence, que se la pasa sufriendo -como Job en el Antiguo Testamento- a lo largo y ancho de la película.

Otros tragos amargos fueron “Beauty and the Beast”, “The Mummy” y “Trainspotting 2″.

 

Ana Carolina Quiñonez Salpietro

(Este artículo amplía el original publicado en la edición 633 de la revista Cosas)

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