Shadows: Cassavetes primigenio, por César Guerra Linares

Resultado de imagen para shadows cassavetes

 

Shadows significó para el cine de Estados Unidos una de las películas parteaguas para el cine independiente, tal como hoy se conoce y entiende*. Lo más importante fue la manera distinta en la que John Cassavetes afrontó tanto en lo formal cuanto en el contenido el desarrollo de su primera obra y por supuesto de las que vendrían después. Hubo antecedentes a esta independencia económica y creativa: las películas yiddish o yidis (de origen judío asquenazí) en la década de 1930 y las realizaciones del director afroestadounidense Oscar Micheaux filmadas durante fines de los años diez y las dos décadas siguientes. 

                                                                                                                                                                            ***

 Si alguien no supiera que las primeras imágenes que está viendo de Shadows son de un director estadounidense y además las mirara con el volumen en cero, pensaría que pertenecen a una cinta de la Nueva Ola francesa (Nouvelle Vague); en virtud del modo en que las situaciones están filmadas y cómo suceden unas a otras. A este propósito, diré brevemente que algunos de los intereses de esta corriente renovadora del cine fueron su actitud anticonvencional en lo que a la forma se refiere y respecto de sus historias, entre otras características, la tendencia a la evasión. Estos elementos junto a otros son los que emparientan a esta obra con dicha corriente fílmica. Por ejemplo, la última secuencia con una conclusión totalmente abierta se asemeja mucho a los finales de los primeros trabajos de François Truffaut, Jean-Luc Godard y Claude Chabrol.

 Es necesario remarcar que aunque Shadows, “oficialmente” de 1959, posee el espíritu de las primeras realizaciones de esa ola innovadora, no tiene de ellas ninguna influencia; ya que es casi contemporánea en cuanto a su filmación y estreno. Entrecomillé la palabra oficialmente, pues la cinta empezó a filmarse en 1957, se concluyó en 1958, se exhibió ese mismo año unas cuantas veces y fue vista por muy poco público (la mayor parte fueron amigos, así como conocidos del director y de los actores). La poca empatía del público y la tibia recepción de muchos críticos de cine de aquel momento llevaron a que Cassavetes, en 1959, ruede nuevas escenas y reconstruya la mitad del filme; lo cual dio como resultado la versión que conocemos actualmente. La primera versión estuvo desaparecida hasta que en el año 2003 el crítico e investigador cinematográfico estadounidense Ray Carney pudo encontrarla, luego de una búsqueda de casi veinte años.

Esta versión definitiva apareció el mismo año que Los cuatrocientos golpes, de Truffaut; El signo de Leo, de Éric Rohmer; y un año antes que Sin Aliento de Godard y París nos pertenece, de Jacques Rivette. Sin embargo, no hay que olvidar que Chabrol ya había estrenado en 1958 dos cintas que son consideradas oficialmente las iniciadoras de la Nouvelle Vague: El bello Sergio y Los primos, especialmente. Pese a estos antecedentes, Shadows podría sin ningún inconveniente haberse inscrito como una de las expresiones más originales y plenas de esa primera irrupción de la nueva ola. 

***

Cassavetes en su primer trabajo plantea de modo bastante logrado los sellos distintivos que tendrán posteriormente sus filmes más reconocidos, como la problemática de las relaciones humanas representadas en los conflictos de pareja o la angustia existencial de algunos de los personajes de sus historias. En Shadows, los personajes, al igual que las primeras obras de sus pares franceses coetáneos, tienen a la calle como escenario principal de sus caminatas, interrelaciones amorosas, encuentros y desencuentros personales, etc. 

Una característica encontrada en este primer trabajo cassavetiano es el uso de los primeros planos a los rostros de los actores, en los que se observan la intensidad de los diálogos; así como los matices gestuales y los cambios de ánimo y de expresión reflejados según sea la situación por la que atraviesan los personajes, como transitar de un estado de ánimo tranquilo a otro totalmente crispado, incluso violento, o viceversa. Las grandes performances interpretativas de la notable Gena Rowlands en Rostros (1968); Una mujer bajo la influencia (1974); Noche de estreno (1977) son la cúspide de ese estilo de actuación. Además, estos tres ejemplos unidos a The Killing of a chinese bookie (1976) son la cumbre creativa de Cassavetes.

El ambiente está determinado por los primeros años del rock and roll, y por toda la rebeldía y liberación que ello significó; por tal razón es que la película comienza con imágenes de un grupo de jóvenes divirtiéndose y bailando al son de ese género musical. Pero la música que, en realidad, suena y percute es el jazz (las ejecuciones solistas instrumentales, que se escuchan, son principalmente de un músico de la banda estable de Charles Mingus, Shafi Hadi; asimismo, hay algunas participaciones adicionales del propio Mingus), que no solamente acompaña las acciones, sino que les imprime un tempo peculiar y son un factor clave para entender su carácter. El jazz contribuye al ritmo relajado que Cassavetes quiere darle a su historia, esto es, un tono medio adquirido en importantes pasajes; para ello, basta con escuchar el sonido quedo de una trompeta, de un saxo o el rasgueo de las cuerdas de un contrabajo para asistir a una secuencia lánguida en la que los personajes hablan en voz casi susurrada. El tono asordinado se mantiene, salvo algún quiebre en alguna escena o secuencia. También las caminatas de los personajes son marcadas por un jazz un poco más vivaz, si se quiere alegre.

Los personajes de Shadows son seres solitarios que están en busca de aferrarse a algo que los haga sentirse acompañados siquiera por un momento; asimismo, quieren pasar el tiempo y sacarle el mayor provecho posible; si estos son jóvenes, como Ben, Tom y Dennis, el objetivo es disfrutar de su juventud sin preocuparse por lo que pasará mañana. No están interesados para nada en el llamado “sueño americano” que habla sobre el progreso y la incesante competitividad. Es más, viven al margen de él.

No hay que olvidar que la historia está ubicada en plenos años cincuenta; la cual fue una década determinada por los contrastes, ya que se desarrolló en un momento en el que los jóvenes cada vez querían depender menos de la autoridad de sus padres, sumado a una incipiente liberación sexual; no obstante, era una sociedad en el discurso oficial y también en la práctica bastante conservadora y represiva en la que no toda la población podía ejercer a plenitud sus derechos. Estos hechos son mostrados por el filme sin afán de profundizarlos, pero el modo de plasmarlos nos da la sensación de estar viendo una crónica documental de esos años.

La época en que se desarrolla la película coincide con el inicio de las primeras manifestaciones en pro de los derechos civiles de la población afroestadounidense amén de su reivindicación; por eso, aun cuando esos sucesos y el tema racial no son tratados de modo directo, sí es crucial para el desenvolvimiento de la historia por  la presencia de prejuicios relacionados con ese tema, específicamente en la secuencia en la cual el personaje Tony se entera de que Hugh, el hermano de Leila, es afrodescendiente.                                                                                                                                                  ***

Hice referencia líneas arriba sobre lo sustantivo que era el jazz para el ritmo y la fluidez de la historia. Sin embargo, hay que agregar a estas dos características un elemento fundamental en su construcción y estructura: la improvisación. Este elemento, distintivo en ese género musical, no aparece únicamente en las actuaciones, sino también en el modo en que se presentan las diversas escenas; esto tiene como fin lograr que el personaje o la circunstancia expresen espontáneamente una verdad en un instante inesperado. Para concluir, quiero citar el intertítulo en letras de molde con el que Shadows termina: “este filme que acabas de ver fue una improvisación”.

 

* El cine experimental estadounidense de por sí independiente −iniciado en la década de 1940 con Maya Deren, continuado en la década de 1950 por Stan Brakhage y secundado por otros directores contemporáneos a él− siempre fue por una vía alterna en virtud de su particular manera de dirección, producción, logística, etc.

César Guerra Linares 

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

*
*
Website