Breve reencuentro con Orlando Senna. Una entrevista de Emilio Bustamante

Orlando Senna (1940) es uno de los más respetados cineastas brasileños. También ha desempeñado la docencia (especialmente en la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños de Cuba), ha sido secretario del audiovisual en el Ministerio de Cultura de Brasil entre 2003 y 2007, director general de la estatal EBC (Empresa Brasil de Comunicação) entre 2007 y 2008, y presidente de TAL (Televisión América latina), red que difunde contenidos de canales de televisión educativos en América Latina, entre 2008 y 2015. Conversamos brevemente con él durante el 28° Festival de Cine Ceará sobre el presente del cine latinoamericano en general, y del cine brasileño en particular (Emilio Bustamante).

 

Con unos amigos lo entrevisté sobre el cine latinoamericano hace más de 25 años en Lima para la revista El Refugio. En 25 años ha habido muchos cambios en el cine latinoamericano. ¿Cuáles cree usted que han sido los principales?

Creo que hay un posicionamiento de los que hacen cine (guionistas, directores, productores), en el sentido de que antes en toda América latina, incluso en Brasil, el cine era realizado por ciclos. Siempre había una movida, un movimiento, como fue el Cinema Novo, y otras tendencias. Siempre había una atención especial a un tipo de movimiento. Todos los directores iban por el mismo camino, haciendo obras personales, por cierto, distintas una de otra, pero siguiendo el mismo faro. Hoy en todos nuestros países ya no existe eso. Lo que existe es una atomización, muy interesante también. Cada quien hace su película, la que le gusta y le parece importante. Creo que esa es la diferencia principal. Hay una diversidad de creaciones más amplia de la que existía antes. El otro aspecto es que casi todos nuestros países trataron de organizarse en el negocio del audiovisual, con institutos, agencias. Algunos no lo han conseguido todavía; Panamá, por ejemplo, está luchando desde hace 26 años o más para obtener una ley de cine. Pero en la mayoría de nuestros países eso cambió. En Brasil cambió mucho, tanto que tenemos ahora una crisis política enorme, una de las más grandes de toda la historia de Brasil, pero la organización estatal relacionada con el audiovisual aguanta este tipo de impacto de tan bien protegida que está por las leyes. Creo que esos son los dos aspectos que me llaman la atención, la diversidad y la organización.

En el caso de Brasil ya había una gran variedad hace 25 años. ¿Cómo se ha incrementado eso? Por ejemplo, ¿la descentralización ha sido importante? Es decir, que se estén haciendo películas ya no solo en Sao Paulo y Río de Janeiro, sino también en otras regiones.

Sí, y eso es consecuencia del otro aspecto que he mencionado, de la organización del Estado en esta actividad. Antes, el 80%  de las producciones -tanto de cine como de televisión- eran hechas en Sao Paulo y Rio de Janeiro, lo que llamamos el eje económico del país. Fue con el gobierno de Lula, con el plan para la cinematografía, que eso cambio, que todos los estados o regiones tienen el derecho de hacer cine y televisión. Fueron creadas leyes que permitieron hacer eso. Hoy puedes ver en este festival que hay películas cortas, largas, animaciones, de todas partes de Brasil, hasta estados pequeñitos hacen cine. Todos hacen cine.

¿Los montos que da el estado son semejantes para las regiones que para Río y Sao Paulo?

Es equilibrado. Se pensó así. Yo  estaba en eso como secretario del audiovisual en el gobierno de Lula. Se organizó una cosa de tal manera que no se perjudicara el eje económico, y que se acrecentaran los recursos para que se pudiera responder a las necesidades de las otras regiones. Cuando Lula entró al gobierno en el 2002, Brasil estaba produciendo menos de 10 películas al año. Estaba en una crisis enorme, y hoy produce 200 películas al año, además de una cosa que está muy movida aquí, que son las series para televisión.

Un problema grave ahora en nuestros países es la exhibición. Se produce mucho, pero ¿dónde se exhibe?

Acá se exhibe básicamente en la televisión. Casi todas las películas que se hace, van a la televisión. Sabemos que se produce para sala de cine, pero la garantía es su explotación en los otros medios después de su exhibición en el cine o sin exhibición en el cine. Este año he vuelto a hacer películas; una ya está lista y la otra estoy terminándola, y la primera ventana para esas dos películas es la televisión.

¿La televisión pública o la televisión privada?

La televisión pública, y también la televisión privada. Fue creado un tipo de televisión privada en Brasil que es muy interesante. Son canales pequeños, pero la suma de ellos es muy importante. Unos dedican doce horas, otros ocho horas, otros veinticuatro horas, a productos brasileños de cine.

¿Y tienen audiencia?

Algunos sí, otros menos. Canal Brasil tiene una buenísima audiencia, y está entre esos canales. Arte 1 también tiene una gran audiencia. Otro es Canal Curta!

¿Y qué pasa con las películas de autor que van a las salas de cine? En el Perú hay películas de autor que van a festivales, ganan premios, pero cuando entran a salas, va muy poca gente a verlos.

Eso pasa aquí también. Pasa en todas partes.

¿Es posible que, en estos tiempos, este tipo de películas tengan aún la posibilidad de tener una audiencia mayor en salas de cine como ocurría hace 40 años?

Ese tipo de exhibición exitosa en las salas de cine, ya no existe en el mundo. Hay algunas pocas películas que nos vuelven a ese pasado, pero son excepciones. ¿Con qué trabajamos hoy en Brasil? Con la idea de que toda película tiene su público, cualquiera. Se tiene que saber el medio que se utilizará para esa película. Las mías de este año, que te mencioné, están hechas para un canal de televisión; pero yo puedo presentar las películas en el cine antes de presentarlas en televisión, no hay problema en relación a eso. Tampoco habría problema si se presenta primero en un canal de ese tipo (que no es de O Globo), y de allí se pasa a la exhibición en pantalla grande. El mercado ha cambiado profundamente. Entonces, la gente hace sus películas, tal vez no va a ganar mucho dinero con ellas, pero ganan su sueldo, no pasan hambre. Cada película tiene que encontrar su público. A veces se trata de una película que es para 50 mil personas, otra que tiene un público de 5 mil, y eso también está bien. Además existe la distribución en la web, que está creciendo poco a poco, pero está creciendo, incluso con exhibiciones pagadas, que aún es poquito, pero es algo.

A mí me preocupa ese público masivo que consume un solo tipo de narrativa, la de Hollywood. Quienes consumimos una mayor variedad somos un grupo pequeño. Hay ahora un abismo entre los públicos, que antes no eran tan amplio y profundo. ¿Cómo solucionar eso?

No hay una solución mágica. Lo que hay es esta nueva organización y este nuevo entendimiento del mercado. La película A no es para un tipo de distribución igual a la de la película B y la película C. Cada quien tiene que buscar su nicho. Es completamente distinto a hace 25 años cuando se hacía películas para millones de personas. No me acuerdo quién decía que la diferencia es que antes se hacía una película para millones de personas, y hoy se hace millones de películas para una persona, que elige. No quiero decir que las salas de cine se van a acabar. No se van a acabar, como no se acabó el teatro. La atmósfera siempre será distinta. No es igual ver una película en una sala de cine que en televisión o en un teléfono celular.

Hablemos de sus nuevas películas. ¿De qué tratan?

Una trata de la cuestión del agua en el planeta, la posibilidad de una guerra mundial del agua. Y, si pasa eso, el epicentro sería la Amazonía, nuestra Amazonía. La película se llama La edad del agua. Trata de ese tema, con esas variaciones.

¿Es no ficción?

Yo la llamo ensayo documental. La otra es también un ensayo documental. Es sobre un hecho histórico que pasó en Brasil y que apenas la gente de Bahía conoce. En la historia que la gente aprende en la escuela se cuenta que el príncipe portugués que estaba acá en Brasil, don Pedro, sacó de la vaina su espada y dijo independencia o muerte, y de allí quedamos independientes. Y no fue así. Empezó una guerra enorme en Bahía, con duración de un año, entre la armada portuguesa y la pequeña armada brasileña que aquí se formó; hubo millares de muertos. Eso es un hecho de Bahía, no de Brasil. Todos los países del mundo tuvieron, y les gusta haber tenido, una guerra de la independencia. Y los que no la tienen, la inventan. Y Brasil la tiene, pero nadie lo sabe, a excepción de los bahianos. La gente sabe los nombres de los héroes. Allí donde he vivido, en Rio de Janeiro, en Ipanema, las calles tienen los nombres de los grandes héroes de Bahía, pero si les preguntas a los cariocas quién es Maria Quitéria, quién el Corneteiro Lopes, te responden no sé. No es algo ni siquiera olvidado, pues nunca llegó la historia a ellos. Entonces, la película cuenta lo que fue esa guerra. Se llama Sol de Bahía.

¿Tiene en proyecto alguna ficción?

Voy a hacer una ficción. Se llama Lejos del paraíso. La voy a filmar en diciembre. Es una visión bíblica, digamos, de los problemas de la tierra en Brasil. Nunca tuvimos una reforma agraria en Brasil, y siguen matando a líderes campesinos. Es la historia de un pistolero que recibe la misión de matar a una líder campesina en la región donde él se ha criado hasta adolescente. Está ambientada en la época actual. Nunca se ha matado tantos líderes campesinos como ahora.

Emilio Bustamante

Foto: Programa Ibermedia

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